La misión OSIRIS-APEX de la NASA ha completado un sobrevuelo de la Tierra que permitirá ajustar su trayectoria para llegar al asteroide Apofis en abril de 2029. La maniobra se ejecutó el 23 de septiembre de 2025, cuando la nave pasó a una distancia mínima de 3.438 kilómetros sobre el océano Atlántico. El encuentro proporcionó la energía necesaria para modificar la inclinación orbital en unos 18 grados, un cambio que sería inviable mediante propulsión convencional sin un coste elevado en combustible.
La cámara MapCam obtuvo esta composición en color nueve horas después del máximo acercamiento durante el sobrevuelo del 23 de septiembre de 2025, con Australia en el hemisferio sur. Créditos: NASA/Goddard/Univ. Arizona
El paso cercano permitió también obtener un conjunto extenso de imágenes y datos destinados a verificar el estado de los instrumentos científicos tras seis años de operaciones en el espacio profundo. Aunque el sobrevuelo se realizó a finales del mes de septiembre, los datos han sido publicados recientemente. La antigua OSIRIS-REx, ahora adaptada para estudiar Apofis, continúa así una misión prolongada que se inició con el retorno de muestras del asteroide Bennu en 2023.
Las cámaras de la suite OCAMS, desarrollada por la Universidad de Arizona, realizaron varias secuencias de calibración. La cámara MapCam produjo una composición en color tomada nueve horas después del máximo acercamiento, donde Australia aparece en el hemisferio iluminado. La imagen se captó desde unos 228.000 kilómetros de distancia y servirá como referencia para operaciones fotométricas durante la aproximación a Apofis.
Composición en color de la Tierra tomada por la cámara MapCam unas nueve horas después del máximo acercamiento, con Australia en el hemisferio sur. Créditos: NASA/Goddard/Univ. Arizona
StowCam registró un vídeo de 424 fotogramas destinado a monitorizar el entorno de la nave mientras la Tierra se desplazaba por el fondo de la secuencia. En el borde del campo de visión se aprecia parte de Sudamérica. Otra imagen combinó la Tierra y la Luna desde 596.000 kilómetros, junto con un reflejo de la estructura de la nave que ilustra la geometría del sistema óptico.
El altímetro láser OLA de la Agencia Espacial Canadiense fue verificado utilizando la superficie terrestre como objetivo de calibración. Este instrumento jugará un papel esencial en la caracterización geométrica de Apofis durante las fases de descenso y mapeo.
La maniobra incrementó la velocidad de OSIRIS-APEX en órbita solar en aproximadamente 5 kilómetros por segundo. Este aumento de energía orbital permite alinear la trayectoria con la órbita de Apofis sin recargar los sistemas de propulsión. Aunque la nave ya había realizado varias correcciones durante su crucero, el sobrevuelo terrestre aporta el cambio de plano y el impulso necesarios para continuar hacia el objetivo.
Composición generada a partir de dos exposiciones de StowCam que muestran la Luna a la izquierda y la Tierra a la derecha durante la fase de salida del sobrevuelo del 24 de septiembre de 2025. Créditos: NASA/Goddard/University of Arizona/Lockheed Martin
El plan de vuelo prevé dos nuevas asistencias gravitatorias en 2027 y 2029. Estos encuentros situarán a OSIRIS-APEX en una posición óptima para entrar en operaciones alrededor de Apofis poco después de su aproximación extrema a la Tierra, que será de unos 32.000 kilómetros. Ese paso de Apofis en las cercanías de nuestro planeta modificará de manera medible la dinámica del asteroide, lo que convierte la misión en una oportunidad única para estudiar en tiempo real cómo responde la superficie de un objeto cercano a la perturbación gravitatoria terrestre.
