Hacia Ío: el ambicioso plan para recoger muestras sin aterrizar

La posibilidad de recoger muestras directas del material eyectado por los volcanes de Ío, la luna más activa geológicamente del sistema solar, está siendo considerada con renovado interés tras una serie de estudios que exploran tanto la viabilidad técnica como el valor científico de dicha misión. Una reciente propuesta científica ha presentado los fundamentos para una misión de retorno de muestras basada en el sobrevuelo de las columnas volcánicas de Ío, sin necesidad de aterrizar en su superficie. Esta idea, que ha sido discutida en el marco del 56.º Congreso de Ciencia Lunar y Planetaria (LPSC 2025), plantea una estrategia de muestreo directo que evitaría los riesgos asociados a las intensas emisiones de radiación y actividad volcánica en la superficie de esta luna de Júpiter.

Imagen de plumas eruptivas de Ío observadas por la sonda Galileo en 1997
Fotografía capturada por Galileo en 1997 mostrando plumas volcánicas activas en Ío. Créditos: NASA/JPL

Ío se sitúa como un objetivo prioritario en los programas de retorno de muestras por su singularidad en la dinámica planetaria del sistema solar. Con más de 400 volcanes activos y un régimen de erupciones que pueden alcanzar los 400 km de altura, Ío representa un laboratorio natural excepcional para estudiar procesos geológicos como el vulcanismo extremo, la interacción entre satélites y campos magnéticos planetarios, y la evolución térmica de cuerpos planetarios sujetos a calentamiento por marea. A diferencia de cuerpos geológicamente inactivos, la superficie de Ío se encuentra en constante renovación, lo que ha permitido preservar materiales poco afectados por el envejecimiento espacial.

Desde su descubrimiento como mundo volcánicamente activo por la sonda Voyager 1 en 1979, los satélites de Júpiter han sido objeto de múltiples misiones, incluyendo Galileo, Cassini, New Horizons y, en la actualidad, Juno. Sin embargo, la exploración de Ío ha sido limitada debido al entorno extremadamente hostil que impone la magnetosfera de Júpiter, cuya intensa radiación puede dañar o destruir las sondas en períodos breves. Las propuestas anteriores, como las misiones FIRE o IVO, contemplaban sobrevuelos cercanos, pero ninguna fue seleccionada. La nueva propuesta recupera el interés en Ío, planteando una trayectoria más eficiente en términos de riesgo y costes: interceptar directamente una columna volcánica mediante un sobrevuelo controlado.

El diseño preliminar de la misión contempla una nave que realice varios sobrevuelos del satélite para identificar regiones activas. Una vez localizada una pluma volcánica activa —potencialmente en el volcán Prometeo, que ha mostrado una estabilidad eruptiva destacada—, la nave cruzaría la pluma en altitudes comparables a las de un avión comercial, utilizando un sistema de recolección de partículas integrado en una cápsula del tamaño de una bandeja. Este sistema permitiría capturar partículas sólidas y volátiles sin necesidad de contacto con la superficie, lo que evita muchas de las complicaciones de una misión de aterrizaje.

Impresión artística de la propuesta Prometheus cruzando una pluma volcánica en Ío
Impresión artística de la sonda Prometheus sobrevolando una pluma volcánica en Ío. Créditos: James Tuttle Keane

En la propuesta técnica, la misión se enmarca en el programa New Frontiers de NASA, con un perfil de vuelo que incluiría la inserción orbital en el sistema joviano, maniobras gravitatorias para ajustar la trayectoria y retorno balístico a la Tierra una vez completada la fase de muestreo. La duración estimada total sería de aproximadamente 9,4 años, incluyendo el viaje de ida, operaciones en órbita de Júpiter y regreso de las muestras.

La importancia científica de recuperar partículas directamente desde una columna volcánica de Ío reside en su potencial para revelar la composición isotópica y mineralógica del interior de esta luna. A diferencia de la Tierra, donde los procesos de erosión y tectónica complican el acceso a materiales antiguos, Ío puede ofrecer información sobre condiciones iniciales del sistema solar, ya que el material expulsado por sus volcanes podría proceder de capas profundas poco alteradas. Además, el estudio de estos materiales ayudaría a comprender las diferencias de composición con otras lunas de Júpiter como Europa o Ganímedes, así como los procesos de fraccionamiento químico inducidos por el calor de marea.

