El telescopio espacial Nancy Grace Roman de la NASA fue lanzado el 30 de agosto de 2026 a bordo de un Falcon Heavy de SpaceX. El observatorio inició así un viaje de unos tres meses hacia una órbita de halo alrededor del punto de Lagrange L2 del sistema Sol-Tierra, situado aproximadamente a 1,5 millones de kilómetros de nuestro planeta. Desde allí realizará grandes sondeos del cielo destinados al estudio de la energía oscura, la distribución de la materia oscura y la población de exoplanetas de la Vía Láctea.
Anillos, huecos y estructuras complejas aparecen como elementos habituales en los sistemas planetarios en formación.
Quince años de observaciones realizadas por el observatorio ALMA han permitido construir una de las mayores bases de datos sobre discos protoplanetarios, las estructuras de gas y polvo que rodean a las estrellas jóvenes y donde se forman los planetas. Un nuevo estudio ha revisado este archivo científico, que incluye 3.933 observaciones independientes obtenidas entre 2011 y comienzos de 2026, para ofrecer una visión global de los avances logrados en el estudio de la formación planetaria.
Lejos de centrarse en un único sistema estelar, la investigación analiza el conjunto de datos acumulados por ALMA durante más de una década. El resultado es una panorámica de cómo han evolucionado las observaciones de discos protoplanetarios y de las preguntas científicas que ahora pueden abordarse gracias a este archivo.
Ejemplos de discos protoplanetarios que presentan concentraciones irregulares de polvo y otras asimetrías detectadas por ALMA. Créditos: Kurtovic et al. 2026 / ALMA.
El telescopio espacial James Webb ha obtenido una imagen infrarroja de muy alta resolución de la nebulosa de la Hélice, uno de los ejemplos más cercanos y mejor estudiados de nebulosa planetaria. Situada a unos 650 años luz de la Tierra, esta estructura representa una fase avanzada de la evolución de estrellas de baja masa y ofrece una referencia directa sobre el destino final del Sol dentro de varios miles de millones de años.
Pandora ha alcanzado la órbita terrestre tras su lanzamiento en un Falcon 9 y está diseñada para observar de forma simultánea estrellas y planetas, reduciendo la incertidumbre en la caracterización de atmósferas exoplanetarias.
La misión Pandora de la NASA ha iniciado sus operaciones tras un lanzamiento exitoso a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX desde la Base de la Fuerza Espacial de Vandenberg, en California. El satélite entra ahora en la fase inicial de su misión científica, orientada a resolver una limitación fundamental en el estudio de exoplanetas: distinguir con precisión las señales procedentes de las atmósferas planetarias de las variaciones introducidas por sus estrellas anfitrionas.
Momento del despliegue del satélite Pandora tras su liberación desde la cofia del Falcon 9 en órbita terrestre. Créditos: SpaceX/NASA.
El telescopio espacial de la NASA ha observado la bóveda celeste en 102 longitudes de onda infrarrojas durante sus primeros seis meses de operaciones científicas.
El telescopio espacial SPHEREx de la NASA ha completado su primer mapa infrarrojo de todo el cielo, una cartografía global obtenida en 102 longitudes de onda distintas. Este conjunto de datos ofrece una visión del universo en regiones del espectro electromagnético invisibles al ojo humano y permite estudiar la estructura a gran escala del cosmos, la evolución de las galaxias y la distribución de compuestos clave en la Vía Láctea.
Mapa infrarrojo completo del cielo obtenido por el telescopio espacial SPHEREx en 102 longitudes de onda, destacando emisiones de estrellas, gas caliente y polvo cósmico. Créditos: NASA/JPL-Caltech