La primera misión china que logra traer a la Tierra muestras de la superficie de la Luna tras aterrizar en Mons Rümker en 2020

Objetivos:
Retorno automático de muestras lunares

Nave espacial:
Chang’e 5

Fecha de lanzamiento:
23 de noviembre de 2020

Lanzador:
Larga Marcha CZ-5 Y8

Lugar de lanzamiento:
Wenchang, isla de Hainán (China)

Control de misión:
CNSA

La misión Chang’e 5 fue la primera misión espacial que logró traer muestras de la Luna a la Tierra desde la sonda soviética Luna 24 en 1976. Lanzada por China en noviembre de 2020, la misión aterrizó en la región de Mons Rümker, en el Oceanus Procellarum, con el objetivo de recoger regolito y rocas de una de las zonas volcánicas más jóvenes conocidas de la superficie lunar.

La misión formó parte de la tercera fase del programa chino de exploración lunar CLEP y empleó una arquitectura de retorno basada en cuatro elementos: orbitador, cápsula de regreso, módulo de descenso y etapa de ascenso. Tras alunizar en el noroeste del Oceanus Procellarum, Chang’e 5 perforó el subsuelo lunar, recogió muestras superficiales mediante un brazo robot y despegó posteriormente desde la superficie lunar para efectuar un acoplamiento automático en órbita lunar antes de iniciar el regreso a la Tierra.

Chang’e 5 se convirtió en la primera misión automática de la historia en realizar un acoplamiento completamente autónomo en órbita lunar y en la primera nave china que despegó desde la superficie de otro cuerpo celeste. La misión devolvió a la Tierra 1.731 gramos de regolito y fragmentos rocosos procedentes de materiales basálticos formados hace aproximadamente 2.000 millones de años, mucho más recientes que las muestras obtenidas por las misiones Apolo y Luna durante el siglo XX. Estas muestras

Los primeros análisis han confirmado que la región de Mons Rümker fue escenario de episodios de vulcanismo tardío y han revelado diferencias mineralógicas y geoquímicas respecto a los basaltos lunares estudiados anteriormente, además de proporcionar la primera detección directa de agua sobre una roca en la superficie lunar realizada in situ por una misión espacial.

Objetivos de la misión Chang’e 5

La misión Chang’e 5 fue concebida para traer a la Tierra muestras procedentes de una de las regiones volcánicas más jóvenes de la Luna, el área de Mons Rümker, en el norte del Oceanus Procellarum. El principal objetivo científico de la misión era obtener materiales capaces de rellenar un importante vacío cronológico en la historia geológica lunar, ya que las muestras recogidas por las misiones Apolo y Luna procedían principalmente de terrenos con edades superiores a 3.000 millones de años. La región seleccionada presentaba basaltos mucho más recientes y relativamente poco craterizados, convirtiéndose en un objetivo prioritario para estudiar las últimas etapas del vulcanismo lunar.

El objetivo central consistía en recoger regolito superficial y muestras extraídas mediante perforación para determinar con precisión la edad de estos basaltos jóvenes. Las muestras debían permitir calibrar los métodos de datación mediante conteo de cráteres utilizados en la Luna y en otros cuerpos rocosos del Sistema Solar. La misión también buscaba analizar la composición mineralógica y geoquímica de los basaltos tardíos del Oceanus Procellarum, estudiar la evolución térmica del interior lunar y comprender cómo la Luna pudo mantener actividad volcánica hasta hace unos 2.000 millones de años. Los análisis posteriores investigaron además la abundancia de elementos radiactivos productores de calor, materiales KREEP y procesos de alteración espacial asociados al viento solar.

Chang’e 5 tenía además importantes objetivos tecnológicos. La misión debía demostrar la capacidad de realizar de forma automática todas las fases necesarias para un retorno de muestras lunares, incluyendo alunizaje de precisión, recogida de materiales superficiales y subterráneos, despegue desde la superficie lunar, acoplamiento automático en órbita lunar y regreso controlado a la Tierra. Estas operaciones eran esenciales para validar tecnologías destinadas a futuras misiones lunares más complejas y al desarrollo posterior del programa chino de exploración lunar.

