La Expedición 72 de la Estación Espacial Internacional concluyó con éxito el 20 de abril de 2025, tras el aterrizaje de la cápsula Soyuz MS-26 en las estepas de Kazajistán. A bordo de la nave retornaron a la Tierra el astronauta estadounidense Don Pettit y los cosmonautas rusos Alexey Ovchinin e Ivan Vagner, culminando una misión de 220 días en órbita que se inició el 11 de septiembre de 2024.
La cápsula Soyuz MS-26 activa sus motores de frenado poco antes de tocar tierra, marcando el fin de la misión de 220 días de Don Pettit, Alexey Ovchinin e Ivan Vagner. Créditos: NASA
La nave Soyuz MS-26 aterriza en una zona remota cerca de Zhezkazgan, Kazajistán, con Don Pettit (NASA), Alexey Ovchinin e Iván Vágner (Roscosmos) a bordo, concluyendo su misión de 220 días en la Estación Espacial Internacional. Créditos: NASA
El desacoplamiento de la Soyuz MS-26 tuvo lugar a las 21:57 UTC del 19 de abril, al separarse del módulo Rassvet del segmento ruso de la EEI. Tras un encendido de frenado de 4 minutos y 41 segundos ejecutado a las 00:27 UTC del día 20, la cápsula inició su descenso controlado a través de la atmósfera terrestre. El aterrizaje, asistido por paracaídas y cohetes de frenado, se produjo a las 01:20 UTC (06:20 hora local) en las proximidades de la ciudad de Zhezkazgan.
Durante su estancia en la estación, los tres tripulantes participaron en múltiples experimentos científicos, tareas de mantenimiento y supervisión de acoplamientos de vehículos de carga y tripulados. Don Pettit, quien celebró su 70º cumpleaños el día del aterrizaje, acumuló con esta misión un total de 590 días en el espacio a lo largo de cuatro vuelos. Además de su papel como ingeniero de vuelo en las Expediciones 71 y 72, contribuyó a experimentos centrados en tecnologías de impresión 3D metálica, purificación de agua, biología vegetal y comportamiento del fuego en microgravedad.
Don Pettit es trasladado a una tienda médica tras aterrizar junto a Alexey Ovchinin e Ivan Vagner en la cápsula Soyuz MS-26, concluyendo su misión de 220 días a bordo de la Estación Espacial Internacional. Créditos: NASA
El cosmonauta Iván Vágner, tras regresar de su segunda misión en la Estación Espacial Internacional, es asistido por el equipo de recuperación en las estepas de Kazajistán. Créditos: NASA
Alexey Ovchinin, comandante de la Soyuz MS-26 y con cuatro vuelos espaciales en su historial, suma ahora 595 días en órbita. Junto con Vagner, realizó una actividad extravehicular de 7 horas y 17 minutos en la que emplearon el brazo robótico europeo ERA del módulo Nauka. Ivan Vagner, en su segunda misión espacial, alcanza los 416 días acumulados en el espacio.
La reentrada y aterrizaje de la MS-26 se desarrollaron dentro de lo previsto, aunque durante la extracción de la cápsula Don Pettit requirió atención médica por un episodio breve de desvanecimiento, del que se recuperó sin complicaciones. La tripulación fue evacuada por helicóptero a la ciudad de Karagandá. Posteriormente, Ovchinin y Vagner partieron hacia el centro de entrenamiento de cosmonautas en Star City, Rusia, mientras que Pettit regresó a Houston a bordo de un avión de la NASA.
De izquierda a derecha, Alexey Ovchinin (Roscosmos), Don Pettit (NASA) e Iván Vágner (Roscosmos) se despiden antes de embarcar en la nave Soyuz MS-26 para su retorno desde la Estación Espacial Internacional. Créditos: NASA
Este regreso marcó el fin oficial de la Expedición 72 y el inicio de la Expedición 73. La próxima misión tripulada rusa, la Soyuz MS-28, está prevista para el 27 de noviembre de 2025. Mientras tanto, la nueva etapa en la estación continúa con la tripulación que permanecerá en órbita durante los próximos meses.