Ío está sometida a un intenso proceso de calentamiento interno debido a su interacción gravitatoria con Júpiter y las lunas vecinas Europa y Ganímedes. Este fenómeno, conocido como resonancia de Laplace, produce mareas internas que estiran y comprimen el cuerpo de Ío, generando calor por fricción en su interior. Esta energía térmica acumulada alimenta un océano magmático estimado en más de 30 km de espesor bajo la corteza. Los volcanes de Ío no solo presentan temperaturas extremas, sino que también están acompañados por características geológicas como lagos de lava, fuentes de fuego y montañas de varios kilómetros de altura formadas por colapsos de la corteza. Una de las erupciones más intensas jamás observadas en el sistema solar fue registrada en 2001 en el volcán Surt, con una emisión energética de hasta 80.000 GW.

Esquema del toro de plasma en la órbita de Ío
Esquema del toro de plasma sobre la órbita de Ío alrededor de Júpiter. Créditos: NASA/JPL

El entorno de Ío no es solo geológico, también es electromagnético. Las plumas volcánicas cargadas de partículas interaccionan con el potente campo magnético de Júpiter generando un anillo de plasma denominado «torus de Ío». Este entorno radiactivo plantea desafíos técnicos, pero también oportunidades para estudiar cómo la actividad interna de una luna puede afectar a su atmósfera y a su relación con el planeta anfitrión.

Las analogías con las misiones Apolo también refuerzan el valor del retorno de muestras. En la Luna, los astronautas de Apolo 17 descubrieron perlas de vidrio volcánico que revelaron propiedades inesperadas del interior lunar. En el caso de Ío, el estudio de los materiales de las plumas volcánicas podría arrojar información inédita sobre su manto, su atmósfera transitoria y la interacción entre componentes volátiles y minerales silicatados.

El artículo científico que sustenta esta propuesta, firmado por más de una veintena de investigadores y liderado por Aanu Adeloye, destaca que una misión de retorno de muestras desde Ío es tecnológicamente viable en el marco actual de desarrollo aeroespacial. La misión también se beneficiaría de simulaciones detalladas de la dinámica de las plumas, lo que permitiría planificar con precisión la trayectoria de vuelo y minimizar los riesgos para la nave.

Imagen del lado nocturno y el lado diurno de Ío tomada por la sonda Juno de la NASA. Créditos: NASA/JPL-Caltech/SwRI/MSSS/Emma Wälimäki

Además de mejorar la comprensión sobre la formación y evolución de Ío, los datos también serían relevantes para la astrobiología y la geofísica comparada. Los procesos de calentamiento de marea que se observan en Ío podrían estar actuando en otras lunas heladas del sistema joviano, donde, a diferencia de Ío, el calor interno no produce volcanismo silicatado, sino actividad criovolcánica asociada a la existencia de océanos subterráneos.

Este tipo de misiones de muestreo se inscribe dentro de un contexto más amplio de exploración del sistema joviano. La exploración de Júpiter y sus satélites ha adquirido un papel destacado en la agenda científica internacional, con misiones como JUICE de la ESA o Europa Clipper de NASA centradas en lunas con potencial astrobiológico. Aunque Ío no es un candidato para la habitabilidad, su estudio ofrece un marco de referencia para comprender los extremos del volcanismo planetario, los límites térmicos de los cuerpos sólidos y las condiciones que podrían haber prevalecido en las primeras etapas del sistema solar.

Con un perfil técnico basado en tecnología ya disponible, un diseño de misión orientado a la eficiencia operativa y un retorno científico elevado, la posibilidad de una misión como Prometheus —nombre propuesto para este retorno de muestras desde Ío— parece estar cada vez más cerca de ser considerada como parte de los planes estratégicos de exploración planetaria.

La sonda Hera sobrevuela Marte rumbo a Didymos y obtiene imágenes de Deimos, la menor de sus lunas

La sonda Hera, de la Agencia Espacial Europea (ESA), ha completado con éxito su sobrevuelo de Marte el 12 de marzo de 2025, utilizando la gravedad del planeta rojo para ajustar su trayectoria hacia su destino final, el sistema binario de asteroides Didymos-Dimorphos. La nave pasó a 5.670 km de la superficie marciana y capturó imágenes detalladas del planeta y sus dos lunas, Deimos y Fobos, usando tres instrumentos científicos.

