Los astronautas chinos Cai Xuzhe y Song Lingdong han realizado con éxito su segunda caminata espacial (EVA) en la Estación Espacial China o Tiangong, completando una serie de tareas de mantenimiento y mejora de la plataforma orbital. La actividad, supervisada por el China Manned Space Agency (CMSA), tuvo una duración de 8 horas y 30 minutos y concluyó el 22 de enero de 2025 a la 1:12 a. m. (hora de Beijing).
Durante la EVA, los astronautas instalaron dispositivos de protección contra escombros espaciales en el exterior de la estación, una tarea crucial para garantizar la seguridad de Tiangong frente al impacto de micrometeoritos y desechos en órbita. Además, llevaron a cabo una inspección completa de los sistemas externos de la estación para verificar su estado y detectar posibles áreas que requieran mantenimiento adicional en futuras misiones.
Song Lingdong, miembro de la tripulación de la nave Shenzhou XIX a bordo de la estación espacial orbital china, lleva a cabo la segunda serie de actividades extravehiculares de su misión el martes. Créditos: Xinhua
Las operaciones fueron apoyadas por el brazo robótico de la estación Tiangong, que facilitó la movilidad de los astronautas en el entorno de microgravedad. Desde la Tierra, el centro de control de la CMSA supervisó en todo momento la actividad, proporcionando asistencia en tiempo real para garantizar el éxito de la misión.
La tripulación de la Shenzhou XIX está formada por tres astronautas con perfiles destacados en la exploración espacial china. Cai Xuzhe, veterano del Ejército Popular de Liberación (PLA) y astronauta desde 2010, lideró la caminata espacial. Song Lingdong, piloto convertido en taikonauta y seleccionado en 2020, ha demostrado gran destreza en operaciones extravehiculares. En su primera EVA, el 17 de diciembre de 2024, junto a Cai Xuzhe, rompió el récord de la caminata espacial más larga de la historia, con una duración de 9 horas y 6 minutos.
Cai Xuzhe, trabajando en múltiples tareas en su segunda EVA en la presente misión el pasado martes. Créditos: Xinhua
Wang Haoze, ingeniera aeroespacial y única mujer de la tripulación, es la tercera taikonauta china en viajar al espacio y la única ingeniera de vuelo en activo del programa espacial tripulado de China. Antes de convertirse en astronauta, trabajó en la Academia de Tecnología de Propulsión Aeroespacial, participando en el diseño de cohetes antes de comenzar su propia trayectoria como tripulante de una misión espacial.
Con esta segunda caminata espacial, la tripulación ha completado la mitad de su misión en Tiangong. En las próximas semanas, los astronautas llevarán a cabo experimentos científicos en microgravedad y pruebas tecnológicas para mejorar las capacidades operativas de la estación. Además, la tripulación se está preparando para celebrar el Festival de la Primavera (Año Nuevo Chino) a bordo, marcando una nueva tradición en el programa espacial de China.
Cai Xuzhe, dando soporte a la pareja de caminantes espaciales en su segunda EVA. Créditos: Xinhua
Los planes a futuro incluyen nuevas actividades extravehiculares y experimentos con materiales avanzados en el entorno espacial. La Shenzhou XIX continuará su labor en órbita hasta su regreso a la Tierra, previsto para mediados de 2025.
El 9 de enero de 2025, la misión BepiColombo, desarrollada por la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA), realizó con éxito su sexto y último sobrevuelo de Mercurio. Este hito clave en la misión ha permitido reducir la velocidad de la sonda y ajustar su trayectoria, preparando el camino para su inserción orbital prevista para noviembre de 2026.
El paso cercano a tan solo 198 km de la superficie de Mercurio ofreció una oportunidad única para recopilar datos científicos. Durante este sobrevuelo, la mayoría de los instrumentos de los dos orbitadores de la misión, el Mercury Planetary Orbiter (MPO) de la ESA y el Mercury Magnetospheric Orbiter (MMO o Mio) de la JAXA, estuvieron en funcionamiento, recogiendo información clave sobre la composición de la superficie, la magnetosfera y el entorno del planeta.