Apofis es un asteroide de unos 370 metros de diámetro clasificado como objeto potencialmente peligroso. Su aproximación de 2029 permitirá observar cambios en su rotación, estabilidad superficial y distribución del regolito. OSIRIS-APEX cartografiará su morfología, tomará imágenes de alta resolución y estudiará la composición mineralógica. El análisis de su estructura interna apoyará modelos de evolución de los asteroides cercanos y ayudará a evaluar estrategias de mitigación ante posibles riesgos de impacto.
La misión está gestionada desde el Goddard Space Flight Center de la NASA. La Universidad de Arizona lidera el equipo científico y Lockheed Martin se encarga de las operaciones de vuelo. Todos los sistemas funcionan de manera nominal tras la maniobra de septiembre, lo que confirma la fiabilidad técnica de la nave en esta fase prolongada del viaje.
Sondas en Marte, observatorios solares y telescopios espaciales de la agencia estadounidense aportan datos complementarios sobre la composición y evolución del cometa
Imagen del cometa interestelar 3I/ATLAS captada por el Mars Reconnaissance Orbiter durante su aproximación a Marte a unos 30 millones de km de distancia. El núcleo aparece como un punto brillante envuelto por una coma difusa. Créditos: NASA/JPL-Caltech/University of Arizona.
La NASA ha presentado un conjunto amplio de observaciones del cometa interestelar 3I/ATLAS, el tercer objeto procedente de otro sistema estelar identificado en tránsito por el entorno solar. El anuncio reúne las imágenes obtenidas por doce misiones y telescopios espaciales desde el descubrimiento del cometa el 1 de julio, complementando las campañas de seguimiento coordinadas por observatorios terrestres y por las sondas que orbitan Marte. Estas nuevas observaciones permiten estudiar con mayor detalle la evolución de la coma, la actividad del núcleo y la interacción del cometa con la radiación solar durante su aproximación y salida del Sistema Solar.
Las imágenes se integran en la campaña internacional de observación descrita en la entrada publicada el 11 de octubre, donde se presentaba la detección de hielo de agua, dióxido de carbono y metales volátiles en proporciones elevadas. Con los nuevos datos, el seguimiento de 3I/ATLAS incorpora información geométrica y espectral desde distintas posiciones en el Sistema Solar, una oportunidad poco habitual para reconstruir la actividad de un objeto interestelar a escala tridimensional.
Observaciones desde Marte
El paso de 3I/ATLAS a unos 19 millones de millas de Marte ofreció una ocasión única para las misiones de la NASA situadas en órbita marciana, especialmente el Mars Reconnaissance Orbiter y MAVEN. El primero obtuvo una de las imágenes más cercanas del núcleo del cometa mediante la combinación de exposiciones procesadas para maximizar el contraste, mientras que MAVEN registró la emisión ultravioleta del hidrógeno asociada a la sublimación de volátiles.
Estas observaciones permiten examinar la estructura de la coma a distancias interplanetarias y estudiar la composición de los gases emitidos. El análisis preliminar indica una actividad moderada en línea con lo observado por telescopios terrestres, sin variaciones bruscas ni signos de fragmentación durante su aproximación al planeta. La detección ultravioleta de hidrógeno refuerza la presencia de volátiles ligeros identificada en estudios espectroscópicos anteriores con instrumentos como Gemini o el IRTF.
El rover Perseverance también registró un débil brillo del cometa desde la superficie marciana, pese a las limitaciones impuestas por la iluminación y la geometría de observación. Aunque estas imágenes no aportan detalle morfológico, complementan la reconstrucción del paso del cometa bajo distintos ángulos.
