El rover Curiosity ha detectado en Marte más de 20 moléculas orgánicas complejas en rocas de aproximadamente 3.500 millones de años, constituyendo el conjunto más diverso identificado hasta ahora en la superficie marciana.
El hallazgo procede del análisis de la muestra “Mary Anning 3”, obtenida en el cráter Gale, una de las regiones clave en el estudio de la superficie de Marte por su registro sedimentario de antiguos ambientes lacustres. Estas rocas, ricas en minerales arcillosos, se formaron en presencia de agua líquida y ofrecen condiciones especialmente favorables para la preservación de compuestos de carbono a lo largo del tiempo geológico.
Autorretrato del rover Curiosity en el sitio Mary Anning, en la región Glen Torridon del cráter Gale. Créditos: NASA/JPL-Caltech/MSSS
Artemisa II completa con éxito su sobrevuelo de la Luna y regresa a la Tierra, en el primer vuelo tripulado lunar del siglo XXI y en el regreso de misiones humanas más allá de la órbita baja terrestre más de cinco décadas después del programa Apolo.
El 11 de abril de 2026 a las 00:07:27 UTC, la cápsula Orión Integrity amerizó en el océano Pacífico, a unos 70 kilómetros de la costa de Norteamérica, tras una misión de 9 días, 1 hora y 32 minutos. La tripulación, formada por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, son los primeros en realizar un sobrevuelo lunar sin alunizaje desde la misión Apolo 13 en 1970.
La cápsula Orión desciende con sus paracaídas principales antes del amerizaje en el océano Pacífico al final de la misión Artemisa II. Créditos: NASA/Bill Ingalls
Artemisa II ha devuelto a astronautas de la NASA a una trayectoria hacia la Luna por primera vez desde 1972, tras más de medio siglo sin misiones tripuladas más allá de la órbita baja terrestre.
El 1 de abril de 2026 a las 22:35 UTC, el cohete SLS despegó desde la rampa 39B del Centro Espacial Kennedy con la nave Orión, apodada Integrity, y cuatro astronautas a bordo. Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen iniciaron un vuelo de unos diez días que los llevará alrededor de la Luna y de regreso a la Tierra sin alunizaje.
La misión Artemisa II no está concebida para aterrizar en la Luna. La nave Orión realizará un sobrevuelo de la cara oculta a una distancia de entre 6.400 y 9.000 kilómetros antes de regresar a la Tierra utilizando la dinámica gravitatoria del sistema Tierra-Luna. El objetivo es validar el sistema completo con tripulación. Esto incluye el cohete SLS, la nave Orión, el módulo de servicio europeo y la infraestructura terrestre. También se pondrán a prueba maniobras manuales y los sistemas de soporte vital.
Tras uno o dos días en órbita terrestre, la nave ejecutará la maniobra TLI, o inyección translunar, un encendido de varios minutos donde ganará velocidad y se situará en trayectoria hacia la Luna. Durante el tránsito se realizarán correcciones de trayectoria y pruebas de sistemas, incluyendo procedimientos de emergencia y protección frente a radiación.
El sobrevuelo lunar marcará el punto más alejado de la misión. La nave superará previsiblemente el récord de distancia alcanzado por una tripulación humana durante Apolo 13. Durante el paso por la cara oculta se perderá la comunicación con la Tierra durante varios minutos, lo que obligará a operar de forma autónoma.
El lanzamiento de Artemisa II observado desde las inmediaciones del Centro Espacial Kennedy. Créditos: NASA
El telescopio espacial James Webb ha revelado por primera vez la estructura vertical de la ionosfera de Urano, mostrando cómo cambian la temperatura y la densidad del ion H3+ desde unos 475 hasta 5.000 km de altitud sobre el planeta. Las observaciones, realizadas el 19 de enero de 2025 durante casi una rotación completa de Urano, ofrecen la visión más detallada hasta ahora de su atmósfera superior y confirman que su termosfera continúa enfriándose en comparación con décadas anteriores.
La ionosfera es la región alta de la atmósfera donde la radiación solar y las partículas energéticas arrancan electrones de las moléculas, generando un gas parcialmente ionizado. En los gigantes gaseosos y helados, dominados por hidrógeno, uno de los iones más importantes es H3+, el ion trihidrógeno. Este ion se forma a partir del hidrógeno molecular y emite radiación en el infrarrojo cercano. Esa emisión permite medir, a distancia, tanto la temperatura como la cantidad de iones presentes, lo que convierte a H3+ en un indicador directo de las condiciones físicas de la termosfera.
Urano visto por el telescopio espacial James Webb en el infrarrojo cercano, donde se aprecian detalles de su atmósfera superior y el sistema de anillos. Créditos: ESA/Webb, NASA, CSA, STScI, P. Tiranti, H. Melin, M. Zamani (ESA/Webb).