Imagen de la superficie de Mercurio captada por la misión Bepi-Colombo en su sexto sobrevuelo. Créditos: ESA/JAXA
De los 11 instrumentos científicos del MPO, ocho fueron activados durante el sobrevuelo. Por su parte, cuatro de los cinco instrumentos del MMO también estuvieron en operación, lo que permitió recopilar datos del entorno magnético de Mercurio y su interacción con el viento solar. Además, dos de las cámaras del Mercury Transfer Module (MTM) estuvieron capturando imágenes del planeta, que en los próximos días serán procesadas y publicadas.
Un ajuste necesario tras problemas técnicos
Desde su lanzamiento en octubre de 2018, BepiColombo ha llevado a cabo una serie de maniobras gravitatorias para llegar a Mercurio. El viaje ha incluido una asistencia gravitacional de la Tierra, dos de Venus y seis del propio Mercurio. Estas maniobras han permitido que la sonda reduzca su velocidad gradualmente, evitando ser atrapada por la intensa atracción gravitatoria del Sol.
Otra imagen de Mercurio captada por la misión Bepi-Colombo en su sexto sobrevuelo. Créditos: ESA/JAXA
Los planes originales de la misión contemplaban que BepiColombo alcanzara la órbita de Mercurio en diciembre de 2025. Sin embargo, en mayo de 2024 la ESA detectó que los motores del módulo de transferencia (MTM) no estaban entregando toda la potencia prevista, lo que afectó la trayectoria inicial. Después de meses de análisis, en septiembre de 2024 la ESA anunció que se había diseñado una nueva ruta que permitiría a la sonda alcanzar la órbita en noviembre de 2026, ajustando las maniobras en los tres sobrevuelos finales de Mercurio.
Cuando finalmente entre en órbita, BepiColombo desplegará sus dos orbitadores independientes para llevar a cabo su misión principal:
El Mercury Planetary Orbiter (MPO), construido por la ESA, investigará la composición, morfología y topografía de la superficie, además de estudiar el interior del planeta.
El Mercury Magnetospheric Orbiter (MMO o Mio), construido por la JAXA, analizará la magnetosfera de Mercurio y su interacción con el viento solar.
Ambos módulos trabajarán en conjunto para ofrecer una visión completa de este enigmático planeta, arrojando luz sobre su formación, evolución y dinámica.
Otra captura del planeta Mercurio captada por la misión Bepi-Colombo en su sexto sobrevuelo. Créditos: ESA/JAXA
Los secretos que BepiColombo busca desvelar
Mercurio, el planeta más cercano al Sol, es un lugar lleno de misterios. Con un núcleo de hierro desproporcionadamente grande, un campo magnético sorprendentemente activo y una superficie cubierta de cráteres y llanuras volcánicas, Mercurio plantea preguntas fundamentales sobre la formación de los planetas rocosos.
Entre los principales objetivos de BepiColombo destacan:
Determinar la estructura y composición interna de Mercurio, en particular su núcleo.
Investigar la historia geológica del planeta, incluida su actividad volcánica y tectónica.
Comprender su tenue exosfera y su interacción con el viento solar.
Analizar su campo magnético, el cual es único entre los planetas rocosos del sistema solar, excepto la Tierra.
Recreación artística de la Parker Solar Probe cerca del Sol. Créditos: NASA
NASA ha confirmado que la Parker Solar Probe ha completado con éxito su aproximación más cercana al Sol hasta la fecha, alcanzando una distancia récord de 6,1 millones de km de la superficie solar el pasado 24 de diciembre de 2024. Viajando a una velocidad extrema de 190,77 km/s (686.772 km/h), la sonda ha batido su propio récord como el objeto más veloz jamás construido por el ser humano. Dos días después del paso por el perihelio, la nave envió una señal confirmando que todos sus sistemas e instrumentos científicos funcionan correctamente, garantizando la recolección de datos sin precedentes sobre la atmósfera solar.