La misión MAVEN obtuvo esta detección ultravioleta del hidrógeno emitido por el cometa interestelar 3I/ATLAS durante su aproximación a Marte. El brillo azulado corresponde a la emisión del cometa y se distingue del hidrógeno marciano e interplanetario. Créditos: NASA/GSFC/University of Colorado Boulder
Misiones dedicadas al estudio del Sol
Las misiones solares dispusieron de una ventana de observación crítica cuando el cometa pasó por regiones del cielo cercanas al Sol desde la perspectiva terrestre, inaccesibles para telescopios en superficie. El observatorio STEREO-A registró al cometa entre el 11 de septiembre y el 2 de octubre mediante secuencias de imágenes visibles que requirieron un procesado específico para resaltar su brillo frente al ruido del fondo. La misión SOHO, en órbita alrededor del punto de Lagrange L1, también logró detectar el objeto en una serie de exposiciones tomadas entre el 15 y el 26 de octubre, donde aparece como un leve incremento de luminosidad.
El cometa interestelar 3I/ATLAS en una imagen procesada a partir de exposiciones del instrumento HI1 de la misión STEREO-A obtenidas entre el 11 de septiembre y el 25 de octubre de 2025. Créditos: NASA/Lowell Observatory/Qicheng Zhang
El coronógrafo LASCO C3 de la misión SOHO captó este tenue brillo asociado al cometa interestelar 3I/ATLAS durante su tránsito por el campo de visión entre el 15 y el 26 de octubre de 2025. Créditos: ESA/NASA/Lowell Observatory/Qicheng Zhang
La misión PUNCH contribuyó con una serie de imágenes apiladas que muestran la cola del cometa como una tenue elongación. Estas observaciones se obtuvieron entre el 20 de septiembre y el 3 de octubre, aprovechando la capacidad del instrumento para observar la heliosfera interna. La combinación de todas estas secuencias proporciona información sobre la dispersión del polvo al interactuar con el viento solar y permite modelizar la estructura de la cola.
Secuencia apilada de la misión PUNCH mostrando al cometa interestelar 3I/ATLAS entre el 28 de septiembre y el 10 de octubre de 2025. La combinación de imágenes revela el núcleo brillante y una ligera elongación correspondiente a la cola. Créditos: NASA/Southwest Research Institute.
Observaciones en tránsito hacia otros destinos
Las misiones Psyche y Lucy, actualmente en ruta hacia sus objetivos principales, se sumaron a la campaña desde posiciones muy diferentes del Sistema Solar. Psyche obtuvo cuatro series de imágenes entre el 8 y el 9 de septiembre a unos 33 millones de millas del cometa, útiles para refinar su trayectoria y estudiar la evolución de su brillo. Lucy, situada a unos 240 millones de millas, registró la coma y una cola tenue utilizando su cámara de alta resolución L’LORRI entre el 15 y el 17 de septiembre. La comparación de estas imágenes con datos simultáneos de observatorios terrestres permite reconstruir la distribución de partículas en la coma en función del ángulo de dispersión de la luz solar.
Imagen apilada del cometa interestelar 3I/ATLAS obtenida el 16 de septiembre de 2025 por la cámara L’LORRI de la misión Lucy desde una distancia de unos 240 millones de millas. Se aprecia la coma y una cola tenue hacia la derecha. Créditos: NASA/Goddard/SwRI/JHU-APL
Estas observaciones, en conjunto, permiten evaluar el comportamiento de un cometa interestelar bajo condiciones energéticas distintas a las que afectan a los cometas procedentes de la nube de Oort o del cinturón transneptuniano. La baja actividad relativa de 3I/ATLAS, la estabilidad de su coma y la ausencia de fragmentaciones detectadas sugieren un núcleo pequeño y poco consolidado, coherente con los modelos publicados en las últimas semanas.
Mirando al futuro
El análisis integrado de las distintas observaciones refuerza la interpretación de 3I/ATLAS como un cuerpo rico en volátiles y metales ligeros. Los datos espectroscópicos publicados recientemente indican abundancias elevadas de monóxido y dióxido de carbono y un cociente Ni/Fe inusualmente alto, asociado a la presencia de carbonilos metálicos que se subliman a temperaturas bajas. La detección de hielo de agua a grandes distancias del Sol, junto con la estabilidad de la composición observada, sugiere que el cometa conserva materiales formados en regiones muy frías del sistema estelar donde se originó.
