El rover Curiosity identifica nuevos compuestos orgánicos preservados en la superficie de Marte

El rover Curiosity ha detectado en Marte más de 20 moléculas orgánicas complejas en rocas de aproximadamente 3.500 millones de años, constituyendo el conjunto más diverso identificado hasta ahora en la superficie marciana.

El hallazgo procede del análisis de la muestra “Mary Anning 3”, obtenida en el cráter Gale, una de las regiones clave en el estudio de la superficie de Marte por su registro sedimentario de antiguos ambientes lacustres. Estas rocas, ricas en minerales arcillosos, se formaron en presencia de agua líquida y ofrecen condiciones especialmente favorables para la preservación de compuestos de carbono a lo largo del tiempo geológico.

Las moléculas orgánicas son compuestos basados en carbono que pueden originarse tanto por procesos biológicos como por reacciones geoquímicas. Su detección no implica la existencia de vida, pero sí confirma la presencia de una química compatible con entornos habitables.

El análisis se ha realizado mediante el instrumento SAM, un laboratorio químico integrado en el rover, diseñado para estudiar la composición de rocas y gases en Marte. En este caso se utilizó hidróxido de tetrametilamonio, TMAH, un reactivo que permite descomponer material orgánico complejo mediante calor y reacciones químicas controladas. Este proceso rompe moléculas grandes en fragmentos más pequeños que pueden ser detectados por los instrumentos del rover.

El experimento se realizó en 2020 y ha sido analizado posteriormente a partir de los datos del instrumento SAM. Ha permitido identificar más de veinte moléculas orgánicas, incluyendo compuestos aromáticos como trimetilbenceno, tetrametilbenceno, naftaleno, metilnaftaleno y benzotiofeno. Las cantidades detectadas son coherentes con mediciones previas en el cráter Gale y confirman la presencia de estos compuestos en el subsuelo marciano.

A diferencia de los análisis basados únicamente en calentamiento, esta técnica permite detectar compuestos orgánicos que permanecen ligados a los minerales y que no aparecen en análisis convencionales.

Los resultados indican que estas moléculas no representan compuestos originales intactos, sino fragmentos generados durante el experimento a partir de carbono macromolecular. Este término describe material orgánico complejo formado por estructuras de gran tamaño preservadas en la roca que, al ser tratadas químicamente, liberan moléculas más pequeñas detectables.

Entre los compuestos identificados destaca el benzotiofeno, detectado por primera vez de forma clara en Marte. Este compuesto, que contiene azufre, es común en meteoritos y puede favorecer la preservación de materia orgánica frente a la radiación.

Según el estudio, también se han identificado moléculas con nitrógeno, incluyendo posibles heterociclos, estructuras presentes en compuestos fundamentales como los ácidos nucleicos. Su presencia no implica un origen biológico.

Los experimentos complementarios realizados con el meteorito Murchison han permitido reproducir procesos similares en laboratorio. En estos ensayos, el uso de TMAH descompone macromoléculas orgánicas en fragmentos comparables a los detectados en Marte, lo que refuerza la interpretación de que el material analizado por Curiosity procede de una matriz orgánica más compleja.

El estudio confirma que el subsuelo marciano puede preservar compuestos orgánicos durante miles de millones de años, pese a la radiación y los procesos geológicos. La diversidad detectada indica que parte de su complejidad química original ha sobrevivido.

Sin embargo, el origen de estos compuestos no puede determinarse con los datos disponibles. Las posibles fuentes incluyen aportes externos mediante meteoritos, síntesis geoquímica en el propio planeta o, en un escenario no verificable con esta instrumentación, procesos biológicos.

Este resultado se integra en la estrategia de exploración iniciada por Curiosity y continuada por el rover Perseverance, centrada en pasar de la caracterización de la habitabilidad a la búsqueda de posibles biofirmas.

El estudio también valida el uso de esta técnica química en condiciones reales de exploración planetaria. Métodos similares se incorporarán en futuras misiones, como el rover Rosalind Franklin de la Agencia Espacial Europea o la misión Dragonfly de la NASA, ampliando la capacidad de detección de compuestos orgánicos en otros entornos del sistema solar.

Referencias y más información:


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