Este acercamiento, el primero de tres planeados a esta distancia, forma parte de la etapa final de la misión, que ha requerido siete sobrevuelos de Venus para ajustar su órbita. Durante los próximos meses, la nave continuará operando en este régimen extremo, con el siguiente perihelio previsto para el 22 de marzo de 2025. Los datos recogidos en estos pasos ayudarán a resolver algunos de los mayores enigmas de la física solar, desde el calentamiento de la corona hasta la aceleración del viento solar.
Esquema de la órbita y trayectoria de la sonda Parker Solar Probe. Créditos: NASA
La Parker Solar Probe, lanzada el 12 de agosto de 2018, ha llevado a cabo una serie de sobrevuelos progresivos alrededor del Sol utilizando la gravedad de Venus para acercarse cada vez más a nuestra estrella. Con un diseño revolucionario que le permite soportar temperaturas de hasta 1.400 °C, la nave ha sido capaz de operar en una región del espacio nunca antes explorada de forma directa.
Para sobrevivir en el entorno extremo de la corona solar, la sonda cuenta con un escudo de carbono compuesto de 11,4 cm de grosor, capaz de resistir temperaturas superiores a los 1.000 °C mientras mantiene los instrumentos a una temperatura similar a la de una oficina terrestre. Este Sistema de Protección Térmica (TPS, por sus siglas en inglés) es crucial para permitir que la nave opere a tan solo 9,86 radios solares de la superficie del Sol.
Instrumentación y sistemas de la sonda Parker Solar Probe de la NASA. Créditos: NASA
Además, la nave está equipada con un sistema de refrigeración activa que utiliza agua desionizada para mantener frías las partes más críticas de los instrumentos científicos. A pesar de estar expuesta a un flujo de radiación 500 veces más intenso que en la Tierra, la sonda ha logrado mantener su operatividad sin fallos significativos.
Uno de los principales objetivos de la Parker Solar Probe es estudiar el viento solar, la corriente de partículas cargadas que fluye constantemente desde el Sol y afecta a todo el Sistema Solar. En su misión, la nave ha detectado fenómenos inesperados, como las estructuras en zigzag conocidas como switchbacks, que parecen originarse en la fotosfera solar y podrían desempeñar un papel clave en la aceleración del viento solar.
«Switchbacks» o perturbaciones en movimiento del viento solar. Créditos: NASA/GSFC/Adriana Manrique
Los datos obtenidos han confirmado que la región cercana al Sol está prácticamente libre de polvo interplanetario, validando teorías formuladas hace décadas. También se ha logrado identificar la estructura de las ondas de choque que transportan partículas energéticas a través del sistema solar, lo que podría ayudar a predecir tormentas solares con mayor precisión.
La sonda también ha permitido obtener imágenes de la atmósfera de Venus durante sus sobrevuelos. Utilizando su instrumento WISPR, la Parker Solar Probe captó emisiones de radio naturales provenientes de la ionosfera venusina, lo que ha permitido estudiar cambios en la atmósfera del planeta relacionados con la actividad solar.
Imagen de Venus captada por la sonda Parker Solar Probe. Créditos: NASA
Con solo dos sobrevuelos cercanos restantes en su misión primaria, la NASA ya evalúa extender las operaciones de la sonda más allá de 2025 si sigue funcionando correctamente. En paralelo, la agencia espacial se prepara para lanzar el observatorio PUNCH (Polarimeter to Unify the Corona and Heliosphere) en 2025, una misión diseñada para estudiar la conexión entre la corona solar y el viento solar a gran escala.
PUNCH consistirá en cuatro satélites que observarán la evolución del viento solar desde la órbita terrestre, complementando los datos obtenidos por la Parker Solar Probe y la Solar Orbiter de la ESA. Juntas, estas misiones permitirán una visión integral del Sol y su influencia en el espacio interplanetario.
Referencias y más información:
Raouafi, N.E., et al. Parker Solar Probe: Four Years of Discoveries at Solar Cycle Minimum, Space Science Reviews, 2023. DOI: 10.1007/s11214-023-00952-4.
