Las lunas irregulares de Júpiter muestran composiciones tan variadas como sus órbitas

Observaciones en el infrarrojo con el instrumento NIRSpec del telescopio espacial James Webb revelan tres tipos principales de materiales en las lunas irregulares

Las observaciones recientes del telescopio espacial James Webb han mostrado que las pequeñas lunas irregulares de Júpiter no comparten un origen común. El estudio, publicado en The Planetary Science Journal por Benjamin Sharkey y colaboradores, utilizó el espectrógrafo infrarrojo NIRSpec del observatorio espacial para analizar ocho de estos cuerpos en longitudes de onda entre 0,7 y 5,1 micrómetros. Los resultados revelan una notable diversidad de composiciones superficiales que sugiere que Júpiter capturó objetos procedentes de distintos reservorios del Sistema Solar primitivo.

Por definición, los satélites irregulares de Júpiter poseen órbitas lejanas, muy inclinadas y a menudo retrógradas, lo que indica que fueron capturados por el planeta y no se formaron en su entorno inmediato. Se agrupan en varias familias con características orbitales y cromáticas similares: el grupo prógrado de Himalia (al que pertenecen Himalia, Elara y Lisitea), y los tres principales grupos retrógrados de Ananké, Carmé y Pasífae, además de algunas lunas aisladas como Temisto o Sinopé.

El equipo del JWST observó los ocho mayores representantes de estas familias: Temisto, Himalia, Elara, Lisitea, Ananké, Carmé, Pasífae y Sinopé. Las medidas en el infrarrojo cercano e intermedio permitieron identificar bandas de absorción asociadas a minerales hidratados, compuestos orgánicos y moléculas volátiles, indicadores de su composición original y de los procesos físicos y químicos que han afectado sus superficies desde su captura por el planeta.

Las tres lunas del grupo de Himalia mostraron rasgos espectrales muy diferentes entre sí. Himalia, la mayor de todas con unos 170 km de diámetro, presenta una compleja combinación de bandas de absorción en torno a 2,7 y 3,05 micrómetros, atribuibles a filosilicatos que contienen amonio en su estructura. Estos minerales, denominados filosilicatos amoniacales, se forman en ambientes donde coexistieron agua líquida y compuestos nitrogenados, y su presencia indica que el cuerpo progenitor del grupo se formó en regiones externas del Sistema Solar, en condiciones similares a las que originaron asteroides como Ceres o Higía. Elara y Lisitea muestran composiciones más simples, pero sus espectros sugieren que derivan del mismo cuerpo progenitor, alterado de forma heterogénea por procesos acuosos internos.

En cambio, las lunas retrógradas Carmé, Pasífae, Ananké y Sinopé presentan superficies con características muy distintas. Carmé y Sinopé poseen pendientes espectrales rojizas y absorciones débiles cerca de 3 y 3,4 micrómetros, asociadas a materiales orgánicos similares a los detectados en los asteroides troyanos de Júpiter. Pasífae y Ananké muestran bandas más pronunciadas en torno a 2,9–3 micrómetros, compatibles con minerales portadores de grupos hidroxilo (OH) y con una moderada alteración acuosa. Lisitea, aunque pertenece al grupo prógrado de Himalia, comparte este tipo de absorciones intermedias, lo que refuerza la idea de que el conjunto de las lunas irregulares combina materiales procedentes de distintas fuentes.

Los autores plantean dos interpretaciones para esta diversidad. En la primera, algunos grupos —como Himalia o Ananké— podrían haberse originado en zonas distintas del Sistema Solar y haber sido capturados por Júpiter en diferentes etapas de su historia, posiblemente durante la migración de los planetas gigantes. En la segunda, todos los grupos podrían derivar de progenitores similares, pero con composiciones internas variadas, de modo que los impactos y fragmentaciones posteriores generaron lunas con superficies químicamente distintas. La variedad de firmas espectrales en el rango de 3 micrómetros, donde se detectan las vibraciones de enlaces O–H, N–H y C–H, apoya la hipótesis de múltiples procedencias.

