¿Criovulcanismo o un anillo? El telescopio Webb detecta una anomalía térmica en el planeta enano Makemake

Una región más cálida de lo previsto en Makemake podría deberse a un anillo de polvo o a procesos activos en su superficie helada

La reciente detección de un exceso de emisión térmica en longitudes de onda medias en Makemake, uno de los objetos transneptunianos más brillantes y estudiados del cinturón de Kuiper, ha abierto una nueva línea de hipótesis sobre su actividad interna o entorno inmediato. Observaciones realizadas por el telescopio espacial James Webb (JWST) a través del instrumento MIRI (Mid-Infrared Instrument) han revelado una anomalía en el espectro térmico del planeta enano, indicando la presencia de una fuente de calor localizada cuya naturaleza aún no se ha determinado con certeza.

Las observaciones reales se muestran como puntos negros. La curva de cuerpo negro de 40K está en rojo y la de 147K, en azul. Las dos observaciones más a la izquierda son del JWST a 18 y 25 micras, y son mucho más brillantes de lo esperado para un objeto de 40K. Al añadir el punto más caliente de 147K, las curvas encajan perfectamente. Créditos: Kiss et al., 2024

Makemake orbita al Sol a una distancia que varía entre 5.700 y 7.900 millones de km, con una órbita moderadamente excéntrica. Su tamaño, de aproximadamente 1.430 km de diámetro, y su superficie cubierta principalmente por metano y etano helado lo convierten en uno de los cuerpos más representativos de los llamados objetos helados del cinturón de Kuiper. La temperatura promedio esperada para un objeto como Makemake, basado en su distancia al Sol y sus propiedades reflectivas, es de unos 40 K (aproximadamente -230 °C). A esta temperatura, su emisión térmica debería tener un pico en torno a los 100 micras de longitud de onda, en el rango del infrarrojo lejano o submilimétrico.

Sin embargo, las observaciones realizadas por JWST en las longitudes de onda de 18 y 25 micras han detectado un incremento significativo de flujo, con valores de brillo entre 4 y hasta 10 veces superiores a los esperados. Este tipo de emisión solo puede explicarse mediante la presencia de una fuente localizada con una temperatura mucho mayor que la del resto de la superficie, alrededor de 147 K, es decir, aproximadamente -126 °C. Aunque sigue siendo una temperatura extremadamente baja en términos terrestres, representa un contraste térmico de casi 100 °C respecto a la superficie general del cuerpo.

El equipo dirigido por Csaba Kiss ha considerado dos escenarios principales para explicar esta anomalía. El primero contempla la posibilidad de que exista una región activa en la superficie de Makemake, que podría estar asociada a actividad criovolcánica. En este modelo, una fracción muy pequeña del área visible, del orden del 0,04 %, estaría emitiendo con una temperatura elevada. Este fenómeno podría ser resultado de eyecciones localizadas de material caliente desde el subsuelo, a través de fracturas en la corteza de hielo que permitirían liberar metano líquido o agua mezclada con otros compuestos volátiles. Este tipo de actividad ya ha sido propuesto en otros objetos transneptunianos como Eris o Quaoar, y estaría en línea con modelos térmicos que sugieren que estos cuerpos pueden conservar calor interno suficiente, generado por desintegración radiactiva o procesos de diferenciación interna.

Imagen del planeta enano Makemake tomada por el telescopio espacial Hubble, mostrando su aspecto rojizo y su pequeña luna
Imagen de Makemake obtenida por el telescopio espacial Hubble. Se observa la presencia de su luna, MK2, descubierta en 2015. Créditos: NASA, ESA, A. Parker y M. Buie

El segundo escenario sugiere que Makemake podría estar rodeado por un anillo de polvo compuesto por granos ricos en carbono, similar a los anillos detectados en otros cuerpos del sistema solar como Cariclo o Haumea. En este caso, la emisión térmica detectada correspondería no a la superficie del planeta enano, sino al polvo del anillo, que absorbería radiación solar y la reemitiría en el rango infrarrojo medio. La existencia de anillos en cuerpos de tamaño medio o pequeño del sistema solar ha sido una sorpresa en la última década, ya que se pensaba que solo los planetas gigantes podían mantener estructuras de este tipo de forma estable. En el caso de Haumea, el anillo fue identificado a través de ocultaciones estelares, pero en Makemake este método no ha revelado hasta ahora evidencias directas de material circundante.