Desde 2014, el telescopio espacial Hubble ha estado observando las dinámicas atmosféricas de los gigantes gaseosos del sistema solar, los planetas Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, gracias al programa OPAL (Outer Planet Atmospheres Legacy). Este proyecto, que cumple una década de operaciones en 2024, ha generado un archivo sin precedentes de imágenes y datos que revelan los cambios y fenómenos que ocurren en las atmósferas de estos planetas a lo largo del tiempo.
Una mirada única a los planetas gigantes
Los planetas exteriores del sistema solar comparten algunas características clave: poseen atmósferas profundas, carecen de superficies sólidas y presentan sistemas climáticos únicos y dinámicos. Las observaciones del Hubble, con su alta resolución espacial, han permitido rastrear tormentas, cinturones nubosos, velocidades de viento y otros fenómenos atmosféricos. Además, estas investigaciones son fundamentales para entender cómo funcionan los climas en planetas similares alrededor de otras estrellas.
Gracias al programa OPAL, que realiza observaciones anuales durante las oposiciones de cada planeta (cuando están más cerca de la Tierra), el Hubble ha podido documentar algunos de los eventos más fascinantes y misteriosos en estos gigantes gaseosos y helados.
Póster conmemorativo de los diez años de observaciones del programa OPAL. Créditos: NASA/ESA
Júpiter: un titán en constante movimiento
El gigante del sistema solar, Júpiter, presenta cinturones nubosos llenos de colores cambiantes, tormentas y vientos de cizalla. El Hubble ha seguido de cerca la evolución de ciclones, anticiclones y, por supuesto, la icónica Gran Mancha Roja, la tormenta más grande del sistema solar. Este vórtice anticiclónico, aunque se ha reducido en las últimas décadas, sigue siendo un área de estudio crucial.
Gracias a las observaciones en el ultravioleta, OPAL ha detectado fenómenos únicos como óvalos oscuros que solo son visibles en estas longitudes de onda. Estos descubrimientos complementan las observaciones de misiones como JUICE, de la Agencia Espacial Europea, que actualmente viaja hacia el sistema joviano para estudiar sus lunas Ganímedes, Calisto y Europa.
Júpiter captado por el telescopio Hubble en 2021. Créditos: NASA, ESA, Amy Simon (NASA-GSFC), Michael H. Wong (UC Berkeley)
Saturno: estaciones y misterios en sus anillos
A pesar de que el programa OPAL solo ha cubierto un cuarto de la órbita de 29 años de Saturno, ha revelado cambios estacionales en su atmósfera. La inclinación axial de Saturno, a diferencia de Júpiter, permite que tenga estaciones, y el Hubble ha documentado variaciones en los colores de sus nubes y su velocidad de viento, posiblemente relacionadas con la altura de las capas atmosféricas. Estos cambios podrían ser periódicos, pero será necesario observar una órbita completa para confirmarlo.
Otro fenómeno estudiado son los enigmáticos radios oscuros de los anillos de Saturno. Detectados por primera vez por la Voyager 2 en 1981 y estudiados más tarde por la misión Cassini, el Hubble ha documentado la aparición y desaparición de estos radios transitorios, que giran alrededor del planeta en apenas unas rotaciones antes de desaparecer.
En 2025, los anillos de Saturno estarán alineados con la Tierra, haciendo que parezcan «desaparecer» temporalmente desde nuestra perspectiva, un evento que promete ser uno de los momentos astronómicos destacados del año.
Saturno captado por el Hubble en 2019. Créditos: NASA, ESA, Amy Simon (NASA-GSFC), Michael H. Wong (UC Berkeley)
Urano: estaciones extremas y tormentas de metano
El eje de rotación de Urano está inclinado casi 98° con respecto al plano de su órbita, provocando estaciones extremas que duran 42 años. Las observaciones del Hubble tras el equinoccio de primavera del planeta han permitido captar tormentas activas y nubes de cristales de hielo de metano en su atmósfera. Además, OPAL ha detectado una neblina fotoquímica sobre el polo norte del planeta, con pequeñas tormentas al borde del límite polar.
