La diferencia entre Ío y Europa apunta a su formación, no a una pérdida extrema de agua

Un estudio reciente analiza la evolución temprana de los satélites de Júpiter y muestra que los escenarios de escape atmosférico extremo no bastan para explicar el contraste actual entre Ío y Europa, reforzando la importancia de las condiciones de formación en el entorno joviano.

Comparación de los satélites Ío y Europa de Júpiter, mostrando la superficie volcánica de Ío y la superficie helada y fracturada de Europa.
Comparación de Ío y Europa. Créditos: NASA/JPL/DLR
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SPHEREx finaliza su primer cartografiado infrarrojo de todo el cielo

El telescopio espacial de la NASA ha observado la bóveda celeste en 102 longitudes de onda infrarrojas durante sus primeros seis meses de operaciones científicas.

El telescopio espacial SPHEREx de la NASA ha completado su primer mapa infrarrojo de todo el cielo, una cartografía global obtenida en 102 longitudes de onda distintas. Este conjunto de datos ofrece una visión del universo en regiones del espectro electromagnético invisibles al ojo humano y permite estudiar la estructura a gran escala del cosmos, la evolución de las galaxias y la distribución de compuestos clave en la Vía Láctea.

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El interior de Titán, entre un océano global y capas deformables de hielo profundo

Un estudio basado en datos de la misión Cassini muestra que la deformación de Titán no requiere necesariamente un océano subsuperficial continuo

Durante años, el interior de Titán se ha interpretado como uno de los casos más representativos de un satélite con un océano global oculto bajo su superficie helada. A partir de los datos obtenidos por la misión Cassini, la interpretación dominante en la literatura post-misión asumía que bajo la corteza de hielo de la mayor luna de Saturno existía una capa continua de agua líquida, situada entre el núcleo rocoso y el hielo superficial. Esta hipótesis convirtió a Titán en un miembro destacado del grupo de los llamados «mundos océano» y reforzó su interés desde el punto de vista geofísico y químico.

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ALMA reconstruye la estructura interna de un jet protoestelar con un detalle sin precedentes

La interacción entre el jet protoestelar de SVS 13 y su entorno confirma modelos teóricos clásicos y revela cómo los estallidos de acreción dejan su huella en el gas eyectado

Las estrellas similares al Sol no se forman en entornos tranquilos. Durante sus primeras etapas, mientras acumulan masa desde un disco de acreción, expulsan parte de ese material en forma de chorros colimados de gas que atraviesan el medio interestelar a velocidades supersónicas. Estos jets protoestelares, observables con instrumentos como ALMA, no son un subproducto del proceso, sino un mecanismo que regula el crecimiento estelar, redistribuye el momento angular y altera las condiciones físicas del entorno donde se formarán sistemas planetarios.

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Las grandes cuencas de impacto de Mercurio revelan una secuencia común de vulcanismo

Un estudio comparativo muestra que el tamaño del impacto y la evolución térmica del planeta controlaron el relleno volcánico de sus principales cuencas

Cuando se observan las grandes cuencas de impacto en la superficie de Mercurio, resulta tentador pensar que cada una cuenta una historia distinta. Sus tamaños varían, su aspecto no es idéntico y las llanuras volcánicas que las rellenan muestran diferencias claras en brillo y color. Sin embargo, un nuevo análisis de los datos de la misión MESSENGER sugiere que, por debajo de esas diferencias, todas siguen un mismo guion.

Detalle de la cuenca Caloris captada por la sonda Messenger de la NASA. Créditos: NASA
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