El paso de 3I/ATLAS ofrece así una oportunidad para investigar la diversidad química de otros sistemas planetarios y para evaluar cómo se comportan los volátiles interestelares en un entorno solar. La trayectoria hiperbólica del objeto indica que no regresará en el futuro, de modo que las observaciones actuales representan la única ocasión para obtener este tipo de información directa.
El paso del cometa interestelar 3I/ATLAS está generando una de las campañas de observación más coordinadas y ambiciosas de los últimos años. Desde que fue descubierto por el sistema de telescopios ATLAS en Chile el 1 de julio de 2025, este visitante extrasolar ha sido seguido simultáneamente por observatorios en Tierra y por varias sondas espaciales que orbitan Marte. Los resultados obtenidos en las últimas semanas permiten delinear con detalle su naturaleza, revelando una composición dominada por hielos de agua y dióxido de carbono, y una abundancia inusual de metales volátiles como níquel y hierro.
Observaciones desde Marte: un visitante interestelar bajo vigilancia orbital
Entre el 1 y el 7 de octubre, las misiones europeas ExoMars Trace Gas Orbiter (TGO) y Mars Express apuntaron sus cámaras hacia el cometa 3I/ATLAS cuando este pasó a unos 30 millones de kilómetros de Marte. Durante ese periodo, la cámara CaSSIS de ExoMars captó una secuencia de imágenes en las que se aprecia el núcleo del cometa envuelto por una tenue coma, desplazándose lentamente entre las estrellas de fondo. Aunque el instrumento está diseñado para obtener imágenes de la superficie marciana a corta distancia, logró detectar el brillo difuso del cometa y su estructura característica, confirmando de forma directa su naturaleza cometaria.
Las observaciones de Mars Express, por su parte, se centraron en intentar obtener el espectro del objeto mediante sus instrumentos OMEGA y SPICAM, mientras que ExoMars TGO empleó el espectrómetro NOMAD para medir la posible emisión de gases. Aún se analizan los datos, ya que la luminosidad del cometa era extremadamente baja, pero estas campañas representan la primera ocasión en la que un cuerpo interestelar es observado desde otro planeta.
ExoMars capturó con su Sistema de Imagen de Superficie en Color y Estéreo (CaSSIS) una serie de imágenes que permitieron construir esta secuencia donde la apariencia difusa y cometaria del 3I/ATLAS es perfectamente visible entre las estrellas de fondo. Créditos: ESA/ExoMars CaSSIS.
El rastro del agua en el espacio interestelar
Los datos obtenidos desde la Tierra complementan las imágenes marcianas con un nivel de detalle sin precedentes. Un estudio internacional liderado por Bin Yang y Karen Meech, publicado en septiembre en The Astrophysical Journal (Yang et al., 2025), confirma la detección de hielo de agua en la coma del cometa 3I/ATLAS. Las observaciones se realizaron con el espectrógrafo GMOS del telescopio Gemini Sur y con el instrumento SpeX del Telescopio Infrarrojo de la NASA (IRTF).
El análisis espectroscópico muestra una absorción ancha en torno a los 2 micrómetros, característica del hielo de agua, combinada con un albedo intermedio y un color rojo moderado típico de los cometas activos del Sistema Solar. Los modelos indican que la coma contiene una mezcla compuesta aproximadamente por un 37 % de granos de hielo de agua y un 63 % de partículas de carbono amorfo. El tamaño medio de los granos helados, cercano a 1 micrómetro, y la temperatura estimada de unos 120 K sugieren que el material está sublimando a medida que el cometa se aproxima al Sol.
La detección de hielo de agua a una distancia del Sol de 4 unidades astronómicas refuerza la idea de que el 3I/ATLAS se formó en una región fría y rica en volátiles del sistema planetario donde se originó. Además, la consistencia entre los espectros obtenidos por Gemini y el IRTF con nueve días de diferencia indica que la composición de la coma se mantuvo estable durante ese tiempo, sin variaciones apreciables en la actividad.
