Un nuevo estudio sugiere que los canales de la luna Ariel de Urano podrían ser ventanas a su interior

En los últimos años, el interés por las lunas de Urano ha aumentado considerablemente, convirtiéndose como un destino prioritario para el envío de una misión flagship para la próxima década. Un estudio reciente, liderado por la geóloga planetaria Chloe Beddingfield del Johns Hopkins Applied Physics Laboratory (APL), ha identificado estructuras superficiales en Ariel que podrían funcionar como canales para el transporte de material desde su interior. Estos hallazgos, publicados el 3 de febrero en el Planetary Science Journal, respaldan la hipótesis de que procesos geológicos activos han depositado hielos de dióxido de carbono y otros compuestos carbonosos en la superficie, e incluso plantean la posibilidad de que Ariel haya albergado, o aún conserve, un océano subsuperficial.

El estudio se basa en el análisis de imágenes tomadas por la sonda Voyager 2 en su sobrevuelo de 1986, la única misión que ha visitado Urano hasta la fecha. Los investigadores han identificado que los llamados «surcos mediales», unas trincheras que atraviesan los imponentes cañones de Ariel, podrían ser centros de expansión tectónica similares a los que generan nueva corteza en los fondos oceánicos de la Tierra. Según los autores, estos surcos serían los principales conductos a través de los cuales materiales del interior de la luna emergen a la superficie.

Si esta hipótesis es correcta, los surcos mediales serían los mejores candidatos para explicar la procedencia de los depósitos de hielos de carbono en la superficie de Ariel. Hasta ahora, ninguna otra estructura superficial parece facilitar el transporte de materiales internos de manera tan evidente.

La presencia de estos rasgos geológicos ya había sido vinculada con una combinación de actividad tectónica y procesos volcánicos. Sin embargo, el nuevo estudio respalda con mayor fuerza la idea de que los surcos mediales se formaron por expansión tectónica, en lugar de simples fallas o conductos volcánicos. Uno de los argumentos más sólidos es que las paredes de los cañones que flanquean estos surcos encajan entre sí como piezas de un rompecabezas, lo que sugiere que la superficie se ha estirado a medida que material nuevo ha emergido desde el interior. Además, en algunas zonas, los suelos de los cañones muestran crestas regularmente espaciadas, similares a las marcas dejadas por una excavadora, lo que indicaría la deposición progresiva de material.

El mecanismo detrás de esta actividad tectónica estaría relacionado con el calor interno de Ariel. Según Beddingfield, la convección en el manto helado de la luna podría haber generado un flujo ascendente de material, fracturando la superficie y expandiéndola a medida que el material emergente se solidificaba. Este tipo de actividad se ha observado en otras lunas heladas del Sistema Solar, como Europa y Encélado, aunque en contextos distintos.

Las interacciones gravitacionales entre Ariel y otras lunas de Urano, como Miranda, Umbriel y Titania, han sido propuestas como un posible mecanismo que mantuvo periodos de calentamiento interno. Estudios previos han señalado que los efectos de marea podrían haber causado episodios de actividad geológica prolongada, facilitando la aparición de fracturas y posiblemente permitiendo la existencia de agua líquida bajo la superficie.

Ariel y varias de las lunas de Urano han experimentado múltiples fases de actividad geológica, probablemente impulsadas por fuerzas de marea gravitacional. Estas fuerzas, generadas por las interacciones orbitales con otras lunas, han provocado ciclos de calentamiento y enfriamiento en sus interiores. En algunos casos, estos ciclos podrían haber permitido la existencia temporal de océanos internos, como se cree que ocurrió en Miranda, otra luna de Urano. Un estudio de 2024, liderado por Tom Nordheim, del APL, propuso que estos procesos habrían mantenido un océano dentro de Miranda, e incluso que dicho océano podría seguir existiendo hoy.

