La NASA ha lanzado con éxito las misiones SPHEREx y PUNCH, que operarán en órbitas separadas con objetivos científicos distintos. Ambas misiones despegaban el 12 de marzo de 2025 a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX desde la Base de la Fuerza Espacial de Vandenberg, en California. La separación de los dos satélites en el espacio ocurrió sin inconvenientes y las primeras señales de telemetría confirmaron que las dos misiones se encuentran en correcto funcionamiento.
Representación artística del telescopio SPHEREx en su órbita polar terrestre, donde realizará un mapeo infrarrojo del cielo. Créditos: NASA/JPL-Caltech
Las observaciones de la sonda New Horizons en su sobrevuelo de Plutón en 2015 han revelado una estructura geológica en la región de Hayabusa Terra que podría representar un criovolcán de gran magnitud. Investigaciones recientes sugieren que la caldera Kiladze, una depresión de unos 44 km de diámetro, pudo haber experimentado erupciones de hielo en el pasado geológico del planeta enano, con la expulsión de grandes volúmenes de criomagma. La presencia de agua helada con trazas de compuestos amoniacales en la zona refuerza la hipótesis de una actividad criovolcánica relativamente reciente en términos geológicos.
Vista global de Plutón con la ubicación de la caldera Kiladze (a, b), imagen de alta resolución de la región (c) y mapa espectral codificado por colores (d) que indica la distribución del hielo de agua. Créditos: Emran et al. (2023a)
Las estructuras geológicas observadas en Plutón han revelado la presencia de múltiples regiones con posibles indicios de vulcanismo helado, incluyendo terrenos fracturados y depósitos de materiales helados con firmas espectrales distintas a la composición de metano predominante en la superficie. Kiladze se distingue por ser una depresión con forma de caldera, con bordes irregulares y rodeada de fracturas y cadenas de pozos colapsados que sugieren actividad tectónica y procesos de hundimiento.
Los análisis espectrales han mostrado que en la caldera y sus alrededores la composición predominante es agua helada, lo que contrasta con la composición rica en metano de las regiones circundantes. Además, la presencia de compuestos amoniacales en el hielo es particularmente relevante, ya que el amoníaco actúa como anticongelante, permitiendo que el agua permanezca en estado líquido a temperaturas extremadamente bajas. Esto refuerza la posibilidad de que Kiladze haya sido un punto de emisión de criomagma, es decir, un volcán de hielo que transportó material desde el interior de Plutón hasta la superficie.
Mapa geológico de Plutón centrado en Kiladze, mostrando las diferentes unidades de terreno y estructuras tectónicas en la región. Créditos: White et al. (2022)
La estructura de Kiladze presenta similitudes con las calderas volcánicas terrestres y marcianas, lo que ha llevado a los científicos a considerar que su formación pudo haber estado vinculada a uno o varios eventos eruptivos de gran magnitud. En la Tierra, las supererupciones volcánicas generan calderas cuando el colapso de la cámara magmática forma depresiones de gran tamaño. Un proceso similar, aunque adaptado a las condiciones criogénicas de Plutón, pudo haber dado origen a Kiladze. Se estima que el volumen de material expulsado en estos eventos pudo haber superado los 1.000 km³ de criomagma, compuesto por agua y otros volátiles.
Otro factor a considerar es la relativa juventud geológica de la caldera Kiladze. Se ha calculado que, debido a la deposición constante de partículas procedentes de la atmósfera de Plutón, una capa de material podría ocultar las firmas espectrales del hielo de agua en unos 3 millones de años. Dado que Kiladze sigue mostrando con claridad su composición de agua helada en los datos espectrales, es probable que su última actividad haya ocurrido en tiempos relativamente recientes en la historia geológica del planeta enano.
Comparación entre la estructura de Kiladze en Plutón y la caldera Siloe Patera en Marte, resaltando similitudes morfológicas que podrían indicar procesos volcánicos análogos. Créditos: P. M. Schenk et al. (2018).
Las características topográficas de Kiladze también refuerzan su posible origen volcánico. El terreno presenta una combinación de superficies lisas en el interior de la caldera, elevaciones en su centro y fracturas radiales, patrones que se asemejan a los observados en calderas volcánicas de otros cuerpos del Sistema Solar. Además, la morfología de la región sugiere que el hundimiento de la caldera pudo haber estado acompañado por actividad tectónica, generando fracturas y estructuras de colapso en sus alrededores.
Este descubrimiento plantea preguntas sobre la evolución geológica de Plutón y la posible existencia de procesos geotérmicos en su interior. La actividad criovolcánica requiere una fuente de calor interna que mantenga zonas de agua líquida en las profundidades, lo que sugiere que el núcleo de Plutón podría haber retenido suficiente energía térmica desde su formación o que procesos como la desintegración radiactiva de elementos en su interior sigan generando calor.
