James L. Green: «Plutón es fascinante y de una complejidad inesperada»

EL pasado martes 17 de diciembre tuve la ocasión de asistir a la conferencia de James L. Green, director de Ciencias Planetarias de la NASA, sobre el encuentro de la sonda New Horizonts con Plutón. La misma tuvo lugar en el Planetario de Madrid, dentro de su programación de conferencias de otoño.

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James L. Green, Director de la división de Ciencias Planetarias de la NASA. Imagen de archivo.

Durante la hora y cuarto que duró la conferencia, explicó con claridad y entusiasmo lo que sabíamos de Plutón y todos los descubrimientos de la sonda ha realizado en su flyby sobre el planeta en el pasado mes de julio. Se abre una nueva etapa de investigación sobre estos mundos de hielo, sobre su comportamiento y como han modelado su superficie tras una intensa actividad geológica.

Introdujo primero con datos físicos y orbitales del planeta y sus satélites, la trayectoria de la sonda y como se planificó desde la NASA el citado encuentro totalmente automatizado, dado que la señal de la Tierra tarda en llegar a la sonda 4h 30min.

Comentó también la dificultad de planificar una sonda de este tipo, a un objetivo tan lejano, como antes de ser lanzada se dirigía a un planeta con tres lunas y al llegar, ya era clasificado un planeta enano con cinco lunas.

Aseguró que la New Horizonts es el primer paso para el conocimiento de Plutón, de la que el siguiente debería ser orbitar el planeta y por último mandar una sonda a su superficie. No se aventuró a pronosticar cuando otra sonda visitará Plutón, añadiendo que aún quedan muchos meses de recibir información muy valiosa que fue recogida por la sonda en su encuentro. Meses que junto lo que ya conocemos gracias a la sonda, han hecho cambiar nuestra visión de Plutón y la importancia de este cuerpo tan fascinante y de una complejidad inesperada, para nuestro conocimiento sobre la formación del Sistema Solar y del Cinturón de Kuiper más allá de la órbita de Neptuno.

James L. Green es el máximo responsable de todas las sondas espaciales enviadas por la NASA para el conocimiento del Sistema Solar, exceptuando las enviadas al Sol. Ha publicado más de 100 artículos sobre  el estudio de la magnetosfera de Júpiter y la Tierra. Recibión el premio japonés Kotani en 1996 y el premio Arthur S. Fleming en 1998 por su importante actividad internacional sobre tratamiento de datos científicos y por su trabajo para el Gobierno Federal de EEUU.

Conferencias de Otoño del Planetario de Madrid organizadas por Obra Social de La Caixa.
Conferencias de Otoño del Planetario de Madrid organizadas por Obra Social de La Caixa.

La próxima conferencia del programa de otoño del Planetario de Madrid tratará de la sonda Rosetta y de lo que hemos aprendido sobre los cometas gracias a esta sonda europea. El ponente es Pedro Gutiérrez del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC).

El colosal Rheasilvia Mons en el asteroide Vesta

En la superficie del asteroide Vesta se alza una de las estructuras montañosas más impresionantes del sistema solar. Ubicada en el hemisferio sur del cuerpo celeste, Rheasilvia Mons es una montaña que se eleva aproximadamente 22 km desde su base hasta el pico central, con un cráter que la rodea de 505 km de diámetro, lo que representa casi el 90 % del diámetro total de Vesta, que mide unos 525 km. Esta colosal formación es el resultado de un evento de impacto que habría tenido lugar hace aproximadamente 1.000 millones de años, generando un cráter de impacto tan profundo que alcanzó el manto del asteroide.

Vesta es uno de los objetos más grandes del cinturón de asteroides situado entre Marte y Júpiter, y su estructura interna diferenciada le asemeja más a un protoplaneta que a un asteroide común. Está compuesto por un núcleo metálico, un manto rocoso y una corteza, lo que lo convierte en un cuerpo de gran interés para los estudios sobre la formación planetaria en el sistema solar primitivo.

El descubrimiento detallado de Rheasilvia Mons y su topografía se produjo gracias a la misión Dawn de la NASA, lanzada en 2007 y que orbitó Vesta entre julio de 2011 y septiembre de 2012. Durante su permanencia, la sonda utilizó su cámara de encuadre y su espectrómetro de mapeo infrarrojo y visible para obtener imágenes y datos sobre la composición y morfología de la superficie. Las imágenes de alta resolución revelaron una cuenca con una estructura compleja compuesta por anillos concéntricos, fracturas radiales y un pico central elevado.

Los modelos geológicos sugieren que Rheasilvia se formó cuando un objeto de gran tamaño impactó violentamente sobre el polo sur de Vesta, excavando una depresión gigantesca y generando una onda de choque que reorganizó la corteza del asteroide. Este impacto expulsó grandes cantidades de material que escaparon de la débil gravedad del cuerpo y que, según los análisis de composición y trayectoria, probablemente dieron origen a una familia de meteoritos conocidos como los HED (howarditas, eucritas y diogenitas), encontrados en la Tierra.

La altura de Rheasilvia Mons supera significativamente la del Monte Everest y es comparable a otras estructuras colosales del sistema solar, como el Olympus Mons en Marte. Sin embargo, debido a la menor gravedad y al menor tamaño de Vesta, la proporción entre la montaña y el cuerpo que la alberga es mucho mayor, lo que convierte a Rheasilvia en un caso único de formación geológica por impacto.

Las mediciones de gravedad realizadas por la sonda Dawn también confirmaron que la cuenca de Rheasilvia está asociada a variaciones masivas en la distribución de masa interna de Vesta, lo que ha permitido mejorar los modelos sobre la dinámica del impacto y la evolución geológica del asteroide. Se ha observado, además, que el relieve de la montaña presenta signos de deformación y fracturación posterior, lo que indica que la corteza de Vesta se comportó de forma parcialmente plástica ante el choque.

