Cuandola primera misión del futuro lanzador pesado y la nueva cápsula tripulada Orion despegue en su primera misión de prueba en el año 2018, la EM1 (Exploration Mission 1), llevará además una valiosa carga científica que promete revolucionar el futuro de la exploración espacial. Se trata de los «cubesats«, pequeños nanosatélites de tecnología avanzada que las principales agencias espaciales, compañías y universidades de todo el mundo llevan desarrollando su potencial durante los últimos años, debido a su bajo costo y a la facilidad de acoplarlo como carga secundaria casi en cualquier lanzamiento orbital.
Antes de clasificar los picos más altos del Sistema Solar, es importante aclarar que existe cierta controversia al definir la altura de una montaña o volcán en distintos cuerpos celestes. En la Tierra, utilizamos el nivel del mar como referencia para medir la altitud, pero en otros mundos la comparación es más compleja. En Marte, por ejemplo, se toma como referencia la altitud a la que la presión atmosférica es similar al punto de fusión del agua. En otros casos, la altura puede medirse con respecto al promedio de la superficie del cuerpo celeste o en relación con el terreno circundante.
Aun cuando en la Tierra el nivel del mar sirve como referencia para medir la altitud, la clasificación de las montañas más altas varía según el criterio utilizado. El monte Everest es considerado el pico más alto del mundo porque su cima alcanza los 8.848 metros sobre el nivel del mar. Sin embargo, si se mide la altura total de una montaña desde su base hasta la cumbre, el volcán Mauna Kea, en Hawái, supera al Everest. Aunque su cima se encuentra a 4.170 metros sobre el nivel del mar, su base se extiende 6.000 metros bajo el océano, alcanzando una altura total de más de 10.000 metros, lo que lo convierte en la montaña más alta del planeta en términos absolutos.
En esta lista nos enfocaremos únicamente en las cinco montañas más altas del Sistema Solar, medidas desde su base hasta la cima. Comparadas con estos colosos, el Everest y el Mauna Kea resultan pequeños, ya que en otros cuerpos celestes existen formaciones montañosas mucho más imponentes. Por ello, ninguna de estas montañas terrestres entra en este «top» que presentamos a continuación.
Ascraeus Mons en Marte
Ascraeus Mons es el segundo volcán más grande de Marte y la quinta montaña más alta del Sistema Solar. Se trata del mayor y más septentrional de los tres volcanes escudo que conforman los Montes de Tharsis, una región volcánica situada cerca del ecuador marciano, al oeste de Valles Marineris y al sureste del Monte Olimpo, el volcán más alto del Sistema Solar.
Con una altura de aproximadamente 15 km desde su base y un diámetro cercano a los 480 km, Ascraeus Mons es fácilmente reconocible en imágenes globales de Marte. Su superficie está rodeada de numerosos canales de lava, evidencia de su pasado volcánico activo. La cumbre, el punto más alto del volcán, se encuentra a 18 km sobre el datum marciano, mientras que las llanuras circundantes están situadas a altitudes que varían entre 1 y 3 km.
Booüsaule Mons en Ío
En el cuarto lugar de esta clasificación de los picos más altos del Sistema Solar se encuentran los Boösaule Mons, un conjunto de tres montañas ubicadas en la luna galileana Ío, satélite de Júpiter. Estas elevaciones se alzan sobre una extensa llanura situada al noroeste del cráter activo Pelé, una de las regiones volcánicamente más activas del sistema joviano.
El mayor de estos picos, conocido como Monte Boösaule Sur, es un macizo de 17,5 km de altura, superando en 4 km a cualquier otra montaña en Ío. Su origen es tectónico, lo que confirma la existencia de tectónica de placas en esta turbulenta luna de Júpiter, un fenómeno poco común fuera de la Tierra.
Toledo Montes en Jápeto
Los otros montes de Toledono están en la Tierra, sino en la luna Jápeto de Saturno. La cordillera ecuatorial Toledo Montes, descubierta por la sonda Cassini, se extiende a lo largo de 1.300 km, con un ancho de 20 km y picos que alcanzan alturas de hasta 20 km, convirtiéndola en una de las formaciones montañosas más imponentes del Sistema Solar.
Este auténtico paraíso para escaladores se encuentra en la cara más oscura de Jápeto. Hasta el momento, el origen de esta estructura sigue siendo un misterio, y los científicos aún no han determinado qué procesos geológicos pudieron haber dado lugar a su formación.
Rheasilvia Mons en Vesta
El Rheasilvia Mons, una de las montañas más altas del Sistema Solar, se encuentra en el asteroide Vesta. Fue descubierto por el telescopio Hubble en 1997, aunque no recibió su nombre oficial hasta la llegada de la sonda Dawn de la NASA en 2011. Se trata de un enorme cráter de impacto que cubre casi el 80% del diámetro del asteroide, con una extensión de 460 km.