Aunque el planeta enano posee una luna, denominada MK2, su contribución a la señal térmica detectada fue considerada y descartada por los autores del estudio. La luna es demasiado pequeña y oscura para explicar el exceso de flujo térmico, por lo que cualquier modelo satisfactorio debe incluir una fuente adicional de emisión, ya sea superficial o externa.

La posibilidad de que Makemake tenga actividad térmica interna es particularmente relevante en el contexto de la comprensión de los objetos del cinturón de Kuiper. Estos cuerpos helados conservan información sobre las condiciones iniciales del sistema solar exterior, y su evolución térmica, dinámica y química puede ofrecer claves sobre los procesos que dieron lugar a la formación planetaria. Si Makemake presenta criovulcanismo activo, esto sugeriría una estructura interna diferenciada, con una capa de material fundido o parcialmente fundido, y una corteza permeable a los gases.

Ilustración de tres modelos internos del planeta enano Makemake, mostrando diferentes configuraciones de núcleo, manto y corteza helada y en todos ellos presencia de agua
La ilustración señala tres posibilidades, incluyendo la posibilidad de que exista agua líquida dentro Makemake en los confines del sistema solar, lejos del calor del Sol. Créditos: SWRI

Por otra parte, si el exceso térmico se debe a un anillo, esto abriría nuevas preguntas sobre el origen, composición y estabilidad de tales estructuras en cuerpos tan pequeños y lejanos del Sol. En este sentido, Makemake se uniría a un grupo selecto de cuerpos del sistema solar que incluyen anillos en su entorno inmediato, desafiando modelos clásicos que asociaban este fenómeno únicamente con los planetas gigantes. El polvo rico en carbono que se propone como material dominante del hipotético anillo también introduce implicaciones sobre el origen del material, posiblemente derivado de colisiones recientes o procesos de erosión de pequeños satélites.

El hallazgo ha sido posible gracias a la capacidad del JWST para observar con alta sensibilidad y resolución espectral en el infrarrojo medio. El instrumento MIRI permite cubrir el rango de longitudes de onda entre 5 y 28 micras, lo cual resulta esencial para detectar pequeñas desviaciones del comportamiento de emisión térmica de cuerpos fríos. En particular, las observaciones realizadas en los canales de 18 y 25,5 micras fueron fundamentales para identificar el exceso de emisión. El modelo propuesto por Kiss y colaboradores se ajusta a los datos mediante la suma de dos curvas de cuerpo negro: una correspondiente a la temperatura global esperada para Makemake y otra para la región caliente o fuente secundaria.

Las observaciones previas realizadas desde tierra y con telescopios como Spitzer o Herschel ya habían caracterizado la curva de emisión de Makemake en el rango del submilimétrico, sin detectar irregularidades importantes. El hecho de que el exceso solo aparezca en el infrarrojo medio, y no en el infrarrojo lejano, refuerza la hipótesis de que la fuente es pequeña o localizada, ya que un objeto más grande produciría una alteración de la curva también en otras longitudes de onda.

Recreación de Makemake y su luna MK2
Ilustración artística de Makemake y su luna. Créditos: NASA/ESA/A. Parker y M. Buie (SwRI)

Más allá de este descubrimiento concreto, el caso de Makemake pone de relieve la necesidad de contar con observaciones de alta precisión para explorar la diversidad de los planetas enanos del sistema solar exterior. Objetos como Plutón, Eris, Haumea o Quaoar han mostrado características inesperadas que van desde atmósferas tenues hasta posibles criovolcanes o sistemas de anillos. En este contexto, Makemake podría pasar de ser uno de los objetos más tranquilos del cinturón de Kuiper a representar un laboratorio natural para estudiar fenómenos térmicos en ambientes extremadamente fríos.

En los próximos años, observaciones adicionales con JWST y futuras ocultaciones estelares podrían permitir confirmar la existencia de un anillo en torno a Makemake o caracterizar con mayor detalle la naturaleza de la región caliente detectada. También se abre la puerta a explorar fenómenos similares en otros objetos transneptunianos, especialmente aquellos que aún no han sido estudiados en detalle en el rango del infrarrojo medio.