Hasta ahora, el conocimiento directo de la estructura vertical de la ionosfera de Urano era muy limitado. La sonda Voyager 2, que sobrevoló el planeta en 1986, proporcionó datos sobre densidad electrónica, pero no perfiles verticales detallados de H3+. Las observaciones realizadas desde la Tierra en el infrarrojo permitieron estimar temperaturas medias y detectar una tendencia al enfriamiento desde principios de los años noventa, pero no mostraban cómo variaban esos parámetros con la altitud.
El James Webb utilizó su instrumento NIRSpec para observar las líneas de emisión de H3+ en el intervalo infrarrojo donde este ion brilla con mayor intensidad. Al estudiar el borde del disco del planeta, los investigadores pudieron reconstruir cómo cambian temperatura y densidad con la altura. El resultado es un perfil vertical completo de la ionosfera entre aproximadamente 475 y 5.000 km.
Los datos muestran que la temperatura aumenta gradualmente con la altitud hasta alcanzar un máximo de unos 470 K en torno a 3.600 km, y luego desciende de forma progresiva a mayores alturas. La temperatura media obtenida, 426 K, se sitúa en el extremo bajo de los valores medidos en las últimas décadas, lo que refuerza la idea de que la atmósfera superior de Urano se ha ido enfriando con el tiempo.
En cuanto a la densidad de H3+, el máximo se localiza cerca de 1.200 km, con valores del orden de 3 × 10^8 m−3. Por encima de unos 2.000 km la densidad disminuye con rapidez. Estos valores son inferiores a los previstos por algunos modelos teóricos desarrollados en años anteriores, lo que indica que las condiciones actuales de la termosfera y la geometría del campo magnético del planeta influyen de forma decisiva en la estructura real de la ionosfera.
Perfiles verticales globales de temperatura (izquierda) y densidad (derecha) del ion H3+ en la ionosfera de Urano, derivados de observaciones del instrumento NIRSpec del telescopio espacial James Webb el 19 de enero de 2025. Créditos: Tiranti et al., 2026
El estudio también revela variaciones según la longitud. Se identifican dos regiones con emisión más intensa de H3+, situadas en zonas próximas a las regiones aurorales. En estas áreas se observan aumentos moderados de temperatura y densidad, coherentes con procesos de calentamiento e ionización asociados a la interacción entre la atmósfera y el campo magnético.
Además, aparece una región donde tanto la emisión como la densidad de H3+ disminuyen de forma apreciable. Esta zona podría estar relacionada con la configuración particular del campo magnético de Urano, que está inclinado aproximadamente 59° respecto al eje de rotación y desplazado del centro del planeta. Esa geometría compleja puede modificar la forma en que las partículas energéticas penetran en la atmósfera y alteran localmente la estructura de la ionosfera.
Esquema del campo magnético de Urano que muestra la fuerte inclinación del eje del dipolo magnético, aproximadamente 59°, y su desplazamiento respecto al centro del planeta. Créditos: NASA / Voyager 2.
La comparación con modelos anteriores muestra diferencias notables. Algunos cálculos predecían densidades máximas más elevadas y a mayor altitud. Parte de la discrepancia puede deberse a que las observaciones del James Webb se realizaron cerca del terminador, la frontera entre día y noche, donde la ionización por radiación solar es menor que en la región subsolar. También influye el hecho de que la termosfera actual parece ser más fría que en la época de Voyager 2, lo que modifica la distribución vertical del hidrógeno molecular y, en consecuencia, la producción de H3+.
Estos resultados tienen implicaciones más amplias. La termosfera de los planetas gigantes es sistemáticamente más caliente de lo que se esperaría considerando solo la energía solar que reciben, un problema aún abierto en física planetaria. Medir con precisión cómo varían temperatura y densidad con la altitud permite restringir los mecanismos de calentamiento y transporte de energía, ya sea por interacción con el viento solar, por procesos magnetosféricos o por dinámica atmosférica.
La obtención de perfiles verticales directos de H3+ en Urano supone un avance significativo en el estudio de los gigantes helados. Hasta que una futura misión orbital pueda medir in situ estas capas altas, el telescopio espacial James Webb se consolida como la herramienta más potente para investigar la estructura y evolución de las atmósferas superiores de los planetas del Sistema Solar exterior.
La nave Crew Dragon completó su acoplamiento automático a la International Space Station el 14 de febrero a las 3:15 p.m. EST, estableciendo contacto suave con el puerto orientado al espacio del módulo Harmony. Tras la captura rígida y el aseguramiento estructural, comenzaron las comprobaciones de estanqueidad y la igualación de presiones entre ambos vehículos. A las 5:14 p.m. EST se abrieron las escotillas. Los cuatro recién llegados fueron recibidos por Chris Williams (NASA) y los cosmonautas Sergey Kud-Sverchkov y Sergei Mikaev (Roscosmos), integrantes de la Expedición 74 ya presentes en el complejo orbital. La estación pasó a albergar siete tripulantes.