Características de la misión Chang’e 5

Chang’e 5 fue una misión automática de retorno de muestras diseñada para recoger material de la superficie lunar y devolverlo a la Tierra mediante una arquitectura basada en varios vehículos independientes. La sonda tenía una masa aproximada de 8,2 toneladas y fue desarrollada por CAST (China Academy of Space Technology) dentro del programa chino de exploración lunar CLEP. La misión utilizó una configuración similar a la posteriormente empleada por Chang’e 6, formada por un orbitador, una cápsula de retorno, un módulo de descenso y una etapa de ascenso.

La arquitectura de la misión estaba dividida en dos conjuntos principales. El segmento orbital incluía el orbitador y la cápsula de retorno, mientras que el segmento de superficie estaba formado por el módulo de descenso y la etapa de ascenso encargada de despegar desde la Luna con las muestras. Esta configuración permitía realizar operaciones de retorno mucho más complejas que las antiguas sondas soviéticas Luna, incluyendo el acoplamiento automático en órbita lunar.

Segmento orbital

El orbitador tenía una masa aproximada de 3,2 toneladas y era responsable de las maniobras orbitales alrededor de la Luna y del regreso hacia la Tierra. Utilizaba un motor principal YF-37 de 3 kilonewton de empuje para realizar la inserción orbital lunar, las correcciones de trayectoria y la maniobra transterrestre. En su interior transportaba la cápsula de retorno, un vehículo de aproximadamente 1 tonelada derivado del diseño de las cápsulas tripuladas Shenzhou. La cápsula estaba preparada para soportar una reentrada atmosférica a velocidad de escape mediante una trayectoria de doble reentrada o “skip reentry”, técnica utilizada para reducir las cargas térmicas y mecánicas durante el regreso a la Tierra.

Segmento de superficie

El segmento de superficie tenía una masa aproximada de 3,8 toneladas y estaba compuesto por el módulo de descenso y la etapa de ascenso. El módulo de descenso utilizaba un motor hipergólico YF-36A de empuje variable, capaz de generar hasta 7,5 kilonewton, empleado durante el descenso propulsado y el alunizaje automático. El sistema de navegación combinaba radar, LIDAR, cámaras y navegación óptica para detectar obstáculos y seleccionar una zona segura durante la fase final del descenso. El tren de aterrizaje incorporaba estructuras amortiguadoras diseñadas para absorber el impacto sobre la superficie lunar.

Sobre el módulo de descenso se situaba la etapa de ascenso, equipada con un motor de 3 kilonewton encargado de despegar desde la superficie lunar transportando el contenedor de muestras. Tras alcanzar la órbita lunar, la etapa debía realizar un encuentro automático con el orbitador y transferir las muestras a la cápsula de retorno. Para ello la misión empleó un sistema de acoplamiento automático basado en barras y pinzas, diferente de los sistemas rígidos utilizados habitualmente en vuelos tripulados y diseñado para tolerar pequeñas desviaciones durante la maniobra orbital.

La recogida de muestras se realizaba mediante dos sistemas complementarios. Un taladro era capaz de extraer regolito y roca hasta una profundidad prevista de 2,5 metros, mientras que un brazo robot de 3,7 metros permitía recoger material superficial y pequeños fragmentos rocosos alrededor de la sonda. Las muestras perforadas eran almacenadas dentro de una bolsa cilíndrica enrollada en el interior del contenedor principal, mientras que las muestras superficiales se depositaban en un compartimento independiente antes de ser transferidas a la etapa de ascenso.

Antecedentes de la misión Chang’e 5

La misión Chang’e 5 formó parte del Programa Chino de Exploración Lunar CLEP (“Chinese Lunar Exploration Program”), iniciado oficialmente en la década de 2000 con el objetivo de desarrollar de forma progresiva tecnologías de exploración lunar, operaciones sobre la superficie y retorno automático de muestras. El programa recibió el nombre de Chang’e en referencia a la diosa china de la Luna y fue dividido en distintas fases tecnológicas sucesivas.