Tripulación actual de la Estación Espacial Internacional
Nacionalidad
Tripulante
Nave de llegada a la ISS
En órbita desde:
Nº Vuelos
🇺🇸
Anne McClain
Crew-10
14/03/2025
2º vuelo
🇺🇸
Nichole Ayers
Crew-10
14/03/2025
1º vuelo
🇯🇵
Takuya Onishi
Crew-10
14/03/2025
2º vuelo
🇷🇺
Kirill Peskov
Crew-10
14/03/2025
1º vuelo
🇷🇺
Serguéi Ryzhikov
Soyuz MS-27
8/04/2025
3º vuelo
🇷🇺
Alexéi Zubritsky
Soyuz MS-27
8/04/2025
1º vuelo
🇺🇸
Jonny Kim
Soyuz MS-27
8/04/2025
1º vuelo
La nave Soyuz MS-26 es captada en los momentos posteriores a su desacoplamiento de la Estación Espacial Internacional, iniciando el regreso de Don Pettit (NASA), Alexey Ovchinin e Iván Vágner (Roscosmos) tras más de siete meses en órbita. Créditos: NASA
La nave Soyuz MS-27 se encuentra ya acoplada a la Estación Espacial Internacional (EEI) tras completar con éxito su lanzamiento y maniobra de encuentro orbital en una misión que durará cerca de ocho meses. El despegue se produjo el 8 de abril de 2025 a las 05:47 UTC desde la rampa PU-6 del Área 31 del cosmódromo de Baikonur, en Kazajistán, a bordo de un cohete Soyuz-2.1a. Apenas tres horas más tarde, a las 08:57 UTC, la nave atracaba en el puerto inferior del módulo Prichal de la EEI, siguiendo un perfil de vuelo de dos órbitas diseñado para acortar los tiempos de llegada.
Expedición 72 recién ampliada. Delante, con mono azul, se encuentran los nuevos tripulantes, el astronauta de la NASA Jonny Kim y los cosmonautas de Roscosmos Sergey Ryzhikov y Alexey Zubritskoy. Créditos: NASA
A bordo de la nave viajan tres nuevos tripulantes: los cosmonautas rusos Sergei Ryzhikov y Alexei Zubritsky, y el astronauta de la NASA Jonathan Kim. El comandante Ryzhikov afronta su tercera misión espacial tras haber acumulado previamente más de 350 días en órbita. Por su parte, tanto Zubritsky como Kim debutan en vuelos espaciales. Zubritsky, nacido en la región de Zaporiyia en una Ucrania ya independiente, es el primer cosmonauta que vuela al espacio con esa singular trayectoria. Kim, por otro lado, aporta a la expedición una experiencia multidisciplinar como médico, militar y astronauta.
La Soyuz MS-27 se integrará durante los próximos días como vehículo de evacuación y rotación dentro de la estructura operativa de la Expedición 72. La llegada de sus ocupantes precede al regreso de la Soyuz MS-26, previsto para el 19 de abril, que traerá de vuelta a Alexei Ovchinin, Ivan Vagner y Donald Pettit, quienes se encuentran a bordo de la EEI desde septiembre de 2024.
Expedición 72 recién ampliada. Delante, con mono azul, se encuentran los nuevos tripulantes, el astronauta de la NASA Jonny Kim y los cosmonautas de Roscosmos Sergey Ryzhikov y Alexey Zubritskoy. Créditos: NASA
El astronauta de la NASA, Jonny Kim, es recibido por la tripulación de la Expedición 72. Créditos: NASA
Uno de los aspectos más destacados de esta misión es la duración planificada de permanencia en órbita de la Soyuz MS-27, estimada en 245 días. Este dato supone una extensión respecto a la certificación tradicional de seis meses para las cápsulas Soyuz. El objetivo de Roscosmos es reducir la frecuencia de lanzamientos, pasando de cuatro naves tripuladas en dos años a solo tres, lo que representa un ajuste relevante ante las restricciones presupuestarias del programa espacial ruso. Para posibilitar esta extensión, se han recalificado diversos sistemas de la nave, especialmente los relacionados con el sistema de propulsión y la integridad de los catalizadores empleados durante la reentrada.
La maniobra de acoplamiento fue observada en tiempo real por el equipo en tierra, que también destacó el homenaje visual incluido en el cohete portador: una librea especial conmemorativa del 80º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, visible en la cofia y cuerpos del lanzador.