El sobrevuelo de Marte formaba parte de una maniobra planificada para aprovechar la atracción gravitacional del planeta y modificar la trayectoria de Hera sin necesidad de gastar grandes cantidades de propelente. Esta técnica permitió reducir el tiempo de viaje hacia Didymos, donde la sonda llegará en diciembre de 2026 para analizar los efectos del impacto de la misión DART de la NASA, que en 2022 logró alterar la órbita del asteroide Dimorphos.

Durante su aproximación a Marte, la sonda Hera utilizó tres de sus instrumentos para registrar datos del planeta y sus lunas. La sonda activó su Asteroid Framing Camera (AFC), una cámara en blanco y negro de 1020×1020 píxeles, su cámara hiperespectral HyperScout-H, capaz de analizar la composición mineral en 25 bandas espectrales, y su cámara de imagen térmica TIRI, desarrollada por la Agencia Espacial Japonesa (JAXA), que captura datos en el infrarrojo medio y permite determinar la temperatura y textura de las superficies observadas.

Durante el sobrevuelo pudo capturar con gran detalle Deimos, la luna más externa y menor de Marte, desde una distancia de solo 1.000 km. Hera logró captar imágenes detalladas del hemisferio opuesto al que normalmente es visible desde el planeta, complementando así los datos obtenidos por el paso cercano a la luna por la misión Al Amal de los Emiratos Árabes Unidos en 2023.

El análisis espectral de Deimos permitirá a los científicos profundizar en su origen y composición. Existen dos hipótesis principales: algunos astrónomos creen que Deimos, junto con Fobos, es un asteroide capturado, mientras que otros sugieren que podría haber surgido a partir de los restos de una colisión catastrófica en el pasado de Marte.

Después de su paso por Deimos, la sonda Hera continuó su trayectoria y captó imágenes de Fobos, la luna más grande de Marte, aunque desde una distancia mayor y con menos detalle. La misión Martian Moons eXploration (MMX), liderada por la Agencia Espacial Japonesa (JAXA), estudiará a fondo Fobos tras su lanzamiento en 2026, con el objetivo de recoger muestras y traerlas a la Tierra en 2031.

Las imágenes de Fobos obtenidas por Hera servirán como referencia para optimizar la planificación de MMX, especialmente en lo referente a su descenso y recolección de material en la superficie de la luna marciana.

A diferencia de otras misiones que usan sobrevuelos para acelerar su velocidad, en el caso de Hera la asistencia gravitacional se ha utilizado principalmente para cambiar la inclinación de su órbita y alinearla con su objetivo final, el sistema Didymos.

Esta maniobra es similar a la que recientemente realizó la sonda Europa Clipper de la NASA, que sobrevoló Marte el 1 de marzo de 2025 para modificar su trayectoria y prepararse para un futuro sobrevuelo de la Tierra antes de dirigirse a Júpiter. Sin embargo, a diferencia de Hera, Europa Clipper no tomó imágenes del planeta para evitar daños en sus sensores ópticos por la intensa luz solar.

El sobrevuelo de Marte también permitió probar el rendimiento de los instrumentos de Hera en condiciones reales antes de su llegada a Didymos. Sus cámaras y sensores necesitarán funcionar con gran precisión para analizar la superficie de Dimorphos y medir los efectos del impacto de DART.

Al llegar al sistema Didymos, Hera desplegará dos cubesats, pequeños satélites que se acercarán al asteroide para recolectar datos de su estructura interna y del cráter generado por la colisión de DART. Además, utilizará un altímetro láser PALT, que no fue activado durante el sobrevuelo de Marte debido a su alcance limitado de 20 km, pero que será esencial en la fase de exploración del asteroide.

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Misiones exitosas o parcialmente exitosas que han visitado Marte por tipo de misión y año de llegada. Créditos: NoSoloSputnik

La misión, que forma parte del programa de Defensa Planetaria de la ESA, no solo busca estudiar los efectos del impacto de DART, sino también avanzar en el desarrollo de estrategias de desvío de asteroides que podrían ser clave para proteger la Tierra en el futuro. Además de las sondas Europa Clipper y Hera, anteriormente las sondas Rosetta y Dawn efectuaron sendas asistencias gravitatorias en Marte rumbo a sus objetivos.