Las primeras misiones del programa, Chang’e 1 y Chang’e 2, estuvieron dedicadas a la exploración orbital y permitieron obtener mapas topográficos globales, estudiar la composición de la superficie lunar y validar tecnologías de navegación en el espacio profundo. En 2013, Chang’e 3 logró el primer alunizaje suave chino sobre la Luna y desplegó el rover Yutu en Mare Imbrium. Posteriormente, Chang’e 4 realizó en 2019 el primer aterrizaje controlado en la cara oculta lunar gracias al empleo del satélite retransmisor Queqiao. Estas misiones sirvieron para validar gran parte de las tecnologías utilizadas posteriormente en Chang’e 5.

Antes del lanzamiento de Chang’e 5, China desarrolló en 2014 la misión experimental Chang’e 5-T1 para ensayar tecnologías críticas asociadas al retorno de muestras. La misión utilizó una cápsula derivada del diseño Shenzhou y realizó una trayectoria de retorno libre alrededor de la Luna antes de regresar a la Tierra mediante una maniobra de doble reentrada atmosférica o “skip reentry”. La misión permitió validar sistemas de navegación, comunicaciones y protección térmica necesarios para una reentrada a velocidad de escape.

Chang’e 5 representaba la tercera fase del programa CLEP y suponía un salto tecnológico significativo respecto a las sondas anteriores. La misión requería combinar alunizaje de precisión, perforación del subsuelo, recogida robotizada de regolito, despegue desde la superficie lunar, encuentro orbital automático y regreso controlado a la Tierra mediante una única arquitectura automática de misión.

El desarrollo de Chang’e 5 estuvo estrechamente ligado al nuevo lanzador pesado Long March 5. Originalmente la misión debía despegar antes de 2018, pero el fallo del segundo lanzamiento del CZ-5 en 2017 obligó a retrasar el programa mientras se resolvían los problemas del cohete. El regreso al vuelo exitoso del Long March 5 en 2019 permitió finalmente autorizar el lanzamiento de la misión a finales de 2020.

El lugar elegido para el aterrizaje: Mons Rümker

La región seleccionada para el aterrizaje fue Mons Rümker, en el norte del Oceanus Procellarum. Esta zona había sido identificada como uno de los terrenos volcánicos más jóvenes de la Luna y se encontraba fuera de las regiones visitadas por las misiones Apolo y Luna. Los estudios orbitales indicaban que sus basaltos podían tener edades cercanas a los 2.000 millones de años, mucho más recientes que las muestras lunares disponibles hasta entonces. Obtener materiales de esta región era considerado prioritario para calibrar los modelos de datación por conteo de cráteres utilizados en la Luna y en otros cuerpos del Sistema Solar interior.

Mons Rümker forma además parte del Procellarum KREEP Terrane, una provincia geoquímica rica en potasio, fósforo, torio y elementos de tierras raras asociada a procesos térmicos prolongados en el interior lunar. Los científicos esperaban que las muestras permitieran estudiar por qué ciertas regiones de la Luna mantuvieron actividad volcánica durante cientos de millones de años más de lo previsto por los modelos clásicos de enfriamiento lunar.

Desarrollo de la misión Chang’e 5

Lanzamiento y viaje hacia la Luna

La misión Chang’e 5 despegó el 23 de noviembre de 2020 a las 20:30 UTC mediante un cohete Long March 5 desde el Wenchang Spacecraft Launch Site. El lanzamiento marcó la segunda utilización del CZ-5 en una misión interplanetaria o lunar, después del envío de la misión marciana Tianwen 1 unos meses antes. Tras completar dos encendidos de la segunda etapa, el lanzador situó a la sonda en una trayectoria translunar.