El resultado encaja con las mediciones anteriores del James Webb Space Telescope (JWST), que había identificado en el cometa una coma dominada por dióxido de carbono y una elevada proporción de monóxido de carbono. En conjunto, estas observaciones dibujan un perfil químico similar al de los cometas de la nube de Oort, pero con una fracción de hielos y gases más alta, lo que apunta a un origen en un sistema planetario muy primitivo y helado.
Imagen del cometa 3I/ATLAS obtenida por el orbitador ExoMars-TGO durante su paso cercano a Marte. Créditos: ESA/ExoMars Trace Gas Orbiter (TGO).
Níquel y hierro en proporciones extremas
A esta caracterización del hielo se suma otro hallazgo relevante publicado en Astronomy & Astrophysics (Hutsemékers et al., 2025), que describe la composición metálica de la coma de 3I/ATLAS. Utilizando el espectrógrafo UVES del Very Large Telescope (VLT), los investigadores detectaron líneas de emisión de níquel (Ni I) y hierro (Fe I) en intensidades sin precedentes. El cociente entre ambos metales resulta casi diez veces superior al observado en los cometas del Sistema Solar y en el también interestelar 2I/Borisov.
El estudio concluye que los átomos metálicos se liberan mediante la sublimación de compuestos volátiles denominados carbonilos, en particular tetracarbonilo de níquel [Ni(CO)₄] y pentacarbonilo de hierro [Fe(CO)₅]. Estas moléculas se descomponen a temperaturas mucho más bajas que los minerales sólidos, lo que explica la presencia de átomos metálicos incluso a grandes distancias del Sol. Conforme el cometa se acerca a la estrella, el cociente Ni/Fe disminuye progresivamente, señal de que su comportamiento químico comienza a asemejarse al de los cometas del entorno solar.
Ambos resultados, la detección de hielo y la abundancia de carbonilos metálicos, apuntan a que el 3I/ATLAS conserva material original de la nebulosa donde se formó, sin haber sufrido transformaciones térmicas importantes durante su largo viaje interestelar. Su composición, dominada por volátiles y metales ligeros, sugiere que procede de una región externa de su sistema progenitor, más allá de la llamada “línea de nieve”, donde el agua y el dióxido de carbono se condensan con facilidad.
Un esfuerzo internacional de seguimiento
El estudio de 3I/ATLAS ha implicado la coordinación de numerosos observatorios y agencias espaciales. A las observaciones de Gemini, IRTF y VLT se suman las del Gran Telescopio Canarias, los telescopios Pan-STARRS, el Hubble Space Telescope y el propio JWST. En el ámbito europeo, el Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-CSIC) participa en programas de observación polarimétrica para analizar la distribución y orientación de las partículas de polvo en la coma, con resultados preliminares que indican una polarización negativa inusual.
Las mediciones coinciden con los análisis de color realizados desde Hawai y Chile, que muestran un espectro similar al de los asteroides de tipo D, caracterizados por materiales orgánicos oscuros. En conjunto, los datos confirman que 3I/ATLAS es un cometa activo y no un fragmento rocoso como el primer visitante interestelar detectado en 2017, 1I/ʻOumuamua.
3I/ATLAS atravesando un denso campo de estrellas en una imagen capturada por el Espectrógrafo Multiobjeto Gemini (GMOS-N) del telescopio Gemini North. El panel izquierdo muestra la colorida estela del cometa a través de los diferentes filtros mientras se desplaza en el campo estelar. Imagen compuesta a través de filtros rojo, verde y azul. Créditos: International Gemini Observatory/NOIRLab/NSF/AURA/K. Meech (IfA/U. Hawaii). Procesado de imagen: Jen Miller y Mahdi Zamani (NSF NOIRLab).