En el centro del cráter se eleva un macizo montañoso de casi 22 km sobre la depresión circundante, la cual alcanza una profundidad de 8 km. Además, los escarpes del borde del cráter se alzan entre 10 y 12 km, lo que, sumado a la altura central, supera los 20 km de elevación total. Ubicado en el polo sur de Vesta, Rheasilvia Mons es el rasgo geológico más prominente del asteroide y un testimonio del violento pasado de colisiones que ha moldeado su superficie.
Olympus Mons en Marte
En el primer lugar de esta clasificación se encuentra el imponente Olympus Mons, el volcán más grande del Sistema Solar. Fue observado por primera vez a principios del siglo XX por el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli, quien lo bautizó como Nix Olympica (Nieves del Olimpo) debido a su apariencia brillante en contraste con el resto de la superficie marciana vista desde telescopios terrestres. Sin embargo, su verdadera naturaleza volcánica no fue confirmada hasta 1971, cuando la sonda Mariner 9 sobrevoló Marte y obtuvo imágenes detalladas de la estructura.
Con una altura de entre 22 y 23 km sobre la llanura circundante, Olympus Mons es casi tres veces más alto que el Monte Everest y posee un diámetro aproximado de 600 km. Su base está rodeada por acantilados de hasta 6 km de altura, y su caldera, resultado de antiguas erupciones, tiene una profundidad de entre 2,4 y 2,8 km.
Hasta el momento, este coloso marciano ostenta el título del pico más alto conocido del Sistema Solar. Sin embargo, a medida que avance la exploración espacial, es posible que en el futuro se descubran montañas aún más elevadas en las lunas de Urano o Neptuno, cuerpos celestes apenas explorados. Por ahora, ninguna agencia espacial tiene planes de enviar sondas a estos lejanos mundos, por lo que la duda sobre la existencia de una cima superior a Olympus Mons sigue abierta.
Las montañas del Sistema Solar son testigos silenciosos de los procesos geológicos extremos que han moldeado mundos enteros. Desde los volcanes colosales de Marte hasta las misteriosas elevaciones en Ío y Jápeto, estas estructuras desafían nuestra percepción de la altura y la escala en el cosmos. Aunque Olympus Mons sigue ostentando el título de la montaña más alta conocida, el futuro de la exploración espacial nos podría revelar picos aún más imponentes en rincones inexplorados del Sistema Solar. ¿Hasta dónde llegará nuestra curiosidad y qué nuevas maravillas encontraremos en nuestro viaje por las estrellas?
Mucho ha llovido desde que la sonda soviética Luna 3 (Lunik 3) fotografiara por primera vez la cara oculta de la Luna en octubre de 1959. Debido a que el movimiento de rotación lunar sobre sí misma y de traslación alrededor de la Tierra duran lo mismo, la Luna siempre nos muestra la misma cara.
La cara oculta de la Luna al tener una corteza más gruesa dificultó en las primeras etapas de su formación que se crearan las vastas llanuras planas que conocemos como «mares» que cubren la mayor parte de la cara visible. En la cara oculta predominan las cordilleras y cráteres siendo los mares Moscoiense (Mar Moscovita), Orientale (Mar Oriental) e Ingenii (Mar del Ingenio) los más destacados.
Gráfico de la cara oculta de la Luna y sus accidentes geográficos más destacados. Autor: Julio J. Díez.
Tras los mapeos de las sondas orbitales lunares norteamericanas, soviéticas y japonesas ya tenemos un mapa global completo de la cara oculta de la Luna al igual que de la cara visible.
En la pasada semana el observatorio DSCOVR nos mostró la Luna ocultando nuestro planeta desde el punto de Lagrange L1 Tierra-Sol.
Imagen de la Tierra y la cara oculta de la Luna obtenidas por la sonda DSCOVR. Imagen: NASA
Impresionante ¿no?.
En noviembre del pasado año ya pudimos observar otra icónica imagen de nuestro planeta y de nuestro satélite, obtenido por la sonda china Chang’e 5 T1 en su vuelo circumlunar, pero no tan alucinante como la del satélite DSCOVR.
La cara oculta de la Luna captada pr la sonda china Chang’e 5 T1 en noviembre de 2014
Por el momento no hay sondas programadas para el descenso y estudio de la superficie en la cara oculta, pero diversos artículos1 señalan que la Agencia Espacial China está pensando en enviar a la cara oculta una sonda gemela a la Chang’e 3 con un mini rover como el Yutu, dentro del Programa Chino de Exploración Lunar. Sería la primera vez que una sonda se posase en la cara oculta de la Luna. Estaremos atentos para ver si finalmente los chinos se deciden a ello.