Urano captado por el Hubble en 2022. Créditos: NASA, ESA, STScI, A. Simon (NASA-GSFC), M. H. Wong (UC Berkeley), J. DePasquale (STScI)
Neptuno: manchas oscuras y el Sol como protagonista inesperado
En Neptuno, las manchas oscuras de su atmósfera, observadas por primera vez por la Voyager 2 en 1989, han sido objeto de seguimiento gracias al programa OPAL. Estas estructuras, aunque menos duraderas que la Gran Mancha Roja de Júpiter, tienen ciclos de vida de entre dos y seis años. El Hubble ha documentado la formación, migración y disipación de estas manchas, ofreciendo un vistazo al ciclo completo de su existencia.
Un hallazgo inesperado de OPAL ha sido la relación entre la abundancia de nubes en Neptuno y el ciclo de actividad solar de 11 años. Este descubrimiento plantea preguntas interesantes sobre cómo el Sol, a pesar de estar a más de 4.500 millones de km de distancia, influye en la atmósfera de este lejano gigante helado.
Urano captado por el Hubble en 2022. Créditos: NASA, ESA, STScI, A. Simon (NASA-GSFC), M. H. Wong (UC Berkeley), J. DePasquale (STScI)
Una década de avances y un futuro prometedor
Tras diez años de operaciones, el programa OPAL ha demostrado ser una herramienta clave para comprender la meteorología de los planetas gigantes del sistema solar. Desde las dinámicas de las tormentas de Júpiter hasta las estaciones extremas de Urano y los enigmas de los anillos de Saturno, las observaciones del Hubble han proporcionado una base sólida para futuras investigaciones. Además, estos datos complementan misiones en curso como JUICE y enriquecerán las observaciones que se realicen con el telescopio James Webb.
Después de décadas de espera y de propuestas que parecían condenadas al olvido, la sonda Europa Clipper ya está en camino hacia el sistema joviano. Su lanzamiento marca el inicio de una nueva etapa de la NASA en la exploración de los mundos oceánicos del sistema solar, lugares que podrían albergar las condiciones necesarias para la vida. En los próximos años la nave recorrerá el espacio interplanetario hasta alcanzar Júpiter en 2030, donde comenzará a desvelar los secretos de Europa, la luna helada que esconde bajo su superficie un océano global.
El 14 de octubre de 2024, un cohete Falcon Heavy Block 5 de SpaceX despegó desde la rampa 39A del Centro Espacial Kennedy en Florida, llevando a bordo esta misión de tipo Flagship de la NASA. Se trata de una de las exploraciones más ambiciosas de las últimas décadas, diseñada para responder a una de las preguntas más importantes de la ciencia planetaria: ¿reúne el océano de Europa las condiciones adecuadas para la vida? Tras colocarse en una órbita de aparcamiento terrestre, la segunda etapa del Falcon Heavy ejecutó una maniobra que situó a la nave en trayectoria de escape, rumbo a Marte. Allí realizará en febrero de 2025 una maniobra de asistencia gravitatoria, a la que seguirá un sobrevuelo de la Tierra en diciembre de 2026. Con esta compleja ruta interplanetaria, Europa Clipper alcanzará Júpiter en abril de 2030, un año antes que la sonda europea JUICE, que fue lanzada en abril de 2023.
Imagen de la Europa Clipper tras separarse de la segunda etapa del Falcon Heavy. Créditos: NASA/Space X
La estrategia de vuelo fue cuidadosamente elegida. Originalmente, el plan era lanzar la misión en un cohete SLS Block 1 de la NASA, lo que habría permitido un trayecto directo hasta Júpiter en poco más de dos años. Sin embargo, los continuos retrasos y costes del SLS llevaron a optar por el Falcon Heavy, que, aunque menos potente, ofrece una opción viable y más económica. El precio a pagar es una ruta más larga, que se apoya en las asistencias gravitatorias de Marte y la Tierra para ganar la velocidad necesaria antes de alcanzar el sistema joviano.