Los cosmonautas rusos Serguéi Rízhikov y Alexéi Zubritski, y el astronauta de la NASA Jonathan Kim. Créditos: Yuri Kochetkov
El lanzamiento de la Soyuz MS-27 fotografiado desde la Estación Espacial Internacional por Ivan Vagner. Créditos: Roscosmos
Esta misión representa también el 73º acoplamiento de una nave Soyuz con la EEI y el 177º lanzamiento tripulado de una nave de esta familia desde su introducción en 1967. El uso del perfil de encuentro rápido, basado en solo dos órbitas alrededor de la Tierra antes del acoplamiento, ha permitido optimizar los recursos y reducir el impacto fisiológico en los tripulantes durante el trayecto.
En el contexto de los actuales sistemas de transporte tripulado hacia la EEI, la duración de la permanencia de la Soyuz MS-27 contrasta con los planes de retorno de la nave Crew Dragon Endurance, cuya tripulación Crew-10 llegó a la estación hace apenas tres semanas y tiene previsto regresar en julio. Esta misión tendría una duración de apenas cuatro meses, inferior al estándar habitual de las naves estadounidenses. Aunque la NASA y SpaceX no han ofrecido explicaciones públicas, existen especulaciones dentro del ámbito aeroespacial sobre posibles limitaciones no declaradas del sistema Crew Dragon.
Con la llegada de la Soyuz MS-27, la composición de la Expedición 72 queda completada. Junto a sus nuevos miembros se encuentran los actuales residentes de la Soyuz MS-26 y la Crew-10, configurando un grupo internacional dedicado a operaciones científicas, mantenimiento y cooperación tecnológica en microgravedad.
La nave Soyuz MS-27, con Ryzhikov, Zubritsky y Kim a bordo, acercándose a la Estación Espacial Internacional. Bajo ella, puede verse un sector de la costa mediterránea de África. Créditos: NASA
Lanzamiento nave tripulada Soyuz MS-27 rumbo a la EEI. Créditos: Yuri Kochetkov
Más allá del logro técnico y operativo, la misión MS-27 también simboliza una transición dentro de los planes futuros del programa ruso. La futura estación orbital ROS, que se planea operar en órbita polar, adoptará un esquema de rotación similar con misiones de hasta ocho meses, pero utilizando la nueva nave Oryol en sustitución de las Soyuz. Esta evolución forma parte del proceso de adaptación del programa espacial ruso a nuevos escenarios operativos y presupuestarios.
Mientras tanto, la cápsula MS-27 permanecerá anclada al módulo Prichal hasta el próximo mes de diciembre, completando así una de las estancias más largas registradas para una nave Soyuz en órbita. Será entonces cuando los tripulantes actuales regresen a Tierra, completando un capítulo más de la historia de presencia humana continua en el espacio.
Tripulación actual de la Estación Espacial Internacional
Una región más cálida de lo previsto en Makemake podría deberse a un anillo de polvo o a procesos activos en su superficie helada
La reciente detección de un exceso de emisión térmica en longitudes de onda medias en Makemake, uno de los objetos transneptunianos más brillantes y estudiados del cinturón de Kuiper, ha abierto una nueva línea de hipótesis sobre su actividad interna o entorno inmediato. Observaciones realizadas por el telescopio espacial James Webb (JWST) a través del instrumento MIRI (Mid-Infrared Instrument) han revelado una anomalía en el espectro térmico del planeta enano, indicando la presencia de una fuente de calor localizada cuya naturaleza aún no se ha determinado con certeza.
Las observaciones reales se muestran como puntos negros. La curva de cuerpo negro de 40K está en rojo y la de 147K, en azul. Las dos observaciones más a la izquierda son del JWST a 18 y 25 micras, y son mucho más brillantes de lo esperado para un objeto de 40K. Al añadir el punto más caliente de 147K, las curvas encajan perfectamente. Créditos: Kiss et al., 2024
Makemake orbita al Sol a una distancia que varía entre 5.700 y 7.900 millones de km, con una órbita moderadamente excéntrica. Su tamaño, de aproximadamente 1.430 km de diámetro, y su superficie cubierta principalmente por metano y etano helado lo convierten en uno de los cuerpos más representativos de los llamados objetos helados del cinturón de Kuiper. La temperatura promedio esperada para un objeto como Makemake, basado en su distancia al Sol y sus propiedades reflectivas, es de unos 40 K (aproximadamente -230 °C). A esta temperatura, su emisión térmica debería tener un pico en torno a los 100 micras de longitud de onda, en el rango del infrarrojo lejano o submilimétrico.