La misión Europa Clipper ajusta su rumbo tras sobrevolar Marte

La sonda Europa Clipper ha sobrevolado Marte el 1 de marzo de 2025 en una maniobra de asistencia gravitatoria que le permitirá continuar su trayecto hacia el sistema de Júpiter. La nave pasó a 884 km de la superficie marciana con una velocidad de 24,5 km/s relativa al Sol. Durante las 12 horas previas y posteriores al sobrevuelo, la atracción gravitatoria de Marte modificó su trayectoria y redujo su velocidad a 22,5 km/s, preparando el camino para la siguiente asistencia gravitatoria en la Tierra en diciembre de 2026.

Recreación de la sonda Europa Clipper sobre Marte. Créditos: NASA

La misión despegó el 14 de octubre de 2024 desde el Centro Espacial Kennedy en un cohete Falcon Heavy de SpaceX. Su recorrido hasta Júpiter abarca 2.900 millones de km, y sin las asistencias gravitatorias de Marte y la Tierra, la nave requeriría una cantidad significativamente mayor de combustible, lo que aumentaría el peso y los costos o prolongaría considerablemente el tiempo de viaje.

El equipo de navegación ha realizado varias maniobras de corrección de trayectoria (TCM) para ajustar la órbita de la sonda y garantizar el sobrevuelo seguro de Marte. Tres de estas maniobras ocurrieron en noviembre de 2024, enero de 2025 y el 14 de febrero de 2025. Un nuevo ajuste está programado para aproximadamente 15 días después del sobrevuelo marciano, y se espera que la misión realice hasta 200 correcciones adicionales a lo largo de su recorrido hasta Júpiter, donde llegará en abril de 2030.

Trayectoria de la sonda Europa Clipper de la NASA desde su lanzamiento hasta su llegada a Júpiter
Trayectoria de la sonda Europa Clipper hasta su llegada a Júpiter. Créditos: NASA

El sobrevuelo de Marte también ha sido aprovechado para probar y calibrar dos de los instrumentos científicos de Europa Clipper. El radar de penetración de hielo REASON, diseñado para estudiar la estructura interna de la luna Europa, ha sido activado por primera vez con todos sus componentes en funcionamiento. Este radar opera en longitudes de onda tan grandes que no pudieron probarse completamente en la Tierra antes del lanzamiento. Además, el equipo de misión ha realizado la calibración de la cámara infrarroja E-THEMIS, que generará una imagen multiespectral de Marte en los próximos meses cuando los datos sean procesados y enviados de regreso a la Tierra.

Tras su llegada al sistema de Júpiter en 2030, la sonda pasará un año ajustando su órbita antes de comenzar una serie de sobrevuelos de Europa, que se extenderán por aproximadamente tres años. Durante este tiempo, Europa Clipper estudiará la composición, geología y potencial habitabilidad de la luna, con el objetivo de determinar si bajo su corteza helada existe un océano subterráneo capaz de albergar vida.

Diseño de la sonda Europa Clipper. Créditos: NASA

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Lanzado con éxito el segundo módulo lunar de la empresa Intuitive Machines

La empresa estadounidense Intuitive Machines lanzó su segunda misión a la Luna con el módulo de aterrizaje Athena el jueves 27 de febrero de 2025, a bordo de un cohete SpaceX Falcon 9 desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida. La misión tiene como objetivo aterrizar en el plateau de Mons Mouton el 6 de marzo, el lugar más cercano al polo sur lunar que cualquier otro previamente explorado.

El aterrizador de la clase Nova-C, bautizado como Athena transporta varios instrumentos científicos avanzados, un dron saltador llamado Grace y dos rover de pequeño tamaño, llamados MAPP y Yaoki.

La carga principal de Athena es el experimento PRIME-1 (Polar Resources Ice Mining Experiment-1) de la NASA, un conjunto de instrumentos científicos diseñado para estudiar la presencia de recursos volátiles en la superficie lunar. Con una masa total de 40 kilogramos, PRIME-1 está compuesto por el taladro TRIDENT (The Regolith and Ice Drill for Exploring New Terrain) y el espectrómetro de masas MSolo, ambos desarrollados para operar en las duras condiciones del regolito lunar.