Comparación en 3D entre la caldera Kiladze y el cráter Giclas en Plutón, destacando similitudes y diferencias en su morfología y elevaciones. Créditos: P. M. Schenk et al. (2018)
Si se confirma que Kiladze es una caldera criovolcánica, esto reforzaría la idea de que Plutón ha experimentado actividad geológica significativa en su historia reciente y que su interior podría seguir siendo dinámico en la actualidad. Este hallazgo también abre la posibilidad de que en otros mundos helados del Sistema Solar, como Tritón o Caronte, existan procesos similares, con implicaciones importantes para la astrobiología y la dinámica interna de estos cuerpos.
Las futuras misiones a Plutón podrían aportar más datos para confirmar la hipótesis del criovolcanismo en Kiladze. El estudio de esta caldera podría proporcionar pistas sobre la composición y evolución térmica del planeta enano, además de ofrecer información sobre los mecanismos que permiten la existencia de agua líquida en mundos helados. Hasta entonces, los datos obtenidos por New Horizons continúan desvelando los secretos geológicos de este fascinante mundo en los confines del Sistema Solar.
El programa de Servicios de Carga Lunar Comercial (CLPS) de la NASA nació con una ambiciosa premisa que es la de trasladar a la industria privada la tarea de entregar experimentos científicos y tecnología a la superficie lunar, reduciendo costos y fomentando el desarrollo de una economía lunar sostenible. A diferencia de los grandes programas tripulados como Artemis, CLPS apuesta por la rapidez y la innovación del sector comercial para realizar múltiples misiones con presupuestos ajustados. Sin embargo, los resultados hasta la fecha han sido, en el mejor de los casos, dispares.
Primeras misiones aprobadas del programa CLPS de la NASA. Créditos: NASA
La sonda Europa Clipper ha sobrevolado Marte el 1 de marzo de 2025 en una maniobra de asistencia gravitatoria que le permitirá continuar su trayecto hacia el sistema de Júpiter. La nave pasó a 884 km de la superficie marciana con una velocidad de 24,5 km/s relativa al Sol. Durante las 12 horas previas y posteriores al sobrevuelo, la atracción gravitatoria de Marte modificó su trayectoria y redujo su velocidad a 22,5 km/s, preparando el camino para la siguiente asistencia gravitatoria en la Tierra en diciembre de 2026.
Recreación de la sonda Europa Clipper sobre Marte. Créditos: NASA
La misión despegó el 14 de octubre de 2024 desde el Centro Espacial Kennedy en un cohete Falcon Heavy de SpaceX. Su recorrido hasta Júpiter abarca 2.900 millones de km, y sin las asistencias gravitatorias de Marte y la Tierra, la nave requeriría una cantidad significativamente mayor de combustible, lo que aumentaría el peso y los costos o prolongaría considerablemente el tiempo de viaje.
Imagen de Marte y sus lunas durante el sobrevuelo de la sonda Europa Clipper. Créditos : NASA/JPL
El equipo de navegación ha realizado varias maniobras de corrección de trayectoria (TCM) para ajustar la órbita de la sonda y garantizar el sobrevuelo seguro de Marte. Tres de estas maniobras ocurrieron en noviembre de 2024, enero de 2025 y el 14 de febrero de 2025. Un nuevo ajuste está programado para aproximadamente 15 días después del sobrevuelo marciano, y se espera que la misión realice hasta 200 correcciones adicionales a lo largo de su recorrido hasta Júpiter, donde llegará en abril de 2030.
Trayectoria de la sonda Europa Clipper hasta su llegada a Júpiter. Créditos: NASA
El sobrevuelo de Marte también ha sido aprovechado para probar y calibrar dos de los instrumentos científicos de Europa Clipper. El radar de penetración de hielo REASON, diseñado para estudiar la estructura interna de la luna Europa, ha sido activado por primera vez con todos sus componentes en funcionamiento. Este radar opera en longitudes de onda tan grandes que no pudieron probarse completamente en la Tierra antes del lanzamiento. Además, el equipo de misión ha realizado la calibración de la cámara infrarroja E-THEMIS, que generará una imagen multiespectral de Marte en los próximos meses cuando los datos sean procesados y enviados de regreso a la Tierra.
Tras su llegada al sistema de Júpiter en 2030, la sonda pasará un año ajustando su órbita antes de comenzar una serie de sobrevuelos de Europa, que se extenderán por aproximadamente tres años. Durante este tiempo, Europa Clipper estudiará la composición, geología y potencial habitabilidad de la luna, con el objetivo de determinar si bajo su corteza helada existe un océano subterráneo capaz de albergar vida.
La empresa estadounidense Firefly Aerospace ha logrado alunizar con éxito su módulo Blue Ghost M1 en la Luna el 2 de marzo de 2025, convirtiéndose en la segunda misión privada en alcanzar este hito y la primera en hacerlo en posición completamente vertical. Además, lo han conseguido en su primer intento. La nave alunizó suavemente a las 03:34 a. m. (08:34 GMT) en una zona cercana a Mons Latreille, una formación volcánica situada en el Mare Crisium, en el borde oriental del disco visible de la Luna.
La sombra del Blue Ghost en la luna. Créditos: Firefly Aerospace