Referencias y más información

Neptuno muestra sus auroras: Webb detecta el fenómeno y un enfriamiento de su atmósfera

Neptuno, el octavo planeta del sistema solar y uno de los menos explorados, ha revelado por primera vez una imagen directa de auroras gracias a las capacidades del telescopio espacial James Webb. Este hallazgo representa un avance significativo en el conocimiento del comportamiento magnético y atmosférico de los gigantes de hielo.

A pesar de que las auroras ya se habían identificado en otros planetas gigantes como Júpiter, Saturno y Urano, en el caso de Neptuno, su detección visual directa había eludido a los astrónomos desde el descubrimiento de su campo magnético por la sonda Voyager 2 en 1989.

Las observaciones de Webb mostraron que las auroras de Neptuno no se localizan en los polos como en la Tierra, sino que se sitúan en latitudes medias. Este fenómeno está estrechamente relacionado con la inclinación de 47° entre el eje de rotación del planeta y su campo magnético, lo que hace que las líneas de campo magnético penetren la atmósfera en regiones distintas a las polares. En la Tierra, esas zonas corresponderían aproximadamente a las latitudes de Sudamérica. Esta inclinación tan pronunciada había sido identificada ya por Voyager 2, pero sin una detección clara del fenómeno auroral.

El equipo científico utilizó la cámara de infrarrojo cercano NIRCam del telescopio Webb, que opera entre las 0,6 y 5 micras, para observar estas auroras mediante la emisión del catión trihidrógeno (H3+), una señal inequívoca de actividad auroral. La luz infrarroja absorbida por el gas metano en la atmósfera de Neptuno deja oscurecido al planeta en esas longitudes de onda, lo que permite resaltar otras estructuras como nubes altas o emisiones aurorales. La línea de emisión de H3+ fue detectada con claridad en el espectro de Webb, confirmando la actividad auroral del planeta.

Detalle de las nubes y atmósfera superior de Neptuno
Neptuno captado por la sonda Voyager 2 en su histórico sobrevuelo en 1989. Créditos: NASA/JPL

Además, Webb ha permitido medir por primera vez en más de tres décadas la temperatura de la atmósfera superior de Neptuno, revelando un descenso térmico drástico respecto a las mediciones de 1989 realizadas por Voyager. En 2023, la temperatura se registró en valores inferiores a la mitad de los observados en el sobrevuelo de la sonda estadounidense. Este enfriamiento explicaría por qué las auroras de Neptuno han sido tan difíciles de detectar previamente, ya que temperaturas más frías generan emisiones más débiles. Asimismo, este cambio térmico sugiere una dinámica atmosférica más activa de lo que se suponía para un planeta que se encuentra a más de 30 veces la distancia Tierra-Sol.

Las observaciones forman parte del programa de Observaciones con Tiempo Garantizado (GTO 1249), dirigido por la investigadora Heidi Hammel y con la colaboración de Henrik Melin y Leigh Fletcher. El equipo planea continuar el monitoreo de las auroras de Neptuno a lo largo de un ciclo solar completo de 11 años. Esta estrategia permitirá entender cómo el campo magnético del Sol afecta a los confines del sistema solar y proporcionará pistas sobre el origen del peculiar campo magnético de Neptuno y su extraña inclinación axial.

En paralelo, el telescopio James Webb ya había ofrecido observaciones relevantes del planeta. En una de sus primeras imágenes, Webb reveló una visión sin precedentes de los anillos de Neptuno, incluyendo algunos que no se habían visto desde el sobrevuelo de Voyager. Gracias a su estabilidad y sensibilidad en el infrarrojo, el instrumento fue capaz de captar incluso las bandas de polvo más tenues alrededor del planeta. También se detectaron múltiples nubes de metano en las capas altas de la atmósfera y una estructura brillante cerca del ecuador, posiblemente relacionada con los patrones globales de circulación atmosférica.

En aquella misma campaña de observación, Webb captó siete de los 16 satélites de Neptuno conocidos: Galatea, Náyade, Talasa, Despina, Proteo, Larisa y, especialmente, Tritón, que apareció como un punto de luz muy brillante debido a su superficie de nitrógeno congelado que refleja un 70 % de la luz solar incidente. Tritón es una luna peculiar por su órbita retrógrada y sugiere un origen distinto, probablemente como un objeto capturado del cinturón de Kuiper. Está previsto que Webb realice nuevos estudios tanto de Tritón como del propio planeta en los próximos años.

