Un estudio reciente analiza la evolución temprana de los satélites de Júpiter y muestra que los escenarios de escape atmosférico extremo no bastan para explicar el contraste actual entre Ío y Europa, reforzando la importancia de las condiciones de formación en el entorno joviano.
Comparación de Ío y Europa. Créditos: NASA/JPL/DLR
Un estudio basado en datos de la misión Cassini muestra que la deformación de Titán no requiere necesariamente un océano subsuperficial continuo
Durante años, el interior de Titán se ha interpretado como uno de los casos más representativos de un satélite con un océano global oculto bajo su superficie helada. A partir de los datos obtenidos por la misión Cassini, la interpretación dominante en la literatura post-misión asumía que bajo la corteza de hielo de la mayor luna de Saturno existía una capa continua de agua líquida, situada entre el núcleo rocoso y el hielo superficial. Esta hipótesis convirtió a Titán en un miembro destacado del grupo de los llamados «mundos océano» y reforzó su interés desde el punto de vista geofísico y químico.
Ilustración artística del interior de Titán según un modelo completamente diferenciado, con un núcleo rocoso hidratado, un océano subsuperficial de agua líquida y capas de hielo a alta presión, basada en datos de la misión Cassini. Créditos: A. D. Fortes/UCL/STFC
Un estudio comparativo muestra que el tamaño del impacto y la evolución térmica del planeta controlaron el relleno volcánico de sus principales cuencas
Cuando se observan las grandes cuencas de impacto en la superficie de Mercurio, resulta tentador pensar que cada una cuenta una historia distinta. Sus tamaños varían, su aspecto no es idéntico y las llanuras volcánicas que las rellenan muestran diferencias claras en brillo y color. Sin embargo, un nuevo análisis de los datos de la misión MESSENGER sugiere que, por debajo de esas diferencias, todas siguen un mismo guion.
Detalle de la cuenca Caloris captada por la sonda Messenger de la NASA. Créditos: NASA
Las simulaciones muestran que ambas composiciones, rica en roca o en hielos, son compatibles con los datos observados disponibles
La clasificación tradicional de los planetas del Sistema Solar separa los cuerpos rocosos interiores, los gigantes gaseosos y los gigantes de hielo. En este esquema, Urano y Neptuno ocupan la última categoría por la presencia dominante de compuestos volátiles como agua, amoníaco y metano. Sin embargo, la denominación «gigantes de hielo» podría no ser muy apropiada, o al menos eso es lo que sugiere un nuevo estudio publicado por investigadores de la Universidad de Zúrich y publicado en Astronomy & Astrophysics, donde indican que esta división podría ser demasiado restrictiva. Los resultados muestran que ambos planetas admiten interiores con una fracción rocosa mucho mayor de la asumida durante décadas.
Urano visto en infrarrojo por el telescopio espacial James Webb. Créditos: NASA/ESA
La misión ESCAPADE (“Escape and Plasma Acceleration and Dynamics Explorers”) de la NASA inició su viaje interplanetario tras despegar desde Cabo Cañaveral el pasado 13 de noviembre de 2025, a bordo del segundo vuelo operativo del cohete New Glenn de la empresa estadounidense Blue Origin. El lanzamiento, inicialmente previsto para el 9 de noviembre, fue aplazado hasta en dos ocasiones. La misión destinada a estudiar el entorno marciano y su evolución atmosférica reúne la colaboración de la NASA, la industria privada y centros universitarios.
El cohete New Glenn de Blue Origin despega desde Cabo Cañaveral el 13 de noviembre de 2025 con las sondas gemelas ESCAPADE de la NASA, que se dirigirán a Marte tras un año en el punto de Lagrange L2. Créditos: Blue Origin