Sobrevuelo de la Luna y regreso exitoso de la misión Artemisa II

Artemisa II completa con éxito su sobrevuelo de la Luna y regresa a la Tierra, en el primer vuelo tripulado lunar del siglo XXI y en el regreso de misiones humanas más allá de la órbita baja terrestre más de cinco décadas después del programa Apolo.

El 11 de abril de 2026 a las 00:07:27 UTC, la cápsula Orión Integrity amerizó en el océano Pacífico, a unos 70 kilómetros de la costa de Norteamérica, tras una misión de 9 días, 1 hora y 32 minutos. La tripulación, formada por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, son los primeros en realizar un sobrevuelo lunar sin alunizaje desde la misión Apolo 13 en 1970.

Las maniobras de regreso de la misión Artemisa II se iniciaron horas antes con las correcciones de trayectoria que fijaron el punto de amerizaje. Tras la separación del Módulo de Servicio Europeo, la cápsula Orión expuso su escudo térmico ablativo de Avcoat, diseñado para soportar temperaturas de hasta 2.760 °C. La reentrada se produjo a 39.688 km/h mediante un perfil de reentrada doble que permitió controlar la deceleración y ajustar la trayectoria.

La fase térmica más intensa se concentró en unos 13 minutos. A 6,7 kilómetros de altitud se desplegaron los paracaídas estabilizadores, seguidos de los principales, que redujeron la velocidad por debajo de 30 km/h antes del amerizaje. La cápsula permaneció en posición estable y la evacuación de la tripulación se completó sin incidencias.

El regreso valida el sistema Orión y el cohete SLS para misiones tripuladas lunares y confirma el comportamiento del escudo térmico tras las incertidumbres de Artemisa I. El análisis posterior determinará el estado de los materiales, pero el perfil de misión ha quedado verificado.

El sobrevuelo lunar del 6 de abril de 2026 constituyó el núcleo de la misión. Orión siguió una trayectoria de retorno libre alrededor de la Luna, con un paso mínimo a 6.545 kilómetros de la superficie y una distancia máxima a la Tierra de 406.770 kilómetros.

Durante el sobrevuelo, la tripulación observó directamente regiones de la cara oculta de la Luna, incluida la cuenca de impacto Mare Orientale, situada en el límite entre la cara visible y la cara oculta. Aunque los astronautas del programa Apolo ya habían observado partes de la cara oculta, esta misión amplía la cobertura visual en condiciones geométricas y de iluminación diferentes.

El paso por la cara oculta implicó la interrupción de comunicaciones durante unos 40 minutos debido a la ausencia de satélites de retransmisión. En paralelo, la tripulación de la nave Orión documentó la superficie lunar, registró impactos de pequeños meteoroides en el hemisferio nocturno y observó un eclipse solar en el que la Luna ocultó completamente el disco solar, mientras su superficie quedaba iluminada por luz reflejada desde la Tierra.

La secuencia más representativa fue la observación de la Tierra ocultándose tras la Luna, un “earthset” o puesta de la Tierra. A diferencia de los “earthrise” o amaneceres de la Tierra documentados en Apolo 8, la Tierra se presentó como un fino creciente, determinado por la fase relativa entre ambos cuerpos. La mayor altitud del sobrevuelo permitió obtener una perspectiva global del sistema Tierra-Luna.

Artemisa II confirma la capacidad de transportar tripulación hasta el entorno lunar y regresar con seguridad, pero el programa Artemisa ha sido redefinido tras cambios recientes en la planificación de la NASA.

La estación lunar Gateway ha sido cancelada, eliminando el segmento orbital previsto durante más de una década. Esta decisión obliga a reorganizar la participación internacional y deja sin destino claro varios módulos en desarrollo, inicialmente diseñados para operar en microgravedad.

El calendario de misiones también se ha modificado. Artemisa III ya no incluirá un alunizaje. Los primeros descensos tripulados se trasladan a Artemisa IV y V, mientras que Artemisa III se centrará en validar operaciones en órbita terrestre y el acoplamiento con los sistemas de aterrizaje.

La estrategia se orienta ahora hacia el desarrollo progresivo de una base lunar. La primera fase se basa en misiones no tripuladas del programa CLPS, con sondas, rovers y orbitadores destinados a estudiar el entorno del polo sur y localizar recursos como el hielo de agua.

Las fases siguientes contemplan el despliegue de infraestructura en superficie, incluyendo sistemas de energía, comunicaciones y módulos presurizados. El objetivo es establecer una presencia humana sostenida, no permanente, a partir de la década de 2030.

La viabilidad del programa depende del desarrollo de los sistemas de alunizaje humano, aún en fases iniciales, y de la consolidación de la arquitectura de lanzamiento. La posible evolución del papel del cohete SLS introduce incertidumbre adicional en la planificación.

Artemisa II valida el transporte tripulado hasta la Luna, pero el programa permanece en transición. El sobrevuelo y el regreso confirman la capacidad técnica, mientras que las siguientes fases dependen de sistemas todavía en desarrollo y de una planificación que continúa ajustándose, con 2028 como fecha prevista actualmente para el primer alunizaje tripulado de Artemisa IV.


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