El interés por el estudio de Neptuno no se limita al ámbito observacional. China ha revelado recientemente ambiciosos planes para enviar sondas al planeta durante la próxima década. Una de las misiones más avanzadas, programada para 2039, contempla el uso de un reactor de fisión para alimentar un orbitador que no solo pasará cerca de Neptuno, sino que permanecerá en órbita durante largos periodos. Esta nave también incluiría una cápsula atmosférica capaz de desplegar un globo para analizar de forma prolongada y detallada la composición química de la atmósfera del planeta.

Ilustración de una sonda china alrededor del planeta Neptuno
Representación artística de una misión china orbitando Neptuno con ayuda de Tritón. Créditos: CNSA

Otra propuesta, con lanzamiento estimado en 2033, se basa en la arquitectura de la misión Tianwen 4 a Urano. Su diseño contempla el uso del gran lanzador CZ-9 y el empleo de dos generadores termoeléctricos de radioisótopos (RTG). Con una masa estimada de 2,1 toneladas, esta nave también se colocaría en órbita neptuniana utilizando la gravedad de Tritón para lograr una inclinación orbital de 70° con un periodo de 84 días. Tras varios sobrevuelos lunares, se establecería una órbita final de 843 x 256.000 km con un periodo de 12 días.

Estas misiones chinas podrían ofrecer un complemento ideal a las observaciones remotas de Webb, abriendo una nueva era de estudios in situ sobre la atmósfera, los anillos de Neptuno, sus satélites y, en especial, sobre su mayor luna, Tritón.

El interés renovado por el planeta Neptuno se justifica además por su importancia astrofísica. Muchos de los exoplanetas descubiertos en órbita alrededor de otras estrellas presentan tamaños, masas y composiciones similares a los de Neptuno, especialmente aquellos clasificados como «mini-Neptunos» o «sub-Neptunos». Comprender a fondo las características de Neptuno dentro del sistema solar puede ofrecer una base comparativa esencial para interpretar los datos de exoplanetas detectados por telescopios como Kepler, TESS o el mismo Webb.

Estudiar la estructura interna, la dinámica atmosférica, el sistema de anillos y la configuración de sus lunas proporciona claves para construir modelos más precisos de la formación planetaria, tanto a nivel local como en escalas galácticas. Además, la detección y análisis de auroras permiten investigar la interacción entre viento solar y campos magnéticos planetarios en condiciones extremas de distancia y temperatura.

Así, el reciente descubrimiento de auroras en el planeta Neptuno no solo resuelve un misterio pendiente desde la era Voyager, sino que inaugura una nueva etapa de exploración del último gigante helado del sistema solar.

Bibliografía y fuentes:

  • Melin, H. et al. (2025). Detection of H3+ auroral emission in Neptune using JWST. Nature Astronomy.
  • Hammel, H. et al. (2025). Programa GTO 1249, James Webb Space Telescope.

El telescopio James Webb toma su primera imagen directa de un exoplaneta

El telescopio espacial James Webb ha tomado su primera imagen directa de un exoplaneta, un planeta fuera de nuestro Sistema Solar. El exoplaneta, HIP 65425 b, es un gigante gaseoso que orbita alrededor de una estrella de tipo A, tiene una masa de unas nueve veces la de Júpiter y se encuentra a unos 355 años luz de la Tierra. Aunque el planeta no tiene prácticamente ninguna posibilidad de ser habitable, los datos de estas observaciones demuestran lo poderosa que será la herramienta del JWST para estudiar los exoplanetas.

Imágenes tomadas con las cámaras NIRCam y MIRI del telescopio espacial JWST. Créditos: NASA/ESA/CSA, A Carter (UCSC), the ERS 1386 team, and A. Pagan (STScI)

El planeta fue descubierto originalmente en 2017 con el coronógrafo Sphere (Spectro-Polarimetric High-contrast Exoplanet REsearch) instalado en el VLT (Very Large Telescope) del Observatorio Europeo Austral situado en Chile, que tomó imágenes de él utilizando longitudes de onda infrarrojas cortas de luz. Los astrónomos estaban interesados en observar este planeta con el JWST, ya que la capacidad del telescopio para ver en longitudes de onda infrarrojas más largas puede revelar nuevos detalles que los telescopios terrestres no podrían detectar.