El estudio también tiene implicaciones para el sistema joviano en su conjunto. El polvo liberado por las colisiones entre lunas irregulares podría transportar compuestos nitrogenados hacia las superficies de las lunas mayores, como Calisto o Europa. En particular, los materiales ricos en amonio detectados en Himalia y Elara representarían una fuente potencial de nitrógeno que, al mezclarse con hielo de agua y materia orgánica, podría participar en procesos fotoquímicos y radiolíticos sobre las superficies exteriores del planeta.

Además, los resultados confirman la existencia de analogías y diferencias notables entre las lunas irregulares y los asteroides troyanos. Algunas, como Carmé y Sinopé, reproducen las características espectrales de los troyanos más rojizos; otras, como Ananké o Lisitea, muestran absorciones más cortas y redondeadas, situadas entre los valores típicos de los troyanos y los de los asteroides carbonáceos del cinturón principal. Esta continuidad espectral sugiere que los cuerpos capturados por Júpiter podrían incluir tanto fragmentos del cinturón de asteroides como remanentes del antiguo cinturón de Kuiper, mezclados por la migración planetaria en las primeras decenas de millones de años del Sistema Solar.

El trabajo de Sharkey y su equipo proporciona la visión más completa hasta ahora sobre la composición de las lunas irregulares jovianas y demuestra la capacidad del telescopio espacial James Webb para estudiar cuerpos menores de pocos decenas de kilómetros de diámetro a grandes distancias. Futuras observaciones con el mismo instrumento permitirán ampliar la muestra y comprobar si esta diversidad composicional se extiende a los numerosos miembros menores de cada familia.

Los resultados refuerzan la idea de que las lunas irregulares de Júpiter son fragmentos capturados de diferentes regiones del Sistema Solar, testigos de la gran mezcla de materiales que acompañó a la formación de los planetas gigantes y que contribuyó a modelar la actual arquitectura del sistema joviano.

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Completado el ensamblaje del cohete SLS y la nave Orión que enviará astronautas alrededor de la Luna en Artemisa II

El comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover y los especialistas de misión Christina Koch y Jeremy Hansen sobrevolarán la Luna en la misión Artemisa II prevista no antes de febrero de 2026

La NASA ha completado la integración del cohete del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS, por sus siglas en inglés) para la misión Artemisa II en el Centro Espacial Kennedy, en Florida. El módulo de la nave Orión, ya acoplado bajo el sistema de aborto de lanzamiento, fue izado y colocado sobre el lanzador, alcanzando la configuración completa del vehículo que llevará a cuatro astronautas en un vuelo alrededor de la Luna a comienzos de 2026. Este hito marca el inicio de la fase final de pruebas antes de su traslado a la rampa 39B, donde se realizarán los ensayos de carga de propelentes y verificación de sistemas previos al despegue.

El SLS es el cohete más potente operativo en la actualidad. Con una altura de 98 metros y un empuje de 39 meganewtons en el momento del despegue, combina cuatro motores RS-25 reutilizados del programa del transbordador espacial con dos aceleradores sólidos laterales derivados del mismo sistema. Durante la misión Artemisa I, en 2022, este lanzador demostró un comportamiento excelente al enviar una cápsula Orión no tripulada a la órbita lunar. En esta ocasión, el vehículo llevará una tripulación completa, lo que supone un paso fundamental para el regreso humano al entorno lunar.

El ensamblaje del conjunto se llevó a cabo en el Edificio de Ensamblaje de Vehículos (VAB, por sus siglas en inglés), una instalación que también se utilizó durante el programa Apolo. Allí, el equipo de Sistemas de Exploración Terrestre de la NASA colocó la nave Orión (fabricada por Lockheed Martin) sobre la etapa superior del SLS, completando así la apilación del cohete. La nave, denominada Integrity por la tripulación, ya se encuentra conectada a las líneas eléctricas, de datos y de umbilicales del lanzador, lo que permitirá iniciar las comprobaciones integradas en las próximas semanas.