Desde una perspectiva orbital, el cráter Rheasilvia domina el hemisferio sur y ha modelado la forma global de Vesta, que adopta un aspecto achatado en esa región. El análisis espectroscópico también mostró que parte del material eyectado por el impacto cubrió zonas del hemisferio norte, modificando su albedo y composición superficial, lo que sugiere una redistribución significativa de materiales procedentes de diferentes capas internas del asteroide.

Rheasilvia Mons y la cuenca que la rodea no sólo son un testimonio del pasado violento del sistema solar, sino también una fuente clave de información sobre los procesos de diferenciación planetaria, las estructuras generadas por impactos y la evolución térmica de los protoplanetas. Su estudio continúa siendo esencial para comprender la transición entre cuerpos pequeños y planetas plenamente formados durante las primeras etapas de la historia solar.

Rheasilvia mons

Ver Los Picos más grandes del Sistema Solar.

Los otros Montes de Toledo en Jápeto

Los Montes de Toledo están en Toledo como su propio nombre indica, pero además, la impresionante cordillera ecuatorial en la luna Jápeto de Saturno descubierta por la sonda Cassini fue bautizada como Toledo Montes. Enormemente craterizada, lo que sugiere su antigua formación, tiene una altura máxima de 20 km, 20 km de ancho y 1.300 km de longitud, este paraíso de escaladores está en la cara más oscura de la luna y se desconoce actualmente a que es debida su formación, aunque existen varias teorías al respecto. Cordilleras ecuatoriales de este tipo únicamente se conocen además de Jápeto, en otras dos lunas de Saturno, las pastoras Atlas y Pan.

Jápeto es el tercer satélite más grande de Saturno por detrás de Titán y Rea con algo más de 1.400 km de diámetro. Orbita Saturno cada 80 días a más de 3 millones y medio de kilómetros. Sin atmósfera y con una temperatura superficial de -180ºC y -143ºC siempre muestra la misma cara al planeta, al igual que nuestra Luna.

Descubierta por Cassini en 1761, el astrónomo italiano ya supuso que podría tener dos hemisferios muy diferenciados dado que desaparecía durante la mitad de su órbita alrededor de Saturno. En efecto, Jápeto presenta dos lados diferenciados. Uno de color claro denominado Roncesvaux Terra que es el que muestra a Saturno durante su órbita y otro más oscuro Cassini Regio, que es donde se encuentra la cordillera ecuatorial denominada Toledo Montes.

El siguiente vídeo fue realizado a partir de las imágenes obtenidas por el sobrevuelo de la sonda Cassini por esta enigmática luna, en septiembre de 2007. Créditos del vídeo: NASA/JPL/Space Science Institute.

Los gigantes Montes Boösaule de Ío

Montes Boosaule en Io

El Boösaule Mons, situado en la luna galileana Ío, es el cuarto pico más alto del Sistema Solar y el mayor relieve identificado en este satélite. Forma parte de un conjunto montañoso denominado Boösaule Montes, compuesto por tres grandes picos ubicados al noroeste de la región volcánica de Pelé. El mayor de ellos, conocido como Monte Boösaule Sur, alcanza una altitud estimada de unos 17,5 km sobre el terreno circundante, superando en unos 4 km a cualquier otra elevación en Ío.

Los Boösaule Montes fueron observados por primera vez con detalle en 1979 gracias a las imágenes obtenidas por la sonda Voyager 1 de la NASA. Posteriormente, las misiones Galileo (1996–2001) y New Horizons (2007) registraron vistas globales del satélite en las que también se aprecia este macizo. La combinación de estos datos permitió elaborar modelos topográficos que confirman la extraordinaria elevación y extensión de la estructura.

La montaña principal presenta una morfología irregular, con una amplia ladera de pendiente moderada interrumpida por un escarpe abrupto en su flanco sureste. Está rodeada por una meseta que parece formada por materiales colapsados del propio monte hacia el norte y por flujos de lava solidificada al sur. Estas características indican un origen predominantemente tectónico, resultado de fracturas y levantamientos de la corteza de Ío debidos a intensas tensiones internas generadas por las fuerzas de marea del planeta Júpiter.

Ío es el cuerpo con mayor actividad volcánica del Sistema Solar. Su superficie, en continua renovación por erupciones y hundimientos, conserva pocas estructuras estables a lo largo del tiempo geológico. Por ello, montañas como Boösaule Mons son claves para comprender los procesos de deformación de su corteza y la relación entre la tectónica y el vulcanismo en este mundo extremo. La primera imagen del satélite fue obtenida por la sonda Pioneer 11 en 1974 a una distancia de 756.000 km, pero fueron las misiones posteriores las que revelaron la complejidad de su relieve.

Vista oblicua de los Boösaule Montes en la luna Ío de Júpiter, con relieves irregulares y escarpes tectónicos.
Montes Boösaule en Ío, observados por la sonda Voyager 1 en 1979. Créditos: NASA.

Ver los Picos más altos del Sistema Solar

Los picos más altos del Sistema Solar

La montaña más alta del Sistema Solar es el Monte Olimpo, situado en Marte, con una altura cercana a los 22 kilómetros, casi tres veces el Everest. Su tamaño excepcional es posible gracias a la baja gravedad marciana y a la ausencia de tectónica de placas. Sin embargo, no es el único relieve extremo del Sistema Solar: otros cuerpos como Ío o el asteroide Vesta albergan montañas y estructuras gigantescas formadas por procesos muy distintos.

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