La JAXA da por finalizada la misión Akatsuki en Venus

La Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA) anunció oficialmente el fin de las operaciones del orbitador climático de Venus Akatsuki el pasado 18 de septiembre de 2025, tras más de ocho años de observación continua del planeta. El final de la misión se produce más de un año después de la pérdida de contacto con la sonda en abril de 2024, cuando entró en un estado de control de actitud de baja precisión que impidió recuperar las comunicaciones.

Akatsuki —también conocida como PLANET-C o Venus Climate Orbiter— fue lanzada el 20 de mayo de 2010 desde el centro espacial de Tanegashima a bordo de un cohete H-IIA. Concebida como una misión científica para estudiar la dinámica atmosférica y meteorología venusiana, su objetivo principal era entender los procesos detrás de fenómenos como la superrotación de la atmósfera o la distribución de nubes y aerosoles en distintas capas.

La historia operativa de la misión estuvo marcada desde el principio por dificultades técnicas. En diciembre de 2010, el intento inicial de inserción orbital falló debido a un mal funcionamiento en el motor principal de maniobras. La nave quedó entonces en órbita solar, alejándose de Venus. Sin embargo, un complejo trabajo de recuperación durante los siguientes cinco años permitió que el 7 de diciembre de 2015 se lograra una segunda inserción, esta vez con éxito, utilizando únicamente los pequeños propulsores de control de actitud.

El nuevo perfil orbital resultante fue muy distinto al originalmente previsto. En lugar de un período orbital de 30 h con paso cercano a la atmósfera, Akatsuki entró en una órbita altamente elíptica, con períodos de aproximadamente 10 días y una distancia máxima al planeta de hasta 370.000 km. A pesar de ello, los instrumentos científicos de la nave funcionaron durante años a pleno rendimiento, obteniendo datos únicos sobre la compleja atmósfera de Venus.

Entre sus instrumentos se contaban cinco cámaras diseñadas para observar distintos rangos del espectro, desde el ultravioleta al infrarrojo medio, y un oscilador ultraestable para realizar experimentos de ocultación de radio. Con estas herramientas, Akatsuki llevó a cabo observaciones simultáneas en múltiples longitudes de onda, lo que permitió construir modelos tridimensionales de la atmósfera venusiana con un detalle sin precedentes.

Uno de sus descubrimientos más destacados fue la detección de una gigantesca onda de gravedad atmosférica —no confundir con ondas gravitacionales— en diciembre de 2015. Esta estructura en forma de «arco» se extendía a lo largo de 10.000 km y se mantenía estacionaria sobre la región montañosa de Aphrodite Terra. Este fenómeno fue interpretado como el resultado de una interacción entre el relieve de superficie y las capas altas de la atmósfera, lo que proporcionó nuevas pistas sobre la dinámica de los vientos venusianos. Posteriormente, la misión documentó la existencia de un chorro ecuatorial a gran altitud y numerosos sistemas de nubes complejos, incluyendo regiones de partículas finas en las nubes medias cuya composición sigue siendo objeto de estudio.

Uno de los logros científicos más relevantes de Akatsuki fue la aplicación por primera vez de técnicas de asimilación de datos, ampliamente utilizadas en la meteorología terrestre, al estudio del clima en otro planeta. Esta metodología permitió mejorar la reconstrucción tridimensional de los patrones de circulación atmosférica venusianos, ofreciendo una imagen más coherente del fenómeno de la superrotación, por el cual la atmósfera gira mucho más rápido que la superficie del planeta.

A pesar de que dos de sus cámaras infrarrojas dejaron de funcionar en diciembre de 2016 por fallos electrónicos, el resto de los instrumentos continuaron operando de forma estable durante años, lo que permitió extender la misión más allá de su duración nominal. En 2018 concluyó la fase científica principal, dando paso a una etapa de operaciones prolongadas que se extendió hasta la primavera de 2024, cuando se perdió contacto definitivo con la nave.

El fallo que provocó el silencio de la sonda estuvo relacionado con una degradación progresiva del sistema de control de actitud, posiblemente agravado por el envejecimiento de los sistemas electrónicos. La nave entró en un modo de baja precisión que impidió orientar correctamente sus antenas hacia la Tierra, y pese a varios intentos, no fue posible restablecer la comunicación. Aun así, JAXA esperó más de un año antes de declarar oficialmente el fin de la misión, lo que finalmente ocurrió el 18 de septiembre de 2025, cuando se ejecutó el procedimiento de finalización operativa.

Con el cierre de esta etapa, JAXA pone fin a su primera misión exitosa de exploración de Venus, que ha sido también una de las más longevas en órbita del planeta. La trayectoria de Akatsuki no solo marca un hito en la historia de la agencia espacial japonesa tras el fracaso de la misión marciana Nozomi, sino que se inscribe en un contexto de creciente interés internacional por Venus, un mundo que durante décadas ha permanecido en segundo plano frente a Marte.

Mientras Marte ha acaparado los focos en la búsqueda de vida, Venus sigue planteando interrogantes clave sobre la evolución planetaria y el destino climático de mundos similares a la Tierra.

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