La misión Artemisa II será la primera en la que una nave Orión vuele con seres humanos. Su objetivo principal es validar los sistemas de soporte vital, control de vuelo y comunicaciones durante un viaje de unos diez días alrededor de la Luna, sin alunizar. La tripulación estará compuesta por el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover y los especialistas de misión Christina Koch y Jeremy Hansen, este último de la Agencia Espacial Canadiense. Koch será la primera mujer en viajar hacia la Luna y Hansen el primer astronauta no estadounidense en hacerlo.

Durante los próximos meses, los ingenieros realizarán diversas pruebas para verificar la integración entre el lanzador y la nave. Entre ellas se incluyen la prueba de demostración de cuenta atrás, en la que los astronautas se sentarán en la cápsula mientras se simulan los procedimientos de lanzamiento, y el denominado “wet dress rehearsal”, una carga completa de propelentes criogénicos destinada a comprobar el comportamiento de los sistemas bajo condiciones reales. Tras estas pruebas, el cohete será trasladado a la plataforma de lanzamiento para iniciar los preparativos finales antes del vuelo.

La misión está programada para despegar no antes del 5 de febrero de 2026, aunque la ventana oficial de lanzamiento se extiende hasta abril. Durante el vuelo, la nave Orión seguirá una trayectoria de retorno libre que la llevará alrededor de la Luna y de regreso a la Tierra, con una distancia mínima al satélite estimada entre 6.000 y 10.000 kilómetros. La tripulación regresará al océano Pacífico tras un viaje de entre diez y doce días. Será la primera vez en más de medio siglo que astronautas abandonen la órbita terrestre y se dirijan al entorno lunar, un paso intermedio antes del alunizaje previsto para Artemisa III.

El programa Artemisa constituye la continuación de la exploración humana del espacio profundo iniciada con el programa Apolo y busca establecer una presencia sostenible en la Luna como base de operaciones para futuras misiones a Marte. La NASA desarrolla este ambicioso plan en colaboración con la Agencia Espacial Europea, la Agencia Espacial Canadiense, la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón y otros socios internacionales. La fase actual del programa se centra en validar los sistemas de transporte y soporte necesarios para la próxima etapa de exploración.

El ensamblaje completo del SLS en el Centro Espacial Kennedy marca un paso tangible hacia ese objetivo. Si las pruebas se desarrollan según lo previsto, el traslado del lanzador a la rampa 39B se producirá a comienzos de enero. Una vez allí, comenzará la fase final de preparación para el lanzamiento que devolverá a la Humanidad al entorno lunar.

Ryzhikov y Zubritski realizan con éxito una EVA de larga duración en la Estación Espacial Internacional

Durante la salida al exterior, los cosmonautas rusos instalaron el experimento Ekran-M destinado a estudiar la producción de semiconductores en microgravedad

Dos cosmonautas rusos realizaron una nueva actividad extravehicular (VKD*) desde el segmento ruso de la Estación Espacial Internacional el 16 de octubre de 2025. Serguéi Ryzhikov y Alexéi Zubritski salieron al exterior desde el módulo Poisk para instalar el experimento Ekran-M en el módulo científico Nauka, durante una operación que se prolongó algo más de seis horas.

El comandante Serguéi Ryzhikov, en su tercer vuelo espacial, utilizó el traje Orlan-MKS número 7 con franjas rojas. Su compañero, el ingeniero de vuelo Alexéi Zubritski, debutante en este tipo de actividad, empleó el traje número 6 con franjas azules. Ryzhikov, nacido en 1974 en Bugulma, Tartaristán, fue seleccionado como cosmonauta en 2006 y acumula más de 550 días en órbita. Zubritski, nacido en 1992 en Vladimirovskoye, región de Zaporiyia, se incorporó al cuerpo de cosmonautas en 2018 tras servir como piloto en varias unidades de aviación militar.

Durante la EVA, los cosmonautas rusos trabajaron coordinadamente para fijar y conectar el equipo científico transportado a la estación semanas antes por la nave de carga Progress MS-32. Desde el interior de la estación, el cosmonauta Oleg Platonov controló el brazo robótico europeo ERA, que se utilizó para trasladar a Ryzhikov y el equipo de más de 100 kilogramos hasta la zona de instalación en Nauka.