Con una masa de aproximadamente 8,2 toneladas, Chang’e 5 se convirtió en la misión lunar más pesada desarrollada por China hasta ese momento. El vuelo representaba además la primera tentativa china de retorno automático de muestras lunares y la primera misión de este tipo realizada en el mundo desde la soviética Luna 24 en 1976.

Durante el trayecto hacia la Luna la sonda realizó varias correcciones de trayectoria para refinar su aproximación. La primera tuvo lugar el 24 de noviembre, cuando la nave se encontraba a unos 160.000 kilómetros de la Tierra, mientras que una segunda corrección se efectuó al día siguiente a unos 270.000 kilómetros de distancia. Estas maniobras permitieron ajustar con precisión la inserción orbital lunar prevista para finales de noviembre.

El 28 de noviembre de 2020, Chang’e 5 encendió el motor principal YF-37 del orbitador durante aproximadamente 17 minutos para frenar su velocidad y entrar en órbita lunar. La primera órbita obtenida era altamente elíptica, con una inclinación cercana a 42°. Posteriormente, una nueva maniobra permitió circularizar la órbita a unos 220 kilómetros de altitud.

Pocas horas después de estabilizarse alrededor de la Luna, el segmento de superficie formado por el módulo de descenso y la etapa de ascenso se separó del orbitador y comenzó a reducir progresivamente su perilunio mediante varias maniobras orbitales.

Alunizaje en Mons Rümker

El 1 de diciembre de 2020 a las 15:11 UTC, el módulo de descenso de Chang’e 5 aterrizó con éxito en la región de Mons Rümker, situada en el norte del Oceanus Procellarum, en las coordenadas aproximadas 43,1° norte y 51,8° oeste. El lugar de aterrizaje había sido seleccionado por su interés geológico, al tratarse de una de las superficies basálticas más jóvenes conocidas de la Luna y una región nunca antes visitada por misiones de retorno de muestras.

El descenso comenzó desde una órbita lunar de baja altitud mediante el encendido del motor hipergólico YF-36A de empuje variable. Durante aproximadamente trece minutos, la sonda redujo su velocidad desde cerca de 1,7 km/s hasta alcanzar velocidad prácticamente nula sobre la superficie. En la fase final del descenso, el sistema de navegación óptica y los sensores LIDAR analizaron el terreno para identificar obstáculos y seleccionar automáticamente una zona segura de aterrizaje. Como en las anteriores misiones Chang’e 3 y Chang’e 4, el motor principal se apagó poco antes del contacto con la superficie para evitar que el regolito expulsado pudiera dañar la nave.

Las primeras imágenes transmitidas desde la superficie mostraron un terreno relativamente llano y oscuro, cubierto por regolito basáltico y con escasos accidentes topográficos destacados. En el horizonte podía observarse el relieve de Louville Omega, mientras que Mons Rümker permanecía situado mucho más lejos, fuera del horizonte local. Las imágenes confirmaron que la misión había aterrizado dentro de la región geológica prevista.

Tras el alunizaje, la misión inició inmediatamente las operaciones de superficie para maximizar el tiempo disponible antes de la llegada de la noche lunar. A diferencia de las misiones tripuladas Apolo, Chang’e 5 no estaba diseñada para sobrevivir a las bajas temperaturas nocturnas de la Luna, por lo que todas las actividades de recogida de muestras y análisis científicos debían completarse en apenas unos días.

La cuenca del Polo Sur-Aitken es la zona más oscura en la parte inferior de esta vista virtual de la cara oculta de la Luna generada con datos de la misión Clementine.

Créditos: NASA/Goddard Space Flight Center Scientific Visualization Studio

Recogida de muestras en la superficie lunar

Las operaciones de recogida de muestras comenzaron pocas horas después del aterrizaje y se prolongaron durante aproximadamente 19 horas. La misión utilizó dos sistemas independientes y complementarios para obtener materiales superficiales y subterráneos: un taladro capaz de perforar el regolito lunar y un brazo robot destinado a recoger muestras de la superficie alrededor de la sonda. Esta arquitectura proporcionaba redundancia en caso de fallo de uno de los sistemas y permitía obtener materiales procedentes de distintos niveles geológicos.