Las nuevas observaciones de este planeta formaron parte del Ciclo Primero de observaciones del JWST, que permite a los astrónomos y aficionados tener acceso inmediato a los primeros datos de observaciones científicas específicas del JWST. El público puede ver y comprender la increíble gama de ciencia que este telescopio es capaz de realizar, y los astrónomos de todo el mundo tendrán la oportunidad de analizar los datos y planificar observaciones de seguimiento.

Además, estas primeras observaciones con el nuevo telescopio permiten a los astrónomos entender cómo funciona este telescopio y lo que pueden conseguir con sus observaciones.

Tomar imágenes directas de exoplanetas es un reto porque las estrellas son mucho más brillantes que los planetas. Pero el JWST lleva coronógrafos que permiten obtener imágenes directas de los exoplanetas cerca de sus estrellas. La imagen de este exoplaneta es sólo un «punto», no un gran panorama, pero estudiando ese punto, los astrónomos pueden aprender mucho sobre él. Eso incluye su color, las diferencias entre las estaciones, su rotación y si puede haber diferentes estaciones y clima.

El planeta HIP 65426 b es más de 10.000 veces más débil que su estrella anfitriona en el infrarrojo cercano, y algunos miles de veces más débil en el infrarrojo medio. Una de las claves de las observaciones del JWST es su capacidad de espectroscopia, que es la ciencia que mide la intensidad de la luz en diferentes longitudes de onda. Cuando un planeta pasa por delante de una estrella, la luz estelar atraviesa la atmósfera del planeta. Los astrónomos explicaron que si, por ejemplo, el planeta tiene sodio en su atmósfera, el espectro de la estrella, sumado al del planeta, tendrá lo que se llama una «línea de absorción» en el lugar del espectro donde se esperaría ver el sodio. Esto se debe a que diferentes elementos y moléculas absorben la luz a energías características y así es como sabemos en qué lugar del espectro podríamos esperar ver la firma del sodio (o del metano o del agua) si está presente.

Uno de los principales usos del telescopio espacial James Webb será el estudio de las atmósferas de los exoplanetas, para buscar los componentes básicos de la vida en otros lugares del Universo. La ventaja de realizar observaciones en el infrarrojo es que es en las longitudes de onda infrarrojas donde las moléculas de las atmósferas de los exoplanetas tienen el mayor número de características espectrales.

Ilustración del JWST

En las últimas tres décadas hemos vivido una gran revolución: los albores de la era de los exoplanetas. Si antes no conocíamos ningún planeta orbitando alrededor de estrellas lejanas y nos preguntábamos si el Sistema Solar era único, ahora sabemos que hay planetas por todas partes. A 30 de agosto hay confirmados 5.084 exoplanetas y la cifra aumenta cada día. El objetivo final del James Webb por tanto es el de encontrar un planeta con una atmósfera similar a la de la Tierra. ¿Será capaz?

Más información:

The JWST Early Release Science Program for Direct Observations of Exoplanetary Systems I: High Contrast Imaging of the Exoplanet HIP 65426 b from 2-16 μm

Primeras observaciones científicas del Telescopio James Webb

Las primeras observaciones del telescopio espacial James Webb muestran desde cercanos exoplanetas hasta las galaxias más distantes y primitivas

La espera ha merecido sin duda la pena. Si el pasado 11 de julio, nada menos que el presidente de EEUU Joe Biden nos ponía los dientes largos a los aficionados del cosmos y ciencia en general con la publicación o avance de la primera imagen científica del flamante nuevo telescopio James Webb, ayer se hicieron públicos nuevos datos.

Imagen presentada en primicia por Joe Biden el 12 de julio. Muestra el primer campo profundo del James Webb, el cúmulo de galaxias SMACS 0723, la imagen infrarroja más nítida y profunda del universo conocido hasta la fecha.
Créditos: NASA/ESA/CSA/STScI

El equipo de la misión ha querido revelar las enormes capacidades del JWST con tres nuevas imágenes y un espectro, mostrando entusiasmo por los resultados que están por venir, que sin duda revolucionarán nuestra comprensión del universo. La resolución del telescopio es impresionante si lo comparamos con el telescopio espacial Hubble. Estas primeras observaciones del telescopio fueron seleccionadas por un grupo de representantes de la NASA, la ESA, la CSA y el Instituto de Ciencias del Telescopio Espacial (STScl).

Una de las imágenes, muestra la nebulosa planetaria del Anillo Sur, una enorme nube con forma de burbuja, creada por el polvo y gas fruto de la expulsión de la atmósfera de su estrella central ya en la etapa final de su vida. Gracias al instrumento de infrarrojo medio del telescopio hemos podido conocer que la estrella está acompañada por una segunda estrella, antes imperceptible.