Sin embargo, las observaciones realizadas por JWST en las longitudes de onda de 18 y 25 micras han detectado un incremento significativo de flujo, con valores de brillo entre 4 y hasta 10 veces superiores a los esperados. Este tipo de emisión solo puede explicarse mediante la presencia de una fuente localizada con una temperatura mucho mayor que la del resto de la superficie, alrededor de 147 K, es decir, aproximadamente -126 °C. Aunque sigue siendo una temperatura extremadamente baja en términos terrestres, representa un contraste térmico de casi 100 °C respecto a la superficie general del cuerpo.
El equipo dirigido por Csaba Kiss ha considerado dos escenarios principales para explicar esta anomalía. El primero contempla la posibilidad de que exista una región activa en la superficie de Makemake, que podría estar asociada a actividad criovolcánica. En este modelo, una fracción muy pequeña del área visible, del orden del 0,04 %, estaría emitiendo con una temperatura elevada. Este fenómeno podría ser resultado de eyecciones localizadas de material caliente desde el subsuelo, a través de fracturas en la corteza de hielo que permitirían liberar metano líquido o agua mezclada con otros compuestos volátiles. Este tipo de actividad ya ha sido propuesto en otros objetos transneptunianos como Eris o Quaoar, y estaría en línea con modelos térmicos que sugieren que estos cuerpos pueden conservar calor interno suficiente, generado por desintegración radiactiva o procesos de diferenciación interna.
Imagen de Makemake obtenida por el telescopio espacial Hubble. Se observa la presencia de su luna, MK2, descubierta en 2015. Créditos: NASA, ESA, A. Parker y M. Buie
El segundo escenario sugiere que Makemake podría estar rodeado por un anillo de polvo compuesto por granos ricos en carbono, similar a los anillos detectados en otros cuerpos del sistema solar como Cariclo o Haumea. En este caso, la emisión térmica detectada correspondería no a la superficie del planeta enano, sino al polvo del anillo, que absorbería radiación solar y la reemitiría en el rango infrarrojo medio. La existencia de anillos en cuerpos de tamaño medio o pequeño del sistema solar ha sido una sorpresa en la última década, ya que se pensaba que solo los planetas gigantes podían mantener estructuras de este tipo de forma estable. En el caso de Haumea, el anillo fue identificado a través de ocultaciones estelares, pero en Makemake este método no ha revelado hasta ahora evidencias directas de material circundante.
Aunque el planeta enano posee una luna, denominada MK2, su contribución a la señal térmica detectada fue considerada y descartada por los autores del estudio. La luna es demasiado pequeña y oscura para explicar el exceso de flujo térmico, por lo que cualquier modelo satisfactorio debe incluir una fuente adicional de emisión, ya sea superficial o externa.
La posibilidad de que Makemake tenga actividad térmica interna es particularmente relevante en el contexto de la comprensión de los objetos del cinturón de Kuiper. Estos cuerpos helados conservan información sobre las condiciones iniciales del sistema solar exterior, y su evolución térmica, dinámica y química puede ofrecer claves sobre los procesos que dieron lugar a la formación planetaria. Si Makemake presenta criovulcanismo activo, esto sugeriría una estructura interna diferenciada, con una capa de material fundido o parcialmente fundido, y una corteza permeable a los gases.
La ilustración señala tres posibilidades, incluyendo la posibilidad de que exista agua líquida dentro Makemake en los confines del sistema solar, lejos del calor del Sol. Créditos: SWRI
Por otra parte, si el exceso térmico se debe a un anillo, esto abriría nuevas preguntas sobre el origen, composición y estabilidad de tales estructuras en cuerpos tan pequeños y lejanos del Sol. En este sentido, Makemake se uniría a un grupo selecto de cuerpos del sistema solar que incluyen anillos en su entorno inmediato, desafiando modelos clásicos que asociaban este fenómeno únicamente con los planetas gigantes. El polvo rico en carbono que se propone como material dominante del hipotético anillo también introduce implicaciones sobre el origen del material, posiblemente derivado de colisiones recientes o procesos de erosión de pequeños satélites.