El dispositivo Ekran-M forma parte de un experimento de epitaxia por haces moleculares (en ruso Molekulyarno-Luchevaya Epitaksiya), una técnica empleada para crear capas ultrafinas de materiales semiconductores. En la Tierra este proceso requiere condiciones de vacío extremo, lo que convierte al entorno orbital en un laboratorio idóneo para su desarrollo. El equipo, diseñado por el Instituto de Física de Semiconductores Rzhanov, permitirá fabricar pequeñas muestras de arseniuro de galio, un material esencial en la producción de componentes electrónicos, ópticos y fotovoltaicos de alta eficiencia.

Una vez colocado y conectado el experimento, los técnicos en tierra confirmaron que las líneas de energía y datos funcionaban correctamente. El equipo podrá ser operado a distancia desde el centro de control de Moscú, y está previsto que los cosmonautas realicen otra salida en las próximas semanas para reemplazar la cápsula de materiales tras los primeros ensayos de crecimiento cristalino.

Tras completar la instalación, Ryzhikov y Zubritski se desplazaron al módulo de servicio Zvezda, donde retiraron una cámara exterior en desuso instalada en 2014 por la empresa canadiense UrtheCast. También limpiaron una de las ventanas principales del módulo y recuperaron un contenedor de muestras de materiales expuestos al entorno espacial, antes de regresar a la esclusa de Poisk y dar por concluida la operación.

La actividad, designada oficialmente como VKD-64, fue la 64.ª realizada desde el segmento ruso de la Estación Espacial Internacional y una de las más largas en los últimos años. La Expedición 73 continúa con sus operaciones científicas en órbita, mientras los resultados del nuevo experimento Ekran-M se evaluarán en las próximas semanas.

*NOTA: En la terminología rusa, VKD (ВКД) es la abreviatura de «Vykhod v Kosmos iz Doobitaemogo otsedka» (Выход в космос из дообитаемого отсека), que literalmente significa “salida al espacio desde un compartimento presurizado”. En la práctica, VKD es el equivalente ruso de EVA (Extravehicular Activity) en inglés, es decir, una actividad extravehicular o “paseo espacial”.

La estrella Betelgeuse no está sola

Betelgeuse, la supergigante roja visible en el hombro de la constelación de Orión, ha sido observada durante siglos como una de las estrellas más brillantes y cambiantes del cielo. Sin embargo, tras décadas de sospechas, un nuevo estudio confirma que no se encuentra sola. Un equipo internacional liderado por la astrofísica Anna O’Grady, del McWilliams Center for Cosmology de la Universidad Carnegie Mellon, ha identificado señales inequívocas de la existencia de una estrella compañera que orbita en torno a Betelgeuse. El hallazgo, publicado el 8 de octubre de 2025 en The Astrophysical Journal, transforma la comprensión de este sistema estelar y de la evolución de las supergigantes rojas.

Las primeras evidencias indirectas de un posible compañero surgieron a partir de pequeñas oscilaciones en el brillo y la velocidad radial de Betelgeuse, con un ciclo aproximado de seis años. Este patrón no podía explicarse únicamente por pulsaciones internas ni por variaciones debidas al polvo, y varios modelos propusieron que una segunda estrella podría estar perturbando el entorno de la supergigante. Pero observar cualquier objeto tan próximo a Betelgeuse resulta extremadamente complejo: su diámetro es unas 700 veces mayor que el del Sol y su brillo es miles de veces más intenso, lo que ofusca cualquier señal cercana.

El equipo de O’Grady aprovechó una oportunidad excepcional para observar el sistema en diciembre de 2024, cuando el supuesto compañero alcanzó su máxima separación aparente antes de quedar oculto durante otros dos años. Las observaciones se realizaron mediante tiempo discrecional de dirección en los telescopios espaciales Chandra y Hubble, un tipo de asignación reservada a investigaciones de especial relevancia. Chandra proporcionó las observaciones en rayos X más profundas obtenidas jamás de Betelgeuse, mientras que Hubble aportó datos complementarios en el ultravioleta.