TRIDENT es un sistema de perforación avanzado capaz de excavar hasta un metro de profundidad en el regolito, permitiendo la extracción de muestras desde capas donde el hielo de agua y otros compuestos volátiles podrían estar atrapados. Su diseño está optimizado para trabajar en el suelo lunar, caracterizado por su baja cohesión y su tendencia a adherirse a las herramientas, lo que lo convierte en una pieza clave para futuras misiones de extracción de recursos in situ.

El espectrómetro de masas MSolo analizará las muestras obtenidas por TRIDENT para identificar la composición química y la presencia de volátiles como agua y dióxido de carbono en forma de hielo. Este instrumento, basado en tecnologías utilizadas en la Estación Espacial Internacional, permitirá detectar moléculas clave para comprender los procesos de formación y retención de agua en la Luna, además de evaluar la viabilidad de su aprovechamiento en futuras misiones tripuladas.

El dron saltador, construido por Intuitive Machines, está diseñado para desplazarse por terrenos irregulares, incluyendo pendientes, rocas y cráteres en sombra permanente. El rover probará un sistema de comunicación celular lunar desarrollado por Nokia Bell Labs, capaz de transmitir comandos, imágenes y videos entre el módulo de aterrizaje, el rover y el dron saltador.

El lanzamiento de esta misión se enmarca dentro del programa Commercial Lunar Payload Services (CLPS), una iniciativa que busca reducir costos en el envío de cargas útiles científicas a la superficie lunar mediante la colaboración con empresas privadas. La NASA ha indicado que estas misiones contribuyen al desarrollo de tecnologías necesarias para futuras exploraciones lunares y marcianas.

En la misión anterior de Intuitive Machines, el módulo Odysseus logró aterrizar en la Luna en 2024, pero quedó inclinado en un ángulo de 30 grados debido a una velocidad de descenso demasiado alta. Esto limitó la generación de energía solar y afectó la realización de experimentos científicos programados. Para la misión de Athena, la compañía ha implementado mejoras en el sistema de navegación y altimetría con el fin de lograr un aterrizaje más preciso.

Aterrizar en la Luna presenta desafíos técnicos significativos debido a la falta de atmósfera, lo que impide el uso de paracaídas. En su lugar, los módulos deben utilizar propulsores controlados con precisión para reducir la velocidad de descenso y seleccionar un lugar seguro para el alunizaje.

Antes de la llegada de Athena, el módulo Blue Ghost de Firefly Aerospace está programado para aterrizar en la Luna el 2 de marzo, tras su lanzamiento en enero junto con el módulo Resilience de la empresa japonesa ispace. También forma parte de este lanzamiento la sonda Lunar Trailblazer de la NASA, que entrará en órbita lunar tras un viaje de cuatro meses y estudiará la distribución del agua en la superficie durante un período de dos años y medio.

El envío de múltiples misiones privadas a la Luna se produce en un contexto de incertidumbre sobre la dirección futura del programa lunar de la NASA. Se han planteado especulaciones sobre un posible cambio de enfoque hacia la exploración de Marte, en línea con objetivos estratégicos propuestos en los últimos años.

Athena representa un nuevo intento de alunizaje en un entorno donde las misiones comerciales están adquiriendo un papel creciente en la exploración lunar. Su éxito podría consolidar el modelo de colaboración entre el sector público y privado en futuras misiones al satélite terrestre.

Juno descubre la erupción volcánica más intensa jamás registrada en Ío

La sonda Juno de la NASA ha detectado en Ío, la luna de Júpiter, la erupción volcánica más intensa jamás observada en el Sistema Solar. Este evento sin precedentes fue captado el 27 de diciembre de 2024 por el instrumento JIRAM (Jovian Infrared Auroral Mapper), que identificó un punto caliente masivo en el hemisferio sur del satélite. Los datos muestran que esta nueva zona volcánica activa supera los 100.000 km², una superficie cinco veces mayor que la de Loki Patera, el lago de lava más grande previamente conocido en Ío.

El equipo científico estima que la energía total emitida por esta erupción supera los 80 billones de vatios, un nivel de radiación térmica que saturó los detectores de JIRAM. De acuerdo con Scott Bolton, investigador principal de la misión Juno, esta es la actividad volcánica más intensa jamás registrada en Ío, lo que subraya la extraordinaria dinámica geológica de este satélite, considerado el mundo más volcánico del Sistema Solar.