El hallazgo ha sido posible gracias a la capacidad del JWST para observar con alta sensibilidad y resolución espectral en el infrarrojo medio. El instrumento MIRI permite cubrir el rango de longitudes de onda entre 5 y 28 micras, lo cual resulta esencial para detectar pequeñas desviaciones del comportamiento de emisión térmica de cuerpos fríos. En particular, las observaciones realizadas en los canales de 18 y 25,5 micras fueron fundamentales para identificar el exceso de emisión. El modelo propuesto por Kiss y colaboradores se ajusta a los datos mediante la suma de dos curvas de cuerpo negro: una correspondiente a la temperatura global esperada para Makemake y otra para la región caliente o fuente secundaria.
Las observaciones previas realizadas desde tierra y con telescopios como Spitzer o Herschel ya habían caracterizado la curva de emisión de Makemake en el rango del submilimétrico, sin detectar irregularidades importantes. El hecho de que el exceso solo aparezca en el infrarrojo medio, y no en el infrarrojo lejano, refuerza la hipótesis de que la fuente es pequeña o localizada, ya que un objeto más grande produciría una alteración de la curva también en otras longitudes de onda.
Ilustración artística de Makemake y su luna. Créditos: NASA/ESA/A. Parker y M. Buie (SwRI)
Más allá de este descubrimiento concreto, el caso de Makemake pone de relieve la necesidad de contar con observaciones de alta precisión para explorar la diversidad de los planetas enanos del sistema solar exterior. Objetos como Plutón, Eris, Haumea o Quaoar han mostrado características inesperadas que van desde atmósferas tenues hasta posibles criovolcanes o sistemas de anillos. En este contexto, Makemake podría pasar de ser uno de los objetos más tranquilos del cinturón de Kuiper a representar un laboratorio natural para estudiar fenómenos térmicos en ambientes extremadamente fríos.
En los próximos años, observaciones adicionales con JWST y futuras ocultaciones estelares podrían permitir confirmar la existencia de un anillo en torno a Makemake o caracterizar con mayor detalle la naturaleza de la región caliente detectada. También se abre la puerta a explorar fenómenos similares en otros objetos transneptunianos, especialmente aquellos que aún no han sido estudiados en detalle en el rango del infrarrojo medio.
La posibilidad de recoger muestras directas del material eyectado por los volcanes de Ío, la luna más activa geológicamente del sistema solar, está siendo considerada con renovado interés tras una serie de estudios que exploran tanto la viabilidad técnica como el valor científico de dicha misión. Una reciente propuesta científica ha presentado los fundamentos para una misión de retorno de muestras basada en el sobrevuelo de las columnas volcánicas de Ío, sin necesidad de aterrizar en su superficie. Esta idea, que ha sido discutida en el marco del 56.º Congreso de Ciencia Lunar y Planetaria (LPSC 2025), plantea una estrategia de muestreo directo que evitaría los riesgos asociados a las intensas emisiones de radiación y actividad volcánica en la superficie de esta luna de Júpiter.
Fotografía capturada por Galileo en 1997 mostrando plumas volcánicas activas en Ío. Créditos: NASA/JPL
La nave Crew Dragon Resilience finaliza la misión privada Fram2 tras realizar una órbita polar tripulada, superando el récord de inclinación orbital y completando varios experimentos en microgravedad
Con el amerizaje frente a la costa californiana de la cápsula Crew Dragon Resilience, concluyó la misión Fram2, la primera misión espacial tripulada que ha sobrevolado ambos polos terrestres. Esta misión de órbita polar ha alcanzado una inclinación orbital de 90º, lo que permite que el vehículo espacial pase sobre la totalidad de la superficie terrestre durante cada revolución, incluyendo las regiones polares. La trayectoria elegida contrasta con la habitual en vuelos tripulados, limitada por las inclinaciones menores como la de la Estación Espacial Internacional (51,6°), y establece un nuevo récord, superando incluso los 65,1° de la misión Vostok-6 de Valentina Tereshkova en 1963.