El taladro fue el primero en entrar en funcionamiento. Situado en la zona en sombra del módulo de descenso para limitar el calentamiento térmico, el sistema estaba diseñado para alcanzar hasta 2,5 metros de profundidad mediante movimientos rotatorios y de percusión. Su objetivo era obtener muestras estratificadas menos alteradas por el viento solar, la radiación ultravioleta y el bombardeo de micrometeoritos. Las muestras extraídas eran almacenadas dentro de una bolsa cilíndrica flexible de kevlar enrollada en el interior del contenedor principal de la etapa de ascenso.

Aunque el sistema había sido diseñado para perforar hasta la profundidad prevista, el taladro encontró materiales rocosos más resistentes de lo esperado y la perforación se detuvo aproximadamente a un metro de profundidad para evitar daños mecánicos. Como consecuencia, la cantidad final de muestras recogidas fue inferior a la prevista inicialmente, aunque la misión logró recuperar suficiente material para cumplir sus objetivos científicos principales.

Posteriormente entró en funcionamiento el brazo robot desarrollado por la Universidad Politécnica de Hong Kong. El brazo, de 3,7 metros de longitud, podía desplazarse sobre una amplia zona alrededor de la sonda y utilizaba dos mecanismos diferentes de recogida: una pala para regolito fino y un pequeño recipiente para fragmentos rocosos y partículas de mayor tamaño. Una cámara situada junto al extremo del brazo permitía seleccionar desde la Tierra las zonas más adecuadas para la toma de muestras.

Despegue desde la Luna y acoplamiento orbital

Tras completar las operaciones de superficie, la etapa de ascenso de Chang’e 5 despegó desde la Luna el 3 de diciembre de 2020 a las 15:10 UTC utilizando un motor de 3 kilonewton de empuje. La maniobra convirtió a China en el tercer país capaz de lanzar una nave desde la superficie lunar, después de Estados Unidos y la Unión Soviética. Era además el primer despegue desde la Luna desde la misión soviética Luna 24 en 1976.

La etapa de ascenso utilizó el módulo de descenso como plataforma de lanzamiento y alcanzó la órbita lunar aproximadamente seis minutos después del despegue. Poco después desplegó sus paneles solares e inició una serie de maniobras destinadas a igualar su órbita con la del orbitador, que permanecía alrededor de la Luna desde la separación de ambos segmentos antes del aterrizaje.

El encuentro orbital culminó el 5 de diciembre de 2020 con el primer acoplamiento automático de la historia realizado en órbita lunar. La aproximación final se desarrolló completamente de forma autónoma y utilizó navegación óptica, radares de precisión y un sistema de acoplamiento basado en barras y pinzas diseñado específicamente para esta misión. Durante la maniobra, la etapa de ascenso realizó varias paradas programadas a distancias de 5 kilómetros, 140 metros y 20 metros antes de completar el acoplamiento definitivo.

Tras la unión entre ambos vehículos, el contenedor cilíndrico con las muestras fue transferido automáticamente desde la etapa de ascenso hasta la cápsula de retorno situada en el orbitador. La operación se completó pocas horas después mediante un sistema interno diseñado para mover las muestras en una única dirección y minimizar riesgos de contaminación o pérdida de material. Una vez finalizada la transferencia, la etapa de ascenso se separó del orbitador y posteriormente fue dirigida hacia un impacto controlado sobre la superficie lunar.

Regreso a la Tierra y aterrizaje de la cápsula

Tras completar la transferencia de las muestras, el orbitador de Chang’e 5 permaneció varios días en órbita lunar realizando maniobras preparatorias antes de iniciar el regreso hacia la Tierra. El 13 de diciembre de 2020 encendió su motor principal YF-37 para ejecutar la maniobra transterrestre definitiva y abandonar la órbita lunar. Durante el viaje de regreso se realizaron pequeñas correcciones de trayectoria destinadas a refinar con precisión el punto de entrada atmosférica de la cápsula.