Imágenes de JunoCam en 2024 muestran cambios significativos en la superficie de Ío cerca del polo sur, detectados entre los perijovios 66 y 68, cuando la sonda pasó más cerca de la luna joviana. Créditos: NASA/JPL-Caltech/SwRI/MSSS/Jason Perry

¿Por qué Ío es tan volcánico?

Ío experimenta una actividad volcánica extrema debido al efecto de calentamiento por marea generado por Júpiter. Su órbita elíptica hace que la intensa gravedad del planeta gigante la comprima y estire constantemente, generando fricción interna y elevando las temperaturas de su interior. Como resultado, el satélite alberga un interior parcialmente fundido, con una gran cantidad de magma que se abre paso hasta la superficie a través de fisuras y calderas volcánicas.

Este fenómeno hace que Ío esté en un estado de actividad constante, con aproximadamente 400 volcanes activos. Sin embargo, el evento detectado por Juno se destaca por su magnitud sin precedentes, lo que sugiere la presencia de una vasta cámara de magma subterránea.

Modelo del interior de Ío propuesto por R.S.Park, donde sugieren que Ío no tiene un océano de magma superficial, sino un manto mayormente sólido (verde) con zonas de fusión parcial (amarillo/naranja) sobre un núcleo líquido (rojo/negro). Créditos: JPL/Caltech/Sofia Shen

Evidencias del nuevo volcán en Ío

Durante el sobrevuelo del 27 de diciembre de 2024, Juno pasó a 74.400 km de Ío y su cámara infrarroja captó una intensa emisión térmica en el polo sur. Alessandro Mura, investigador del Instituto Nacional de Astrofísica de Italia y miembro del equipo de JIRAM, explicó que este punto caliente es tan intenso que sugiere la presencia de varios volcanes conectados a una gigantesca cámara magmática.

Además de los datos infrarrojos, la JunoCam, la cámara de luz visible de la nave, también identificó cambios en la superficie de Ío. Al comparar imágenes de sobrevuelos anteriores con las más recientes, los científicos notaron modificaciones en la coloración del terreno, lo que confirma que esta erupción ha dejado una huella permanente en el paisaje del satélite.

Loki Patera (izquierda) y otras calderas de Ío reflejando la luz solar, revelando detalles de su intensa actividad volcánica. Créditos: NASA/JPL-Caltech/SwRI/MSSS/Björn Jónsson

¿Un océano de magma en Ío?

El descubrimiento de esta supererupción reabre el debate sobre el interior de Ío. Hasta ahora, existían dos modelos principales para explicar su actividad volcánica:

1️⃣ Modelo del océano de magma: Propone que Ío alberga un océano global de roca fundida a poca profundidad bajo su corteza. Este océano sería la fuente de los volcanes y explicaría la distribución uniforme de la actividad volcánica en la luna.

2️⃣ Modelo del manto parcialmente fundido: Sugiere que Ío tiene un interior similar al de la Tierra, con un manto parcialmente derretido y magma acumulado en cámaras profundas. En este caso, los volcanes estarían alimentados por conductos individuales en lugar de un océano global.

Los datos recientes de Juno parecen favorecer la segunda teoría, ya que los estudios gravitacionales de la nave han revelado que la deformación de la corteza de Ío no es lo suficientemente intensa como para sostener un océano de magma global. En cambio, lo más probable es que el calor se disipe mediante la acumulación de magma en cámaras localizadas bajo la superficie, lo que explicaría la aparición de supererupciones localizadas como la recién detectada.

Futuras observaciones de Juno

La sonda Juno tiene programado un nuevo sobrevuelo de Ío el 3 de marzo de 2025, lo que permitirá estudiar cómo ha evolucionado este mega-volcán en las últimas semanas. Además, astrónomos de todo el mundo intentarán observar el fenómeno con telescopios terrestres para complementar los datos de la misión.

Este descubrimiento no solo redefine nuestra comprensión de Ío y su actividad volcánica, sino que también tiene implicaciones más amplias para la evolución térmica de otros cuerpos del Sistema Solar. Si el mecanismo que alimenta la actividad de Ío es más común de lo que se pensaba, podríamos encontrar dinámicas similares en exoplanetas sometidos a fuertes efectos de marea gravitacional.