Recreación artística de la misión Fram2. Créditos: SpaceX
La duración total de la misión fue de cuatro días. Durante ese tiempo, los tripulantes observaron desde órbita diversas regiones del planeta desde una perspectiva poco frecuente para vuelos espaciales tripulados. Las condiciones orbitales también permitieron captar fenómenos como auroras boreales y australes de manera simultánea, un hecho poco habitual desde el espacio. La misión adoptó su nombre en honor al buque polar Fram, utilizado por exploradores noruegos como Nansen y Amundsen en sus expediciones a las regiones árticas y antárticas entre 1893 y 1912. Como parte simbólica de la misión, un fragmento de madera original del buque fue llevado al espacio a bordo de la cápsula.
La tripulación de Fram2 estuvo formada por el empresario Wang Chun, quien actuó como promotor y financiador principal de la misión. Chun, nacido en China, posee actualmente nacionalidad de Malta y de San Cristóbal y Nieves, lo que lo convierte en el primer astronauta en representación de ambos países. Vive en Noruega, país con el que también mantiene vínculos estrechos. Jannicke Mikkelsen, con doble nacionalidad británica y noruega, fue la comandante de la nave, lo que la convierte en la primera mujer noruega en alcanzar el espacio. La piloto Rabea Rogge ha sido reconocida como la primera astronauta alemana, mientras que Eric Philips, especialista de la misión y veterano explorador polar, se convierte en el primer astronauta en representar oficialmente a Australia, dado que los anteriores australianos que volaron con la NASA ya habían adoptado la ciudadanía estadounidense.
Tripulación de la misión Farm2 de SpaceX
A lo largo de la misión se llevaron a cabo 22 experimentos científicos, muchos de ellos relacionados con la medicina en microgravedad y la observación de fenómenos atmosféricos. Entre ellos destaca la obtención de la primera imagen de rayos X tomada en el espacio, denominada informalmente “framografía”, en homenaje tanto a la misión como a la primera radiografía de la historia realizada por Wilhelm Röntgen en 1895. Esta iniciativa formó parte de un conjunto de pruebas médicas enfocadas en la viabilidad de diagnósticos rápidos durante vuelos espaciales de corta duración.
En términos operativos, Fram2 supuso también un ensayo para futuras misiones con recuperación en el Pacífico. Hasta ahora, los vuelos tripulados en cápsulas Crew Dragon habían finalizado sus trayectorias en el Golfo de México o la costa atlántica de Florida. Las condiciones meteorológicas más favorables del litoral californiano, junto con una mayor disponibilidad logística, han motivado a SpaceX a validar esta nueva zona de recuperación. Asimismo, los procedimientos post-amerizaje incluyeron una novedad operativa: todos los miembros de la tripulación abandonaron la cápsula por sus propios medios y caminaron sin asistencia hasta la zona médica del buque de recuperación, una práctica que podría estandarizarse en vuelos de perfil corto y baja exigencia física.
Amerizaje de la cápsula Resilence de SpaceX en el Pacífico. Créditos: SpaceX
La cápsula utilizada fue Resilience, una de las unidades más veteranas del programa Crew Dragon. Esta fue su cuarta misión tripulada, habiendo participado previamente en Crew-1, Inspiration4 y Polaris Dawn. Para Fram2, volvió a incorporar el módulo de cúpula panorámica que se estrenó en la misión Inspiration4, ofreciendo a los tripulantes una vista amplia del planeta en todos los meridianos, en especial de las regiones polares, que son escasamente observadas desde la órbita.
La misión marca además un hito dentro del historial del programa Dragon, siendo la número 50 entre misiones de carga y tripuladas. El modelo operativo utilizado por Fram2 consolida un nuevo tipo de misión orbital que, sin tener como objetivo principal un destino específico como una estación espacial, permite realizar experimentación científica, observación terrestre y promoción internacional del acceso privado al espacio.
Vista de la cúpula de la Resilence para la misión Fram2. Créditos: SpaceX
El perfil de Fram2 representa una tendencia emergente: vuelos orbitales breves impulsados por financiación privada, que permiten combinar objetivos técnicos, científicos y de comunicación. Aunque aún están fuera del alcance de la mayoría de instituciones científicas por su coste, estas misiones abren un nuevo escenario para el uso del espacio orbital como laboratorio y entorno de demostración tecnológica. En el caso concreto de Fram2, la combinación de patrocinio privado y objetivos operativos ha permitido validar procedimientos de navegación polar, observación terrestre en latitudes extremas y asistencia médica básica en órbita baja.