Hacia el futuro: la misión Comet Interceptor
La llegada de 3I/ATLAS ha servido como banco de pruebas para las futuras estrategias de respuesta ante visitantes interestelares. La Agencia Espacial Europea desarrolla actualmente la misión Comet Interceptor, cuyo lanzamiento está previsto para 2029. La sonda permanecerá en una órbita de espera, lista para dirigirse rápidamente hacia un cometa recién descubierto o incluso hacia un nuevo objeto interestelar, con el fin de estudiarlo de cerca antes de que abandone el Sistema Solar.
El conocimiento adquirido con 3I/ATLAS es esencial para definir los objetivos de esta misión. Por primera vez, los astrónomos han podido observar en detalle cómo un cometa procedente de otro sistema estelar conserva agua, dióxido de carbono y metales volátiles tras miles de millones de años de viaje. A medida que el objeto se aleje y su brillo disminuya, su legado científico quedará integrado en esta cooperación internacional que une observatorios terrestres y sondas espaciales en una misma empresa: comprender la materia primordial de otros sistemas planetarios.
El Comet Interceptor será la primera misión diseñada para visitar un cometa que llegue directamente desde las regiones exteriores del Sistema Solar, portando material intacto desde el origen del sistema planetario. Tras su lanzamiento, la nave permanecerá en órbita de espera hasta que se descubra un objetivo adecuado. Cuando el cometa se acerque, liberará dos sondas para observarlo simultáneamente desde diferentes ángulos. Misión liderada por la ESA en colaboración con JAXA. Créditos: ESA
Con el lanzamiento de Tianwen-2 el 29 de mayo de 2025, China ha iniciado su cuarta misión interplanetaria tras Yinghuo-1, Chang’e 2 y Tianwen-1. Esta nueva misión buscará obtener muestras del asteroide 469219 Kamoʻoalewa y, posteriormente, estudiar en detalle el cometa 311P/Elst-Pizarro. Se trata de un proyecto ambicioso que no solo permitirá el retorno de material primitivo del sistema solar a la Tierra, sino también la exploración prolongada de un objeto híbrido entre asteroide y cometa en el cinturón principal.
El lanzamiento tuvo lugar a las 1:31 (hora local) desde el centro espacial de Xichang, mediante un cohete Larga Marcha 3B. Tras 18 minutos de vuelo, la nave fue colocada en una órbita de transferencia hacia su primer destino. La sonda desplegó sin incidentes sus paneles solares y la Administración Nacional del Espacio de China (CNSA) confirmó el éxito de la inserción orbital. Tianwen-2 está equipada con 11 instrumentos científicos. Entre ellos destacan cámaras ópticas de alta resolución, espectrómetros en el visible, infrarrojo y térmico, un radar para análisis subsuperficial, un magnetómetro, detectores de partículas cargadas y neutras, y analizadores de polvo. Uno de estos instrumentos, el detector de polvo DIANA, ha sido desarrollado en colaboración con centros europeos como el INAF, el CNR y el Politécnico de Milán.
El objetivo principal inicial de la misión es el asteroide cercano a la Tierra 469219 Kamoʻoalewa (2016 HO3), un objeto de apenas 40 m de diámetro que orbita de forma cuasi-estable en resonancia con la Tierra. Su naturaleza exacta es desconocida: se ha planteado que podría tratarse de un fragmento eyectado desde la Luna. Tianwen-2 lo alcanzará en torno a julio de 2026 y lo estudiará durante varios meses antes de proceder a recolectar entre 200 g y 1 kg de muestras de su superficie. Para la recogida de material, la sonda utilizará una combinación de maniobras de contacto directo tipo touch and go y técnicas de anclaje asistido mediante brazos mecánicos. Estas configuraciones fueron previamente utilizadas con éxito por misiones como Hayabusa 2 y OSIRIS-REx. La elección de la técnica dependerá de la textura y cohesión del regolito del asteroide.