Los resultados fueron claros: no se detectó ninguna emisión de rayos X procedente de la posición esperada del compañero, lo que permitió descartar que se tratara de un objeto compacto, como una estrella de neutrones o una enana blanca. Este tipo de cuerpos, si existieran en un sistema tan cercano, generarían un brillo intenso en rayos X debido a la acreción de materia procedente del viento estelar de Betelgeuse.

La ausencia de radiación de alta energía llevó a los investigadores a concluir que el compañero es una estrella normal de baja masa, probablemente un objeto estelar joven de tamaño similar al del Sol. Este tipo de estrellas, conocidas como “objetos estelares jóvenes” o YSO por sus siglas en inglés, se caracterizan por mostrar cierta actividad magnética y luminosidad moderada en rayos X, dentro de los márgenes observados. En este escenario, Betelgeuse sería la estrella más masiva de un sistema binario con una compañera que aún no ha alcanzado completamente la secuencia principal.

El estudio combina los datos de Chandra con simulaciones orbitales y modelos de evolución estelar. Se estima que la compañera, denominada provisionalmente α Ori B o “Betelbuddy”, tiene entre 0,6 y 2 masas solares y orbita a una distancia de unos 9 unidades astronómicas, equivalente a unas 1.850 veces el radio solar. La órbita es casi circular y su periodo es de unos seis años. Los análisis indican además que el viento y el polvo expulsados por Betelgeuse podrían interactuar con la estrella secundaria, generando variaciones periódicas de brillo al despejar o concentrar el polvo en determinadas fases orbitales.

Esta relación binaria explica en parte las misteriosas oscilaciones de luminosidad observadas desde hace décadas, incluida la gran disminución de brillo registrada entre 2019 y 2020. Aquel episodio, inicialmente interpretado como posible preludio de una supernova, se atribuye hoy a una nube de polvo expulsada desde la superficie de la supergigante. La existencia de un compañero en órbita refuerza la hipótesis de que las interacciones gravitatorias pueden influir en la formación de estas nubes y en la dinámica de su envoltura estelar.

Betelgeuse es una de las supergigantes rojas más cercanas a la Tierra, situada a unos 168 parsecs, equivalentes a 550 años luz. Su masa actual se estima en unas 16 o 17 masas solares y su edad ronda los 10 millones de años. Se encuentra en una fase avanzada de su evolución y acabará explotando como supernova en los próximos cien mil años, un proceso en el que la presencia de un compañero puede desempeñar un papel determinante. Las estrellas binarias con relaciones de masa tan extremas como esta, una supergigante y una compañera solar, son poco comunes, por lo que este sistema representa un caso de estudio excepcional.

Los autores del trabajo subrayan que el hallazgo no solo resuelve un viejo enigma, sino que también obliga a revisar los modelos de formación de sistemas binarios. En general, las estrellas dobles se forman con masas relativamente parecidas, pero Betelgeuse y su compañera presentan una diferencia de más de un orden de magnitud. Esto sugiere que el sistema pudo formarse en condiciones inusuales o que experimentó una evolución temprana marcada por transferencia de masa o procesos de captura.

La investigación también aportó nuevos límites sobre la emisión de Betelgeuse en sí misma. Al combinar los datos recientes con observaciones previas del observatorio Chandra, el equipo estableció que la supergigante es prácticamente oscura en rayos X, con una relación entre luminosidad en rayos X y luminosidad total inferior a una diezmilésima de la solar. Este resultado confirma que las supergigantes rojas carecen de una corona caliente como la del Sol y que la energía de sus capas externas se libera principalmente a través de convección y viento estelar.

Durante la revisión del estudio, otro grupo independiente anunció una posible detección directa del compañero mediante observaciones ópticas de alta resolución. Los resultados, presentados por Howell y colaboradores en 2025, describen una estrella con entre 1,4 y 2 masas solares, compatible con las conclusiones de O’Grady y su equipo. Si se confirma, Betelgeuse pasará definitivamente a la categoría de sistemas binarios observados, y su evolución futura podrá estudiarse con mayor precisión cuando el compañero vuelva a separarse angularmente dentro de unos años.