La posible presencia de un océano en Ariel es un tema aún más incierto. Beddingfield advierte que, aunque la existencia de los surcos mediales sugiere un transporte activo de materiales internos, no hay pruebas concluyentes de que estén conectados con un océano subsuperficial. La profundidad y el tamaño de este posible océano son todavía desconocidos, y podría estar demasiado aislado para interactuar con la superficie. Además, aunque los hielos de dióxido de carbono han sido detectados en Ariel, no está claro si están directamente asociados con estos surcos, ya que Voyager 2 no contaba con instrumentos capaces de mapear la distribución de estos compuestos en detalle.

La comunidad científica subrayó la necesidad de una misión específica a Urano y sus lunas. En el informe Decadal Survey 2022, elaborado como recomendación por la comunidad científica para la NASA aunque no es vinculante, identificó al sistema de Urano y sus lunas como un objetivo prioritario para la exploración planetaria en la próxima década. En este marco, se ha propuesto el desarrollo de una misión que incluya un orbitador y una sonda atmosférica, con el propósito de analizar en profundidad el gigante de hielo y estudiar con mayor detalle sus lunas.

El investigador del APL, Richard Cartwright, destaca la importancia de enviar un orbitador que realice sobresvuelos cercanos de Ariel, permitiendo un análisis detallado de la composición de sus surcos mediales. La detección de altas concentraciones de moléculas de carbono en estas estructuras reforzaría la hipótesis de que estos surcos actúan como ventanas al interior de la luna, proporcionando valiosas pistas sobre su evolución geológica y su potencial para albergar un océano subsuperficial.


Referencias y más información:

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Juno descubre la erupción volcánica más intensa jamás registrada en Ío

La sonda Juno de la NASA ha detectado en Ío, la luna de Júpiter, la erupción volcánica más intensa jamás observada en el Sistema Solar. Este evento sin precedentes fue captado el 27 de diciembre de 2024 por el instrumento JIRAM (Jovian Infrared Auroral Mapper), que identificó un punto caliente masivo en el hemisferio sur del satélite. Los datos muestran que esta nueva zona volcánica activa supera los 100.000 km², una superficie cinco veces mayor que la de Loki Patera, el lago de lava más grande previamente conocido en Ío.

El equipo científico estima que la energía total emitida por esta erupción supera los 80 billones de vatios, un nivel de radiación térmica que saturó los detectores de JIRAM. De acuerdo con Scott Bolton, investigador principal de la misión Juno, esta es la actividad volcánica más intensa jamás registrada en Ío, lo que subraya la extraordinaria dinámica geológica de este satélite, considerado el mundo más volcánico del Sistema Solar.

Imágenes de JunoCam en 2024 muestran cambios significativos en la superficie de Ío cerca del polo sur, detectados entre los perijovios 66 y 68, cuando la sonda pasó más cerca de la luna joviana. Créditos: NASA/JPL-Caltech/SwRI/MSSS/Jason Perry

¿Por qué Ío es tan volcánico?

Ío experimenta una actividad volcánica extrema debido al efecto de calentamiento por marea generado por Júpiter. Su órbita elíptica hace que la intensa gravedad del planeta gigante la comprima y estire constantemente, generando fricción interna y elevando las temperaturas de su interior. Como resultado, el satélite alberga un interior parcialmente fundido, con una gran cantidad de magma que se abre paso hasta la superficie a través de fisuras y calderas volcánicas.

Este fenómeno hace que Ío esté en un estado de actividad constante, con aproximadamente 400 volcanes activos. Sin embargo, el evento detectado por Juno se destaca por su magnitud sin precedentes, lo que sugiere la presencia de una vasta cámara de magma subterránea.

Modelo del interior de Ío propuesto por R.S.Park, donde sugieren que Ío no tiene un océano de magma superficial, sino un manto mayormente sólido (verde) con zonas de fusión parcial (amarillo/naranja) sobre un núcleo líquido (rojo/negro). Créditos: JPL/Caltech/Sofia Shen

Evidencias del nuevo volcán en Ío

Durante el sobrevuelo del 27 de diciembre de 2024, Juno pasó a 74.400 km de Ío y su cámara infrarroja captó una intensa emisión térmica en el polo sur. Alessandro Mura, investigador del Instituto Nacional de Astrofísica de Italia y miembro del equipo de JIRAM, explicó que este punto caliente es tan intenso que sugiere la presencia de varios volcanes conectados a una gigantesca cámara magmática.