La misión principal de Europa Clipper es determinar las propiedades del océano interior de Europa y comprender si ese entorno podría ser habitable. Con un diámetro de 3.122 km, apenas algo menor que la Luna terrestre, Europa posee sin embargo el doble de agua que todos los océanos de la Tierra juntos, la mayor parte en estado líquido bajo una corteza de hielo de entre 10 y 40 km de espesor. Las fuerzas de marea provocadas por la enorme gravedad de Júpiter generan calor en su interior, manteniendo el océano líquido y en constante interacción con la superficie helada.
Europa es uno de los mejores candidatos del sistema solar en la búsqueda de vida extraterrestre. Sin embargo, explorarla directamente supone un desafío enorme: el satélite orbita dentro de los potentes cinturones de radiación jovianos, lo que limita la vida útil de cualquier nave en su superficie u órbita. Por ello, la NASA diseñó una estrategia intermedia: en lugar de situar a Europa Clipper en órbita de Europa, la nave permanecerá orbitando Júpiter y realizará 49 sobrevuelos cercanos, algunos a tan solo 25 km de altitud sobre la superficie helada. Esta técnica permitirá obtener datos de alta resolución minimizando la exposición acumulada a la radiación.
La sonda Europa Clipper sobre su principal objetivo la luna Europa, en órbita alrededor de Júpiter. Créditos: NASA/JPL-Caltech
Características de la nave
Europa Clipper es una nave de gran tamaño, con una masa total de 5,8 toneladas al lanzamiento, incluyendo 2,75 toneladas de combustible. Su estructura principal está formada por un cilindro central de 3 m de largo y 1,5 m de diámetro, que alberga los tanques de combustible y oxidante. Sobre este se sitúa la caja de aviónica, fabricada en una aleación de aluminio y zinc con paredes de 9,2 mm de espesor, diseñada para resistir la radiación del entorno joviano.
La sonda cuenta con una antena de alta ganancia de 3 m de diámetro para transmitir los datos a la Tierra a través de la Red de Espacio Profundo de la NASA. El sistema de propulsión incluye 24 propulsores de hidrazina de 22 N de empuje, distribuidos en grupos de cuatro en los extremos de mástiles que sobresalen de la estructura principal.
Uno de los elementos más llamativos son sus enormes paneles solares, de 14,2 m de largo y 4,1 m de ancho cada uno. En conjunto suman una superficie de 90 m², necesaria para generar la energía suficiente a 5 UA del Sol, donde la intensidad de la luz solar es apenas un 4% de la que recibimos en la Tierra. Estos paneles, construidos por Airbus Defence and Space en Europa, convierten a Europa Clipper en la tercera misión con energía solar que opera en el sistema joviano, después de Juno y JUICE.
El mástil del magnetómetro mide 8,55 m, mientras que las antenas del radar, situadas en los paneles solares, alcanzan los 17,6 m. Con los paneles desplegados, la envergadura de la nave supera los 30 m, lo que la convierte en una de las sondas más grandes jamás construidas para la exploración planetaria.
Instrumentación científica
Europa Clipper transporta nueve instrumentos científicos principales que abordarán distintos aspectos de la geología, química, atmósfera y entorno de Europa:
REASON (Radar for Europa Assessment and Sounding: Ocean to Near-surface): un radar de doble frecuencia capaz de sondear hasta 35 km bajo la superficie, midiendo el espesor de la corteza helada y detectando posibles lagos internos.
MISE (Mapping Imaging Spectrometer for Europa): un espectrómetro infrarrojo que cartografiará la composición superficial, con especial atención a los materiales que puedan proceder del océano interior.
E-THEMIS (Europa Thermal Emission Imaging System): cámara infrarroja que elaborará mapas térmicos de la superficie para identificar zonas activas y estudiar la transferencia de calor.
EIS (Europa Imaging System): sistema de dos cámaras, gran angular (WAC) y de alta resolución (NAC), que generará un mapa del 80% de la superficie de Europa, con hasta 25 m por píxel en las regiones de mayor interés.
Europa-UVS (Ultraviolet Spectrograph): espectrógrafo ultravioleta diseñado para detectar posibles géiseres de agua y estudiar la tenue exosfera de Europa.
MASPEX (Mass Spectrometer for Planetary Exploration/Europa): espectrómetro de masas que analizará la composición química de partículas y gases, tanto de géiseres como de la atmósfera.
SUDA (SUrface Dust Analyzer): medirá partículas de polvo eyectadas desde la superficie o procedentes de posibles plumas de agua.
ECM (Europa Clipper Magnetometer): estudiará los cambios en el campo magnético inducidos por el océano salino interno, lo que permitirá inferir su volumen, salinidad y profundidad.
PIMS (Plasma Instrument for Magnetic Sounding): complementará al magnetómetro midiendo el plasma alrededor de Europa para separar los efectos locales de los inducidos por el océano.
Además, la misión realizará experimentos de radio ciencia para estudiar la gravedad y la estructura interna del satélite.
Instrumentos y equipo de la sonda Europa Clipper. Créditos: NASA/JPL-Caltech
Trayectoria hacia Júpiter
El camino de Europa Clipper hasta Júpiter será largo y meticulosamente calculado. Tras el sobrevuelo de Marte en febrero de 2025 y el de la Tierra en diciembre de 2026, la sonda quedará en una trayectoria directa hacia el sistema joviano. En abril de 2030 encenderá sus motores para insertarse en órbita alrededor de Júpiter. El primer sobrevuelo cercano de Europa tendrá lugar en marzo de 2031, y a lo largo de tres años realizará un total de 49 encuentros a altitudes que variarán entre 25 y 100 km.
El objetivo es aprovechar cada sobrevuelo para cubrir diferentes regiones del satélite: llanuras heladas, crestas y fracturas, regiones con depósitos recientes y áreas donde se sospecha que el océano podría estar en contacto con la superficie. Los sobrevuelos también permitirán estudiar cómo la radiación de Júpiter afecta a la superficie de Europa y cómo esta se renueva con el tiempo.
Trayectoria y sobrevuelos de la sonda Europa Clipper hasta la inserción orbital en Júpiter en el año 2030. Créditos: NASA/JPL-Caltech
Lo que está en juego
La misión Europa Clipper es considerada de tipo Flagship, la categoría más ambiciosa y costosa de la NASA. Su desarrollo ha superado los 5.200 millones de dólares y ha requerido casi dos décadas de planificación, rediseños y debates políticos. Su importancia científica es enorme: nunca antes una nave espacial había llevado un conjunto tan avanzado de instrumentos para estudiar un mundo oceánico.
Si bien Europa Clipper no está diseñada para detectar vida directamente, sus datos serán necesarios para evaluar si el océano de Europa posee las condiciones adecuadas para la biología. Conocer la salinidad, profundidad, temperatura y la posible existencia de compuestos orgánicos en contacto con la superficie nos acercará a responder si este océano puede ser un entorno habitable.
De cumplirse el calendario, en 2034 la misión primaria habrá concluido. Entonces, si la nave sigue operativa, podría prolongarse hasta agotar su combustible. Para evitar cualquier riesgo de contaminación biológica en Europa, el plan es desorbitar la nave y hacerla impactar contra Ganímedes, cuya corteza helada es mucho más gruesa y no presenta contacto directo con un océano interior.
Ilustración artística de la misión Europa Clipper en Júpiter. Créditos: NASA/JPL-Caltech
Un nuevo capítulo en la exploración del sistema solar
Con el despegue de Europa Clipper, comienza una de las aventuras más esperadas de la exploración planetaria. Durante años, esta misión nos proporcionará imágenes e información sin precedentes sobre uno de los lugares más intrigantes del sistema solar. Mientras la comunidad científica prepara sus modelos y teorías para interpretar los datos, los aficionados al espacio cuentan los días para que la nave alcance su destino.
En menos de una década, podremos empezar a resolver una de las grandes preguntas de la astrobiología: ¿podría el océano de Europa albergar vida? La respuesta está aún por llegar, pero el viaje ya ha comenzado.