Referencias y más información

  • O’Grady, A. J. G. et al. (2025). Betelgeuse’s Buddy: X-Ray Constraints on the Nature of α Ori B. The Astrophysical Journal, 992:107. DOI: 10.3847/1538-4357/adff83.
  • Goldberg, J. A. et al. (2025). Hubble UV Spectroscopic Observations of Betelgeuse’s Companion. Preprint, arXiv:2505.18375.

El cometa interestelar 3I/ATLAS muestra su composición en un esfuerzo internacional de observación

El paso del cometa interestelar 3I/ATLAS está generando una de las campañas de observación más coordinadas y ambiciosas de los últimos años. Desde que fue descubierto por el sistema de telescopios ATLAS en Chile el 1 de julio de 2025, este visitante extrasolar ha sido seguido simultáneamente por observatorios en Tierra y por varias sondas espaciales que orbitan Marte. Los resultados obtenidos en las últimas semanas permiten delinear con detalle su naturaleza, revelando una composición dominada por hielos de agua y dióxido de carbono, y una abundancia inusual de metales volátiles como níquel y hierro.

Observaciones desde Marte: un visitante interestelar bajo vigilancia orbital

Entre el 1 y el 7 de octubre, las misiones europeas ExoMars Trace Gas Orbiter (TGO) y Mars Express apuntaron sus cámaras hacia el cometa 3I/ATLAS cuando este pasó a unos 30 millones de kilómetros de Marte. Durante ese periodo, la cámara CaSSIS de ExoMars captó una secuencia de imágenes en las que se aprecia el núcleo del cometa envuelto por una tenue coma, desplazándose lentamente entre las estrellas de fondo. Aunque el instrumento está diseñado para obtener imágenes de la superficie marciana a corta distancia, logró detectar el brillo difuso del cometa y su estructura característica, confirmando de forma directa su naturaleza cometaria.

Las observaciones de Mars Express, por su parte, se centraron en intentar obtener el espectro del objeto mediante sus instrumentos OMEGA y SPICAM, mientras que ExoMars TGO empleó el espectrómetro NOMAD para medir la posible emisión de gases. Aún se analizan los datos, ya que la luminosidad del cometa era extremadamente baja, pero estas campañas representan la primera ocasión en la que un cuerpo interestelar es observado desde otro planeta.

El rastro del agua en el espacio interestelar

Los datos obtenidos desde la Tierra complementan las imágenes marcianas con un nivel de detalle sin precedentes. Un estudio internacional liderado por Bin Yang y Karen Meech, publicado en septiembre en The Astrophysical Journal (Yang et al., 2025), confirma la detección de hielo de agua en la coma del cometa 3I/ATLAS. Las observaciones se realizaron con el espectrógrafo GMOS del telescopio Gemini Sur y con el instrumento SpeX del Telescopio Infrarrojo de la NASA (IRTF).

El análisis espectroscópico muestra una absorción ancha en torno a los 2 micrómetros, característica del hielo de agua, combinada con un albedo intermedio y un color rojo moderado típico de los cometas activos del Sistema Solar. Los modelos indican que la coma contiene una mezcla compuesta aproximadamente por un 37 % de granos de hielo de agua y un 63 % de partículas de carbono amorfo. El tamaño medio de los granos helados, cercano a 1 micrómetro, y la temperatura estimada de unos 120 K sugieren que el material está sublimando a medida que el cometa se aproxima al Sol.

La detección de hielo de agua a una distancia del Sol de 4 unidades astronómicas refuerza la idea de que el 3I/ATLAS se formó en una región fría y rica en volátiles del sistema planetario donde se originó. Además, la consistencia entre los espectros obtenidos por Gemini y el IRTF con nueve días de diferencia indica que la composición de la coma se mantuvo estable durante ese tiempo, sin variaciones apreciables en la actividad.

El resultado encaja con las mediciones anteriores del James Webb Space Telescope (JWST), que había identificado en el cometa una coma dominada por dióxido de carbono y una elevada proporción de monóxido de carbono. En conjunto, estas observaciones dibujan un perfil químico similar al de los cometas de la nube de Oort, pero con una fracción de hielos y gases más alta, lo que apunta a un origen en un sistema planetario muy primitivo y helado.

Níquel y hierro en proporciones extremas

A esta caracterización del hielo se suma otro hallazgo relevante publicado en Astronomy & Astrophysics (Hutsemékers et al., 2025), que describe la composición metálica de la coma de 3I/ATLAS. Utilizando el espectrógrafo UVES del Very Large Telescope (VLT), los investigadores detectaron líneas de emisión de níquel (Ni I) y hierro (Fe I) en intensidades sin precedentes. El cociente entre ambos metales resulta casi diez veces superior al observado en los cometas del Sistema Solar y en el también interestelar 2I/Borisov.

El estudio concluye que los átomos metálicos se liberan mediante la sublimación de compuestos volátiles denominados carbonilos, en particular tetracarbonilo de níquel [Ni(CO)₄] y pentacarbonilo de hierro [Fe(CO)₅]. Estas moléculas se descomponen a temperaturas mucho más bajas que los minerales sólidos, lo que explica la presencia de átomos metálicos incluso a grandes distancias del Sol. Conforme el cometa se acerca a la estrella, el cociente Ni/Fe disminuye progresivamente, señal de que su comportamiento químico comienza a asemejarse al de los cometas del entorno solar.

Ambos resultados, la detección de hielo y la abundancia de carbonilos metálicos, apuntan a que el 3I/ATLAS conserva material original de la nebulosa donde se formó, sin haber sufrido transformaciones térmicas importantes durante su largo viaje interestelar. Su composición, dominada por volátiles y metales ligeros, sugiere que procede de una región externa de su sistema progenitor, más allá de la llamada “línea de nieve”, donde el agua y el dióxido de carbono se condensan con facilidad.

Un esfuerzo internacional de seguimiento

El estudio de 3I/ATLAS ha implicado la coordinación de numerosos observatorios y agencias espaciales. A las observaciones de Gemini, IRTF y VLT se suman las del Gran Telescopio Canarias, los telescopios Pan-STARRS, el Hubble Space Telescope y el propio JWST. En el ámbito europeo, el Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-CSIC) participa en programas de observación polarimétrica para analizar la distribución y orientación de las partículas de polvo en la coma, con resultados preliminares que indican una polarización negativa inusual.

Las mediciones coinciden con los análisis de color realizados desde Hawai y Chile, que muestran un espectro similar al de los asteroides de tipo D, caracterizados por materiales orgánicos oscuros. En conjunto, los datos confirman que 3I/ATLAS es un cometa activo y no un fragmento rocoso como el primer visitante interestelar detectado en 2017, 1I/ʻOumuamua.

Hacia el futuro: la misión Comet Interceptor

La llegada de 3I/ATLAS ha servido como banco de pruebas para las futuras estrategias de respuesta ante visitantes interestelares. La Agencia Espacial Europea desarrolla actualmente la misión Comet Interceptor, cuyo lanzamiento está previsto para 2029. La sonda permanecerá en una órbita de espera, lista para dirigirse rápidamente hacia un cometa recién descubierto o incluso hacia un nuevo objeto interestelar, con el fin de estudiarlo de cerca antes de que abandone el Sistema Solar.

El conocimiento adquirido con 3I/ATLAS es esencial para definir los objetivos de esta misión. Por primera vez, los astrónomos han podido observar en detalle cómo un cometa procedente de otro sistema estelar conserva agua, dióxido de carbono y metales volátiles tras miles de millones de años de viaje. A medida que el objeto se aleje y su brillo disminuya, su legado científico quedará integrado en esta cooperación internacional que une observatorios terrestres y sondas espaciales en una misma empresa: comprender la materia primordial de otros sistemas planetarios.

Referencias y más información