Además de los datos infrarrojos, la JunoCam, la cámara de luz visible de la nave, también identificó cambios en la superficie de Ío. Al comparar imágenes de sobrevuelos anteriores con las más recientes, los científicos notaron modificaciones en la coloración del terreno, lo que confirma que esta erupción ha dejado una huella permanente en el paisaje del satélite.

Loki Patera (izquierda) y otras calderas de Ío reflejando la luz solar, revelando detalles de su intensa actividad volcánica. Créditos: NASA/JPL-Caltech/SwRI/MSSS/Björn Jónsson

¿Un océano de magma en Ío?

El descubrimiento de esta supererupción reabre el debate sobre el interior de Ío. Hasta ahora, existían dos modelos principales para explicar su actividad volcánica:

1️⃣ Modelo del océano de magma: Propone que Ío alberga un océano global de roca fundida a poca profundidad bajo su corteza. Este océano sería la fuente de los volcanes y explicaría la distribución uniforme de la actividad volcánica en la luna.

2️⃣ Modelo del manto parcialmente fundido: Sugiere que Ío tiene un interior similar al de la Tierra, con un manto parcialmente derretido y magma acumulado en cámaras profundas. En este caso, los volcanes estarían alimentados por conductos individuales en lugar de un océano global.

Los datos recientes de Juno parecen favorecer la segunda teoría, ya que los estudios gravitacionales de la nave han revelado que la deformación de la corteza de Ío no es lo suficientemente intensa como para sostener un océano de magma global. En cambio, lo más probable es que el calor se disipe mediante la acumulación de magma en cámaras localizadas bajo la superficie, lo que explicaría la aparición de supererupciones localizadas como la recién detectada.

Futuras observaciones de Juno

La sonda Juno tiene programado un nuevo sobrevuelo de Ío el 3 de marzo de 2025, lo que permitirá estudiar cómo ha evolucionado este mega-volcán en las últimas semanas. Además, astrónomos de todo el mundo intentarán observar el fenómeno con telescopios terrestres para complementar los datos de la misión.

Este descubrimiento no solo redefine nuestra comprensión de Ío y su actividad volcánica, sino que también tiene implicaciones más amplias para la evolución térmica de otros cuerpos del Sistema Solar. Si el mecanismo que alimenta la actividad de Ío es más común de lo que se pensaba, podríamos encontrar dinámicas similares en exoplanetas sometidos a fuertes efectos de marea gravitacional.

Suni Williams bate récords en su novena caminata espacial junto a Butch Wilmore

Los astronautas de la NASA Sunita «Suni» Williams y Barry «Butch» Wilmore han completado con éxito una nueva caminata espacial desde la Estación Espacial Internacional (EEI), marcando la 274ª actividad extravehicular (EVA) en apoyo a la operación y mantenimiento del laboratorio orbital. La actividad, que tuvo una duración de 5 horas y 26 minutos, finalizó el 30 de enero de 2025 a la 1:09 p. m. (EST).

Además de cumplir con todos los objetivos de la misión, Williams rompió el récord de tiempo acumulado en caminatas espaciales para una mujer astronauta, superando la marca previa de 60 horas y 21 minutos establecida por Peggy Whitson. Con esta última salida al espacio, su tiempo total en EVA asciende a 62 horas y 6 minutos, colocándola en el cuarto lugar de la lista histórica de la NASA.

La astronauta de la NASA Suni Williams durante la EVA

Williams y Wilmore salieron al exterior de la estación a través de la esclusa de aire Quest, con Williams identificada por las rayas rojas en su traje espacial y Wilmore con un traje sin marcas distintivas. Durante la caminata, los astronautas retiraron un conjunto de antenas de radiofrecuencia de la estructura de la estación y recolectaron muestras de la superficie exterior en los módulos Destiny y Quest para analizar la posible presencia de microorganismos en el entorno espacial.

Otro de los objetivos de la misión fue inspeccionar y preparar un codo de repuesto para el brazo robótico Canadarm2, que podría ser utilizado en el futuro si se requiere una sustitución. En todo momento, las operaciones fueron supervisadas desde el centro de control de la NASA, con el apoyo de los astronautas Nick Hague y Don Pettit, quienes ayudaron a Williams y Wilmore en la exclusa de aire y operaron el Canadarm2 desde el interior de la estación.