La República Popular de China está avanzando a pasos agigantados en sus programas científicos de exploración espacial. Al mismo tiempo que la agencia y sus astronautas cogen experiencia con misiones tripuladas en la órbita baja de la Tierra con su nave Shenzhou, está desarrollando una gran estación espacial llamada Tiangong y desarrollando un complejo programa de exploración lunar llamado Chang’e.
La Administración Espacial Nacional China (CNSA) concibió el Programa de Exploración Lunar Chang’e inicialmente en tres etapas. La primera consistiría en enviar dos misiones orbitales lunares (Chang’e 1 y Chang’e 2) para el estudio y mapeado de la superficie de la Luna y preparar los posibles lugares de alunizaje para la segunda etapa, compuesta de dos misiones de alunizaje (Chang’e 3 y Chang’e 4). La tercera etapa consistirá en una misión de recogida y retorno de muestras lunares de forma automática (Chang’e 5).
1ª etapa: Misiones orbitales
El orbitador Chang’e 1 se lanzó el 24 de octubre de 2007 a bordo de un lanzador Larga Marcha 3A desde el Centro Espacial de Xichang. Tras tres órbitas alrededor de nuestro planeta y la maniobra de inyección Trans Lunar llegaría a órbita lunar el 5 de noviembre del mismo año, doce días después de su lanzamiento. La sonda, con una masa de 2 350 kg, tras 16 meses orbitando la Luna, impactó con nuestro satélite el 1 de marzo de 2009, cumpliendo con éxito su misión.
La segunda misión, la Chang’e 2 consistía en un orbitador más sofisticado que su predecesor, con más instrumentos y una masa total de 2 480 kg. Fue lanzada el 1 de octubre de 2010 a bordo de un lanzador Larga Marcha 3C desde el Centro Espacial de Xichang, llegando a órbita lunar directamente sin orbitar la Tierra previamente, el 6 de octubre, 4 días y 16 horas después de su lanzamiento. Después de mapear la superficie selenita a resolución de 1,3 m abandonó la órbita lunar el 9 de junio de 2001 rumbo al punto de Lagrange L2 del sistema Tierra-Sol para probar sus estaciones de seguimiento terrestres, y de ahí rumbo al asteroide 4179 Toutatis, al que visitó el 13 de diciembre de 2012. En una sola misión, la CNSA consiguió varios hitos, orbitar la Luna directamente sin orbitar la Tierra, mapear el 100% de la superficie lunar, llegar al punto de Lagrange L2 del sistema Tierra-Sol y visitar un asteroide cercano, toda una proeza teniendo en cuenta la excasa experiencia adquirida con anterioridad.
Esquema de la trayectoria de la sonda Chang’e 2.
2ª etapa: Alunizajes.
La Chang’e 3 consistía en un módulo aterrizador portando un mini rover, llamado Yutu («Conejo de Jade») en su interior. Fue lanzada el 1 de diciembre de 2013 a bordo de un lanzador Larga Marcha 3B desde el Centro Espacial de Xichang. Con una masa de 1 200 kg y el rover de 140 kg entró en órbita polar lunar el 6 de diciembre, alunizando con éxito en la región de Mare Imbrium («Mar de las lluvias») cerca de Sinus Iridium (lugar previsto) el 14 de diciembre del mismo año. Tras cumplir con éxito el alunizaje el rover recorrió los alrededores del módulo aterrizador durante dos días lunares antes de que un fallo provocara su inmovilidad. Actualmente el módulo aterrizador y el rover se mantienen activos, superando los planes iniciales de duración primaria de la misión de tres meses, consiguiendo así otro hito para la carrera lunar china, el de posar suavemente una sonda en la superficie y un vehículo de ruedas, hecho que no ocurría desde que la sonda soviética Luna 24 lo hiciera en 1976.
Vídeo conmemorativo de la misión Chang’e 3. Edición: Julio J. Díez.
La Chang’e 4 consistirá en una versión modificada y mejorada de su antedecesora, tal como la Chang’e 2 lo era de la Chang’e 1. Está previsto su lanzamiento para 2017, pero aún no se ha confirmado nada al respecto.
3ª etapa: Recogida y retorno de muestras.
Esta sería sin duda la misión más ambiciosa del programa, la recogida y retorno de muestras lunares a la Tierra por una sonda robótica. La Chang’e 5 está programada para ser lanzada en el año 2017 a bordo de un lanzador Larga Marcha 5 actualmente en desarrollo. Su misión sería la de recoger 2 kg de muestras lunares e introducirlas en un módulo de ascenso que deberá despegar de la superficie lunar y acoplarse en órbita para transferir las muestras a otro módulo orbital situado en órbita polar. Éste módulo estaría compuesto de un módulo de reentrada similar a la cápsula Shenzhou pero de menores dimensiones y un módulo orbital, los cuáles con las muestras ya transferidas abandonarían la órbita lunar rumbo a la Tierra. Todo un complejo sistema que sin duda acortará las pruebas y pasos previos para una hipotética misión tripulada.