La cápsula de retorno se separó del orbitador a unos 5.000 kilómetros de la Tierra el 16 de diciembre de 2020. Poco después, el orbitador realizó una maniobra evasiva para evitar reentrar en la atmósfera terrestre junto con la cápsula. La entrada atmosférica comenzó sobre el océano Índico a una velocidad cercana a 11,2 km/s, equivalente a velocidad de escape terrestre.

Para soportar las condiciones térmicas y dinámicas de la reentrada, la cápsula utilizó una trayectoria de doble entrada atmosférica o “skip reentry”, similar a la empleada décadas antes por las misiones Apolo y las soviéticas Zond. Durante esta maniobra, la cápsula penetró inicialmente en las capas superiores de la atmósfera, redujo parcialmente su velocidad y volvió temporalmente al espacio antes de efectuar una segunda reentrada definitiva. Esta técnica permitía disminuir las cargas térmicas y mejorar la precisión del aterrizaje.

A unos 10 kilómetros de altitud se desplegó el paracaídas principal y la cápsula descendió finalmente sobre la región de Siziwang, en Mongolia Interior, a las 17:59 UTC del 16 de diciembre de 2020. Equipos de rescate localizaron rápidamente el vehículo sobre la nieve y procedieron a asegurar la cápsula antes de trasladarla a Pekín para la extracción de las muestras en condiciones estériles.

La misión devolvió finalmente 1.731 gramos de regolito y fragmentos rocosos procedentes de Mons Rümker. Las muestras incluían tanto materiales superficiales recogidos mediante el brazo robot como muestras estratificadas obtenidas mediante perforación del subsuelo lunar. El retorno exitoso convirtió a China en el tercer país capaz de traer muestras lunares a la Tierra y puso fin a un intervalo de 44 años sin misiones de retorno de muestras desde la Luna.

Misión extendida del orbitador

Tras completar el retorno de las muestras lunares y separarse de la cápsula de reentrada, el orbitador de Chang’e 5 permaneció operativo en el espacio y fue utilizado para llevar a cabo una misión extendida destinada a validar nuevas capacidades de navegación y control en el espacio profundo. En lugar de efectuar una reentrada destructiva en la atmósfera terrestre, la nave realizó una maniobra de asistencia gravitatoria alrededor de la Tierra que la envió hacia el punto de Lagrange L1 del sistema Sol-Tierra, situado aproximadamente a 1,5 millones de kilómetros de nuestro planeta.

El orbitador alcanzó las proximidades de L1 en marzo de 2021 y permaneció varios meses realizando maniobras de navegación, control orbital y observaciones del sistema Tierra-Luna. Durante esta fase, la nave obtuvo imágenes de la Tierra y de la Luna desde grandes distancias, proporcionando además datos útiles para futuras misiones chinas de espacio profundo. Estas operaciones permitieron ensayar técnicas de control orbital y comunicaciones que posteriormente podrían aplicarse en misiones interplanetarias y en futuras arquitecturas lunares más complejas.

Posteriormente, el orbitador abandonó la región de L1 y realizó nuevos sobrevuelos lunares como parte de una fase adicional de experimentación tecnológica. En septiembre de 2021 la nave efectuó un sobrevuelo cercano del asteroide 4179 Toutatis a una distancia aproximada de 800 kilómetros, obteniendo imágenes de alta resolución del cuerpo y convirtiéndose en la primera misión china en estudiar un asteroide durante una misión extendida de espacio profundo. Estas operaciones demostraron la capacidad de reutilizar vehículos lunares para misiones científicas adicionales más allá de los objetivos iniciales del programa Chang’e.