La caminata espacial estuvo liderada por Suni Williams, astronauta con una destacada carrera en la NASA. Ex piloto de pruebas de la Marina de los EE.UU., Williams cuenta con una licenciatura en ciencias físicas por la Academia Naval de EE.UU. y una maestría en gestión de ingeniería por el Florida Institute of Technology. Ha realizado un total de 9 caminatas espaciales, acumulando más de 62 horas en el vacío del espacio, un logro que la consolida como la cuarta persona más experimentada en operaciones extravehiculares de la historia.

Acompañándola en la EVA estuvo Butch Wilmore, capitán de la Marina de EE.UU. y astronauta desde el año 2000. Con una licenciatura y dos maestrías en ingeniería eléctrica y sistemas de aviación, Wilmore ha realizado 5 caminatas espaciales, alcanzando un total de 31 horas y 2 minutos en el exterior de la estación.

Tras completar la caminata espacial, Williams y Wilmore dedicaron el resto del día a mantener sus trajes espaciales y limpiar la esclusa de aire Quest, asegurando que el equipo estuviera en óptimas condiciones para futuras actividades. Además, participaron en una reunión con el equipo de control en tierra para evaluar cualquier incidente ocurrido durante la operación.

Mientras tanto, el resto de la tripulación de la Expedición 72 continuó con sus actividades científicas. Los cosmonautas rusos Aleksandr Gorbunov, Alexey Ovchinin e Ivan Vagner trabajaron en el experimento Plasma Kristall-4, que estudia el comportamiento de plasmas complejos en microgravedad. También llevaron a cabo pruebas de resistencia física con sensores biométricos para analizar el impacto de la ingravidez en el cuerpo humano.

En los próximos días, la tripulación se centrará en la instalación de nuevos equipos de telecomunicaciones y en la preparación de futuras actividades extravehiculares.

Cosmonautas y astronautas con mayor tiempo acumulado de actividad extravehicular o EVA:

Cosmonauta/ astronautaPaísTotal EVATiempo acumulado
1Anatoli SoloviyovUnión Soviética1678 h. 28 m.
2Michael López-AlegríaEE.UU.1067 h. 40 m.
3Stephen BowenEE.UU.1065 h. 57 m.
4Sunita WilliamsEE.UU.962 h. 6 m.
61Barry WilmoreEE.UU.531 h. 2 m.

Referencias y más información:

Cuenta atrás para PUNCH: la misión de la NASA que estudiará la heliosfera en 3D

Los cuatro mini satélites de la misión PUNCH (Polarimeter to Unify the Corona and Heliosphere) han llegado a la Base de la Fuerza Espacial Vandenberg en California para su integración final antes del lanzamiento, previsto para principios de 2025. Esta misión de la NASA, desarrollada por el Southwest Research Institute (SwRI), está diseñada para realizar observaciones sin precedentes de la transición entre la corona solar y la heliosfera, un área del espacio clave para comprender cómo el viento solar se expande y evoluciona en el medio interplanetario.

PUNCH está compuesto por cuatro pequeños satélites que, operando en conjunto, captarán imágenes continuas y en tres dimensiones del viento solar desde su formación en la corona hasta su propagación en el espacio. La misión utilizará cámaras sensibles a la luz visible polarizada para observar electrones libres en la heliosfera, permitiendo mapear estructuras como eyecciones de masa coronal (CMEs) y frentes de choque interplanetarios con una precisión sin precedentes.

Objetivos principales de la misión Punch. Créditos: SWRI

Estos datos llenarán una brecha de más de 60 años en la investigación sobre el viento solar, proporcionando una vista global y detallada de un fenómeno que afecta directamente el clima espacial, la seguridad de satélites y astronautas, y las comunicaciones en la Tierra.