Tras el muestreo, la nave regresará a las inmediaciones terrestres en 2027 y liberará una cápsula de reentrada con el material recolectado, que descenderá a través de la atmósfera a 12,1 km/s y será capturada con ayuda de un helicóptero para evitar contaminación. Completada esta fase, Tianwen-2 continuará su viaje hacia el cometa 311P/Elst-Pizarro, ubicado entre Marte y Júpiter.
El cometa 311P es un cuerpo del cinturón principal que presenta actividad cometaria esporádica, por lo que es de gran interés como objeto transicional entre asteroides y cometas. Su órbita se extiende entre 1,94 y 2,44 UA del Sol. La llegada está prevista para 2031-2032, cuando Tianwen-2 se situará en órbita alrededor del núcleo del cometa para una misión científica de al menos un año. El estudio de 311P incluirá mapeo de su superficie, análisis espectroscópico, observaciones de actividad cometaria y evaluación de su estructura interna. Esta será la primera vez que una misión china explore un cuerpo tan lejano y prolongado en el tiempo, acumulando experiencia clave en navegación de baja gravedad, diseño orbital y tecnologías autónomas de muestreo.
El programa Tianwen forma parte de una hoja de ruta a largo plazo para la exploración interplanetaria china que incluye misiones a Marte para traer muestras (Tianwen-3), la exploración del sistema joviano (Tianwen-4), y misiones futuras hacia Venus, Neptuno y el espacio interestelar.
El pasado 20 de abril la sonda Lucy de la NASA realizó un sobrevuelo a 960 km de distancia del asteroide (52246) Donaldjohanson, un cuerpo del cinturón principal situado entre las órbitas de Marte y Júpiter. Tenemos por tanto un nuevo retrato en la creciente galería de mundos menores visitados por exploradores robóticos y marca otro paso significativo en el desarrollo operativo de la misión Lucy, cuyo objetivo principal es estudiar los asteroides troyanos de Júpiter a partir de 2027.
Secuencia de imágenes captadas por el generador L’LORRI de la sonda Lucy mostrando el asteroide Donaldjohanson durante su sobrevuelo a unos 1.100 km de distancia. Créditos: NASA/Goddard/SwRI/APL de Johns Hopkins
Durante el sobrevuelo, Lucy pasó a una velocidad relativa de 13,4 km/s y registró imágenes y datos con sus tres instrumentos científicos principales: la cámara L’LORRI (Long Range Reconnaissance Imager), el espectrómetro infrarrojo térmico L’TES y el conjunto de generador de imágenes en color y espectrómetro L’Ralph. Las imágenes iniciales fueron tomadas a unos 1.100 km de distancia, aproximadamente 40 segundos antes del punto de máxima aproximación, debido a restricciones de orientación para evitar el deslumbramiento solar. La secuencia de observación fue totalmente autónoma, ya que las señales de radio tardan más de 12 minutos en llegar a la Tierra, lo que imposibilita el control interactivo.
Las primeras imágenes revelan un objeto de forma elongada, con una estructura de contacto binario: dos lóbulos de tamaño desigual unidos por una estrecha garganta. Esta configuración recuerda a la de asteroides como Itokawa o Toutatis, aunque en este caso los lóbulos parecen ser estructuras sólidas y no una amalgama de escombros. Donaldjohanson presenta varios cráteres de gran tamaño y afloramientos rocosos, indicadores de un pasado geológicamente activo. Su forma, que algunos han descrito como parecida a un par de conos de helado enfrentados, es resultado de una colisión que fragmentó el asteroide 163 Erígone hace unos 150 millones de años, dando origen a este fragmento más joven.