Primeros resultados científicos

Los análisis preliminares de las muestras devueltas por Chang’e 5 han permitido reconstruir con mucho más detalle la evolución volcánica tardía de la Luna y las características geológicas de Oceanus Procellarum. Las dataciones isotópicas realizadas sobre minerales ricos en zirconio y fósforo indican que los basaltos recogidos por la misión se solidificaron hace 2.030 ± 4 millones de años, convirtiéndose en las rocas lunares más jóvenes traídas a la Tierra hasta la fecha. Este resultado confirmó que el vulcanismo lunar continuó activo durante un periodo mucho más prolongado de lo que se pensaba anteriormente y proporcionó una nueva referencia cronológica para calibrar la datación de superficies mediante recuento de cráteres.

Las muestras muestran además que los basaltos de Chang’e 5 pertenecen a un tipo de bajo contenido en titanio y altamente evolucionado desde el punto de vista geoquímico. Los análisis isotópicos y mineralógicos indican que el magma experimentó una intensa cristalización fraccionada antes de alcanzar la superficie, modificando progresivamente su composición química durante el ascenso y enfriamiento. Los investigadores estiman que el flujo volcánico asociado a la unidad geológica muestreada pudo alcanzar espesores acumulados de decenas de metros y representar uno de los últimos grandes episodios eruptivos registrados en la historia lunar.

Uno de los resultados más relevantes es que estos basaltos parecen proceder de una fuente mantélica relativamente pobre en elementos radiactivos y en materiales enriquecidos del tipo KREEP, una combinación de potasio, tierras raras y fósforo asociada tradicionalmente al calentamiento interno de la Luna. Antes de la misión se consideraba probable que las regiones volcánicas jóvenes de Oceanus Procellarum hubieran mantenido su actividad gracias precisamente a una elevada concentración de estos elementos productores de calor. Sin embargo, las muestras indican que el interior lunar que alimentó estas erupciones era relativamente seco y geoquímicamente empobrecido, lo que obliga a replantear los modelos térmicos que intentan explicar cómo la Luna pudo conservar actividad volcánica hasta épocas tan tardías.

El regolito devuelto por la misión está compuesto principalmente por fragmentos de basaltos locales, vidrios de impacto, aglutinados formados por micrometeoritos y granos minerales procedentes de sucesivos procesos de fragmentación superficial. Los materiales exóticos procedentes de otras regiones lunares son muy escasos, lo que confirma que la zona de aterrizaje está dominada por materiales originados localmente. Entre los fragmentos identificados aparecen pequeñas cantidades de anortositas, piroxenitas y materiales silicificados posiblemente relacionados con regiones volcánicas complejas como Aristarchus.

Los estudios sobre las pequeñas esferas de vidrio presentes en el regolito también han aportado resultados importantes. La mayoría parecen haberse formado por impactos meteóricos y no por erupciones volcánicas explosivas. Algunos de estos vidrios contienen composiciones ricas en magnesio y calcio que podrían proceder de capas profundas cristalizadas en la base de antiguos flujos de lava, lo que sugiere que ciertos impactos excavaron materiales originados en niveles inferiores de la corteza volcánica lunar.

Las muestras permitieron además identificar un nuevo mineral denominado “changesite-(Y)”, un fosfato rico en itrio hallado en pequeños fragmentos basálticos. El descubrimiento supuso la primera identificación de un nuevo mineral lunar a partir de muestras recuperadas por el programa espacial chino y amplió el catálogo mineralógico conocido de la superficie lunar.

Cronología de la misión Chang’e 5

Lanzamiento23 de noviembre de 2020
Inserción en órbita lunar28 de noviembre de 2020
Separación del segmento de descenso29 de noviembre de 2020
Alunizaje en Mons Rümker1 de diciembre de 2020
Inicio de recogida de muestras1 de diciembre de 2020
Despegue de la etapa de ascenso3 de diciembre de 2020
Acoplamiento orbital y transferencia de muestras5 de diciembre de 2020
Regreso hacia la Tierra13 de diciembre de 2020
Separación y aterrizaje de la cápsula en Mongolia Interior16 de diciembre de 2020

Galería de la misión Chang’e 5

Referencias y más información:

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