Cada uno de los cuatro satélites de PUNCH porta un único instrumento, formando una red de observación distribuida:

  • 1 Narrow Field Imager (NFI): Un coronógrafo compacto que observará la parte más interna de la corona solar, desde 6 hasta 32 radios solares (R☉).
  • 3 Wide Field Imagers (WFI): Telescopios de gran campo basados en el diseño de los instrumentos STEREO/HI, capaces de capturar imágenes de la heliosfera desde 18 hasta 180 R☉.
  • STEAM (X-ray Spectrometer): Un espectrómetro de rayos X desarrollado por estudiantes, que analizará la radiación solar para estudiar la física del calentamiento de la corona.

La sincronización de estos cuatro satélites permitirá construir imágenes en 360°, proporcionando un monitoreo continuo de la evolución del viento solar.

Secuencia de datos procesados de la misión STEREO de la NASA mostrando la expansión de la corona solar mientras se extiende hacia el espacio y da origen al viento solar. Créditos: SWRI

Los satélites PUNCH estarán en una órbita polar sincronizada con el Sol, lo que les permitirá mantener una alineación constante con la estrella durante su misión primaria de dos años. Para evitar interferencias con la Tierra, los satélites estarán separados 120° en fase orbital, asegurando una cobertura ininterrumpida del espacio interplanetario.

Cada ocho minutos, cada satélite tomará una serie de imágenes: una sin polarización y seis imágenes polarizadas, permitiendo reconstrucciones tridimensionales de las estructuras del viento solar. Todos los datos serán enviados a la Tierra, donde serán fusionados para generar un mapa global de la heliosfera en tiempo real.

Uno de los objetivos clave de la misión es mejorar la capacidad de predicción de tormentas solares y eyecciones de masa coronal (CMEs), eventos que pueden generar perturbaciones en la magnetosfera terrestre y afectar redes eléctricas, satélites y sistemas de navegación GPS.

Para esto, PUNCH contará con QuickPUNCH, una herramienta diseñada para reducir el tiempo de procesamiento de datos y proporcionar información útil para la predicción del clima espacial en cuestión de horas en lugar de días. Este sistema servirá como complemento a los telescopios coronográficos a bordo de GOES-U y SWFO-L1, facilitando la detección temprana de eventos solares de alto impacto.

Animación (no a escala) que muestra la corona solar y el viento solar. Créditos: NASA/GSC/Lisa Poje

PUNCH no operará de manera aislada, sino que formará parte de un esfuerzo conjunto con otras misiones dedicadas al estudio del Sol y su influencia en el espacio interplanetario. Los datos obtenidos por sus satélites se complementarán con las observaciones de la Parker Solar Probe, que analiza el plasma solar a distancias extremadamente cercanas a la estrella, proporcionando mediciones directas de sus partículas y campos magnéticos. También trabajará en conjunto con la Solar Orbiter, cuya capacidad para capturar imágenes desde distintos ángulos en el sistema solar permitirá una visión más completa de la evolución del viento solar en el espacio profundo. A su vez, el Solar Dynamics Observatory (SDO) ofrecerá un monitoreo continuo de la actividad solar desde la órbita terrestre, facilitando la identificación de eventos como erupciones y eyecciones de masa coronal desde su origen. La combinación de estos datos permitirá reconstruir con mayor precisión la conexión entre los procesos que ocurren en la corona y su impacto en la heliosfera, proporcionando una visión global y detallada de la interacción entre el Sol y el medio interplanetario.

Las cuatro naves espaciales de la misión PUNCH, aseguradas en sus soportes de aluminio durante las fases finales de integración y pruebas previas al lanzamiento. Créditos: SWRI

Preparación final y cuenta atrás para el lanzamiento

El equipo de PUNCH ya ha completado la fase de integración y pruebas de los satélites, incluyendo ensayos térmicos, vibraciones y calibración óptica. Actualmente, los satélites están siendo preparados en la Base de la Fuerza Espacial Vandenberg para ser acoplados junto con el telescopio SPHEREx, con el que compartirán lanzamiento en un cohete Falcon 9 de SpaceX.

El despegue está programado para principios de 2025 no antes de finales de febrero. Si todo sigue según lo planeado, los primeros datos científicos de PUNCH podrían llegar antes de que termine el año.