El asteroide Donaldjohanson visto por la cámara L’LORRI de Lucy a las 17:51 UTC del 20 de abril de 2025, 40 segundos antes del máximo acercamiento a una distancia aproximada de 1.100 km. Créditos: NASA/Goddard/SwRI/Johns Hopkins APL/NOIRLab
Los datos aún están en proceso de descarga y se espera que tarden una semana en completarse. Los equipos científicos realizarán un análisis detallado de la estructura superficial, la composición mineral y las propiedades térmicas del asteroide. Este segundo sobrevuelo de la misión —tras el de Dinkinesh en noviembre de 2023— ha sido considerado como un ensayo técnico completo, diferente del anterior, que sirvió principalmente como prueba de los sistemas de navegación autónoma.
El asteroide Donaldjohanson fue descubierto el 2 de marzo de 1981 por Schelte Bus y recibió su nombre en 2015 en honor al paleoantropólogo Donald Johanson, descubridor del fósil homínido conocido como Lucy, cuyo nombre también fue adoptado para la misión. De este modo, el asteroide se integra simbólicamente en el recorrido de una sonda destinada a esclarecer los orígenes del Sistema Solar de la misma forma que su homónimo fósil aportó claves sobre los orígenes de la humanidad.
Imagen del asteroide Donaldjohanson tomada por la sonda Lucy desde una distancia mayor, en la que casi se ve al completo. El cuerpo resultó ser más grande de lo previsto, lo que impidió captarlo entero en las imágenes más cercanas. Créditos: NASA/Goddard/SwRI/Johns Hopkins APL
Lucy fue lanzada el 16 de octubre de 2021 y ha empleado dos asistencias gravitatorias terrestres para modificar su órbita en dirección a los troyanos de Júpiter. Antes de llegar a ellos, el diseño de la misión permitió incorporar estos encuentros con asteroides del cinturón principal, sirviendo tanto para calibrar los instrumentos como para entrenar al equipo en secuencias complejas de sobrevuelo. El primer encuentro con Dinkinesh reveló un asteroide doble, compuesto por un cuerpo principal de 719 metros y una luna binaria llamada Selam, compuesta de dos cuerpos de similar tamaño de aproximadamente 210 y 230 metros.
Los próximos objetivos de Lucy serán los asteroides troyanos del punto de Lagrange L4 del sistema Júpiter-Sol: 3548 Eurybates y su satélite Queta (12 de agosto de 2027), seguido por 15094 Polymele y su satélite (15 de septiembre de 2027), 11351 Leucus (18 de abril de 2028) y 21900 Orus (11 de noviembre de 2028). Posteriormente, tras un nuevo paso por las cercanías de la Tierra, Lucy se dirigirá al punto L5 para sobrevolar el sistema binario 617 Patroclus–Menoetius el 2 de marzo de 2033. Si al finalizar la misión primaria los sistemas de a bordo siguen operativos y queda suficiente combustible, se evaluará la posibilidad de extender la misión hacia otros cuerpos del Sistema Solar exterior.
Representación a escala de la sonda Lucy de la NASA junto a una figura humana para visualizar su tamaño real. Esta nave fue diseñada para estudiar los asteroides troyanos de Júpiter durante una misión de 12 años.
Ilustración de la trayectoria completa de la nave espacial Lucy en un marco de referencia donde Júpiter permanece fijo. Esta visualización ayuda a comprender las múltiples asistencias gravitatorias y encuentros con asteroides planeados durante su misión de 12 años. Créditos: NASA
Aunque Donaldjohanson no formaba parte del catálogo original de objetivos científicos, su sobrevuelo constituye un hito al tratarse de un fragmento relativamente joven del cinturón principal, un entorno habitualmente dominado por cuerpos más antiguos y evolucionados. El análisis del material de su superficie podría ofrecer pistas sobre la distribución de los componentes primordiales que dieron forma a los planetas rocosos. Al integrar este nuevo retrato en la familia de cuerpos explorados, Lucy amplía no solo nuestra comprensión de los asteroides, sino también de los procesos dinámicos que estructuran el Sistema Solar desde sus primeras etapas.