La cápsula de reentrada ha sido probada en la misión Chang’5 t1, un demostrador tecnológico que fue lanzado el 23 de octubre de 2014 a un vuelo circunlunar y regresó a la Tierra el 31 de octubre usando una técnica de doble reentrada atmosférica. Esta técnica es la utilizada en las misiones tripuladas Apolo que regresaron tras poner al hombre en la Luna.
Todo parece indicar que una vez concluídas estas tres etapas, lo siguiente sería hacer un vuelo circunlunar tripulado (como la misión Apolo 8) o un alunizaje tripulado. Sin duda un enorme y costoso reto, al que aún no han puesto fecha en el calendario pero que estarían en condiciones de realizar en caso de que prueben las tecnologías capaces de realizar esta proeza en la próxima misión Chang’e 5, como son el lanzador Larga Marcha 5 y el ascenso desde la superficie lunar y acoplamiento en órbita lunar y vuelta a la Tierra.
Desde No Sólo Sputnik estaremos atentos a esta nueva superpotencia espacial que va consiguiendo hitos a cada misión que realiza.
Un año más (y van 10 años consecutivos), Rusia encabeza la clasificación de número de lanzamientos orbitales con un 40% del total de los 91 lanzamientos realizados en el año. Le sigue Estados Unidos con 23 y China con 15.
Tabla lanzamientos orbitales del año 2014. Autor: Julio J. Díez
Estos lanzamientos incluyen lanzamientos de prueba de lanzadores o cápsulas, misiones de mantenimiento, construcción y relevo de tripulaciones de la ISS (Estación Espacial Internacional) y su reabastecimiento, lanzamiento de satélites científicos o militares (conocidos) y misiones planetarias o de estudio de otros cuerpos.
De los países con capacidad propia para realizar este tipo de lanzamientos este año no han lanzado ninguno Corea del Norte, Corea del Sur ni tampoco Irán. El consorcio internacional de Sea Launch ha realizado un lanzamiento, desde una plataforma móvil desde un barco posicionado en aguas internacionales, lo más cercana posible al ecuador.
Del total de lanzamientos solo resultaron fallidos o parcialmente fallidos 4, resultando un 95,6% de efectividad, lo que da una clara idea del grado de seguridad y competitividad que se ha alcanzado en este ámbito. De los 91 realizados, un cohete Antares-130 con la carguera de reabastecimiento de la ISS Cygnus CRS-3 explotó durante el despegue y un cohete Protón-M con etapa Briz-M ruso tuvo un error tras un lanzamiento exitoso que supuso la pérdida del satélite Ekspress-AM4R que portaba. Además de estos dos fracasos habría que añadir un fallo parcial de un cohete Protón-M con etapa Briz-M ruso con el satélite Ekspress-AM 6 y un cohete Soyuz-STB con etapa Fregat-MT con dos satélites Galileo de Ariannespace lanzado desde la Guayana Francesa.
Nuevos lanzadores en servicio. Este año hemos podido ver el primer vuelo de diversos lanzadores. Algunos de ellos son modificaciones de algunos ya en servicio como son el Antares-120, el Antares-130 (ambos de la empresa privada Orbital Sciences), el Falcon-9 v1.1 (SpaceX), el Larga Marcha chino CZ-3C/G2 y el primero de una nueva línea de lanzadores pesados rusos, el Angara-A5 con etapa Briz, lanzado desde el cosmódromo ruso de Plesetsk.
Misiones tripuladas. Este año en cuanto a misiones tripuladas, sólo se han realizado las cuatro misiones Soyuz-TMAm efectuadas por Rusia destino a la ISS. EEUU sigue sin disponer de nave tripulada y China este año no ha realizado ninguna misión tripulada Shenzhou.
Misiones de reabastecimiento a la ISS. Además de las cuatro cargueras rusas Progress enviadas a la ISS, también se han lanzado con éxito dos cargueras Cygnus de la empresa privada estadounidense Orbital Sciences, dos cargueras Dragon de la empresa privada estadounidense SpaceX y la última de las cargueras automáticas de la ESA, el ATV-5 «Georges Lemaître».
Sondas espaciales En cuanto a sondas espaciales para el estudio del sistema solar, este año sólo se han lanzado dos, la primera de ellas la misión china a un vuelo circunlunar y reentrada en la Tierra de una minicápsula, la Chang’e 5 t1, un demostrador tecnológico como prueba de la futura Chang’e 5 de recogida y retorno de muestras lunares. Por otra parte, los japoneses han lanzado la sonda Hayabusa-2 rumbo al asteroide cercano 1999 JU3 para una misión de estudio, recogida y retorno de muestras.