Nebulosa planetaria del Anillo Sur captada por los instrumentos NIRCAM (izquierda) y MIRI (derecha) del telescopio James Webb. Créditos: NASA/ESA/CSA/STScI

El Quinteto de Stephan, un grupo de cinco galaxias que parecen tocarse entre sí, a 290 millones de años luz de distancia con multitud de galaxias de fondo. Si antes los fondos de este tipo de imágenes estaban repletos de puntitos, ahora con la enorme resolución del telescopio cada puntito revela una nueva galaxia.

Quinteto de Stephan captado por el instrumento NIRCAM del James Webb. Créditos: NASA/ESA/CSA/STScI

El equipo científico del JWST ha publicado los primeros datos de espectografía, un análisis químico del exoplaneta WASP-96b, un gigante gaseoso caliente, con la mitad del tamaño de Júpiter que gira alrededor de su estrella en tan solo 3,5 días. El Webb pudo observar y analizar la composición del exoplaneta mientras transitaba delante de su sol, detectando agua y calculando su temperatura en 725ºC.

Espectro del exoplaneta WASP-96b, primer análisis químico de un exoplaneta realizado por el telescopio James Webb.

Por último presentaron el borde de una región de formación estelar llamada NGC 3324 en la nebulosa de Carina, la más brillante conocida, revelando por primera vez nuevas zonas de nacimiento de estrellas.

Región de formación estelar NGC 3324 en la nebulosa de Carina, captado por el instrumento NIRCAM del telescopio James Webb.

El telescopio espacial James Webb es el principal observatorio de ciencias espaciales del mundo. Con mejores prestaciones que el telescopio espacial Hubble, el James Webb observa en infrarrojo, mientras que el Hubble observa el espectro visible y ultravioleta, por lo que el nuevo telescopio James Webb lejos de ser su sucesor, complementa y amplía los conocimientos obtenidos mediante las observaciones del Hubble obteniendo una visión en el espacio sin precedentes. Otra diferencia significativa es que el Hubble rodea nuestro planeta en órbita baja, mientras el James Webb se encuentra en el punto L2 del sistema Tierra-Sol, a aproximadamente 1,5 millones de kilómetros de nuestro planeta.

El telescopio se lanzó al espacio en diciembre de 2021 tras más de 20 años de desarrollo fruto de la colaboración de tres agencias, la NASA, la ESA y la CSA o Agencia Espacial Canadiense.

Créditos de las imágenes: NASA/ESA/CSA/STScI

Siete planetas terrestres orbitando la estrella TRAPPIST-1, algunos de ellos «potencialmente habitables»

Hace un año se hizo público el descubrimiento de tres planetas de tipo terrestre por el equipo del programa TRAPPIST del Observatorio Europeo Austral (ESO) alrededor de una pequeña estrella conocida ahora como TRAPPIST-1. Dicho programa TRAPPIST (TRAnsiting Planets and PlanetesImals Small Telescope) usa un pequeño telescopio de apenas 60cm de diámetro en el Observatorio de La Silla en Chile y se dedica a buscar planetas extrasolares mediante el método de tránsito alrededor de enanas rojas y enanas marrones.

Concepción artística desde la superficie del planeta TRAPPIST-1f. Créditos: NASA.
Concepción artística desde la superficie del planeta TRAPPIST-1f. Créditos: NASA.

Pues bien, ayer en un comunicado conjunto entre los responsables del programa y también de la NASA se hizo público que no están solos los tres planetas orbitando la estrella TRAPPIST-1, sino que son siete los planetas descubiertos, todos de tipo terrestre y todos de tamaño similar a la Tierra o incluso más pequeños, situados tres de ellos en la región denominada «zona habitable» que no es más que una zona imaginaria donde el agua en caso de existir en aquellos planetas se podría mantener en estado líquido. En cada estrella esta zona es diferente. Por poner un ejemplo, los planetas descubiertos estarían más cerca de su estrella que el planeta Mercurio del Sol, pero al ser una estrella ultrafría, la zona denominada habitable estaría más cerca de la misma.  Continúa leyendo Siete planetas terrestres orbitando la estrella TRAPPIST-1, algunos de ellos «potencialmente habitables»