La misión promete marcar un antes y un después en el estudio del viento solar y la heliosfera, proporcionando información clave para comprender cómo la actividad del Sol moldea el espacio que nos rodea.

Referencias y más información:

Primera medición aérea de vientos en Marte: otro logro para Ingenuity

Por primera vez en la historia de la exploración espacial, un equipo de investigadores ha medido la velocidad y dirección del viento en Marte utilizando una aeronave: el helicóptero Ingenuity. Este pequeño dron, desarrollado como parte de la misión Mars 2020 junto al rover Perseverance de la NASA, ha demostrado que puede ser más que un simple explorador aéreo. A pesar de no estar equipado con instrumentos meteorológicos dedicados, su telemetría ha permitido inferir la dinámica de los vientos en altitudes de entre 3 y 24 m sobre la superficie marciana.

Desde su llegada al cráter Jezero en febrero de 2021 junto al rover Perseverance, Ingenuity no solo realizó el primer vuelo propulsado en otro planeta, sino que superó con creces las expectativas. Aunque diseñado como una demostración tecnológica, completó más de 70 vuelos, cubriendo aproximadamente 18 km y proporcionando valiosa información para futuros vehículos aéreos en exploración planetaria.

Créditos: NASA/JPL

La metodología detrás de la hazaña

El estudio, liderado por Brian Jackson de la Universidad Estatal de Boise, se basó en datos de la orientación («attitude») de Ingenuity durante sus vuelos. La inclinación del helicóptero en respuesta al viento permitió calcular la velocidad y dirección de las ráfagas en distintos momentos. Este enfoque fue validado previamente en simulaciones terrestres, donde pequeños drones demostraron que podían actuar como sensores meteorológicos en movimiento.

Durante sus vuelos, Ingenuity registró velocidades de viento que oscilaban entre 15 y 87 km/h (aproximadamente entre 4,1 y 24,3 m/s), desde una suave brisa, hasta un pequeño vendaval. Estas mediciones revelaron que los vientos marcianos a mayor altitud son más fuertes de lo esperado, superando en muchos casos las predicciones de los modelos meteorológicos. Además, las direcciones de los vientos, aunque en general concordaban con las mediciones tomadas por el rover Perseverance a 1,5 m de altura, mostraron desviaciones significativas debido a la influencia de la geología local, como cráteres y escarpes.

Vuelo del Ingenuity en Marte
Créditos: NASA/JPL

Importancia de las mediciones aéreas en Marte

El análisis de los vientos en Marte es crucial para entender los procesos eólicos que moldean su superficie, desde el transporte de polvo hasta la formación de dunas. Además, estos datos tienen implicaciones directas para futuras misiones, especialmente aquellas que involucren aterrizajes o sobrevuelos en entornos desafiantes. Este estudio no solo demuestra el potencial de las aeronaves en la exploración planetaria, sino que también allana el camino para misiones más ambiciosas, como el próximo dron Dragonfly que explorará Titán, la luna de Saturno.

Aspas del dron volador Ingenuity en Marte
Créditos: NASA/JPL

Hacia el futuro de la exploración aérea

El equipo de investigadores planea refinar este método y aplicarlo en misiones futuras. Con drones más sofisticados y equipados con sensores dedicados, será posible mapear no solo vientos, sino también otros fenómenos atmosféricos en planetas y lunas del Sistema Solar. En Marte, esto podría incluir mediciones precisas para estudiar las tormentas de polvo que afectan a toda la atmósfera y representan un desafío para las misiones de exploración tripuladas.

Los resultados de este innovador estudio se han publicado en The Planetary Science Journal y representan un avance significativo en nuestra capacidad para estudiar otros mundos desde el aire.


Referencias:

  1. Jackson, B., et al. (2025). «Profiling Near-surface Winds on Mars Using Attitude Data from Mars 2020 Ingenuity». The Planetary Science Journal. DOI: 10.3847/PSJ/ad8b41​.
  2. Web oficial de la misión Mars 2020: Mars Exploration Program – NASA.
  3. Información sobre el helicóptero Ingenuity: Ingenuity Mars Helicopter – NASA.

Más información: