Hellas Planitia es una cuenca de impacto situada en el hemisferio sur de Marte que, con aproximadamente 2.300 kilómetros de diámetro y más de 7 kilómetros de profundidad, constituye la mayor cuenca de impacto conservada del planeta.

Hellas Planitia es una inmensa cuenca de impacto situada en el hemisferio sur de Marte. Con aproximadamente 2.300 kilómetros de diámetro y más de 7 kilómetros de profundidad respecto al datum marciano, constituye una de las mayores estructuras de impacto conservadas del Sistema Solar y la región más profunda de la superficie marciana. Su enorme tamaño y su singular topografía han condicionado la evolución geológica y climática de una amplia parte del planeta durante miles de millones de años.

La cuenca ocupa una extensa depresión localizada entre las antiguas tierras altas del sur y las regiones volcánicas del este de Marte. Desde órbita aparece como una gran estructura circular rodeada por restos de anillos montañosos y relieves elevados que marcan el borde de la excavación producida por el impacto. Su interior alberga una gran diversidad de paisajes, desde llanuras sedimentarias y campos de dunas hasta depósitos glaciares, terrenos poligonales y complejas formaciones relacionadas con la acción del hielo y la atmósfera.

La profundidad excepcional de Hellas Planitia provoca que la presión atmosférica en su interior sea significativamente superior a la media marciana. Como consecuencia, la cuenca constituye uno de los entornos meteorológicamente más activos del planeta, donde se desarrollan tormentas de polvo, nubes, nieblas y fenómenos asociados a la circulación regional de la atmósfera. Estas condiciones también favorecen la acumulación de hielo y la preservación de depósitos que registran parte de la historia climática de Marte.

Durante décadas, las observaciones realizadas por sondas como Mariner 7, Mariner 9, Viking 1, Viking 2, Mars Global Surveyor, Mars Odyssey, Mars Express y Mars Reconnaissance Orbiter han revelado que Hellas es mucho más que una simple cicatriz de impacto. La cuenca conserva evidencias de antiguos procesos fluviales, episodios de glaciación, acumulaciones de hielo enterrado y una compleja evolución geológica que continúa siendo objeto de estudio.

Una de las mayores cuencas de impacto del Sistema Solar

Hellas Planitia se formó durante los primeros cientos de millones de años de la historia de Marte, una época caracterizada por impactos frecuentes de grandes asteroides y protoplanetas sobre las superficies de los mundos interiores del Sistema Solar. La cuenca pertenece al período Noeico, la etapa geológica más antigua del planeta, cuando Marte conservaba una superficie sometida a intensos procesos de acreción e impactos que remodelaron profundamente su corteza.

La estructura resultante posee aproximadamente 2.300 kilómetros de diámetro y constituye la mayor cuenca de impacto bien conservada de Marte. Su tamaño es comparable a la distancia existente entre Madrid y Berlín y la sitúa entre las mayores cuencas de impacto conocidas del Sistema Solar. El objeto responsable de su formación probablemente tuvo decenas o incluso centenares de kilómetros de diámetro y liberó una cantidad de energía difícil de imaginar, excavando una enorme depresión en la corteza marciana y modificando extensas regiones situadas mucho más allá del punto de impacto.

Lejos de tratarse de un simple cráter circular, Hellas pertenece al grupo de las denominadas cuencas multianulares. Durante el impacto, la corteza marciana sufrió una deformación de enorme magnitud que produjo el colapso progresivo del terreno y la formación de varios anillos concéntricos de montañas y relieves elevados. Aunque miles de millones de años de erosión han modificado gran parte de estas estructuras, todavía pueden identificarse amplios segmentos de los antiguos anillos que rodeaban la cuenca original.

Los estudios topográficos realizados por el altímetro láser MOLA a bordo de Mars Global Surveyor muestran que el borde de Hellas se eleva varios kilómetros por encima de las llanuras interiores. En algunos sectores, especialmente en la parte occidental y meridional, los restos de estos anillos forman cadenas montañosas discontinuas que delimitan claramente la transición entre las antiguas tierras altas del hemisferio sur y la profunda depresión interior de la cuenca.

La forma de Hellas también ha generado un intenso debate científico. Algunos investigadores han propuesto que la distribución asimétrica de los relieves que rodean la cuenca podría indicar que el impacto se produjo con un ángulo oblicuo respecto a la superficie marciana. En este escenario, la energía no se habría distribuido de forma completamente uniforme, generando diferencias en la morfología de los anillos y en el espesor de los materiales expulsados durante la colisión. Aunque esta hipótesis continúa siendo objeto de estudio, ilustra la enorme complejidad geológica asociada a la formación de una estructura de estas dimensiones.

La excavación de la cuenca expuso materiales procedentes de las capas profundas de la corteza marciana y generó un entorno geológico que posteriormente sería modificado por volcanismo, sedimentación, procesos fluviales, glaciaciones y erosión eólica. Como resultado, Hellas Planitia conserva un registro excepcional de la evolución temprana de Marte. Las huellas del impacto original permanecen visibles, pero sobre ellas se han superpuesto miles de millones de años de historia geológica que han convertido la cuenca en una de las regiones más complejas y estudiadas del planeta.

El punto más bajo de Marte

La enorme depresión excavada por el impacto que originó Hellas Planitia convirtió a esta región en el punto más bajo de la superficie marciana. Mientras gran parte de las antiguas tierras altas del hemisferio sur se sitúan varios kilómetros por encima del datum marciano, el fondo de la cuenca desciende hasta aproximadamente 7.152 metros por debajo de ese nivel de referencia. Esta diferencia de altitud, comparable a la altura de algunas de las mayores cordilleras terrestres, hace de Hellas una de las anomalías topográficas más destacadas del planeta.

La profundidad de la cuenca influye directamente sobre la atmósfera marciana. Debido al peso de la columna de aire situada sobre ella, la presión atmosférica en el interior de Hellas es considerablemente mayor que en la mayoría de las regiones de Marte. Aunque sigue siendo muy inferior a la presión existente en la superficie terrestre, alcanza algunos de los valores más elevados registrados en el planeta. Esta característica ha convertido a Hellas en una región de especial interés para los estudios atmosféricos y climáticos.

La topografía de la cuenca también condiciona la circulación de los vientos. Las masas de aire frío procedentes de las tierras altas circundantes descienden hacia el interior siguiendo las laderas de los anillos montañosos, generando intensos vientos catabáticos. Estos movimientos de aire favorecen el transporte de polvo y arena, modifican la distribución de las nubes y contribuyen a la aparición de fenómenos meteorológicos que rara vez se observan con tanta intensidad en otras regiones marcianas.

Las observaciones realizadas por las sondas orbitales han mostrado que Hellas actúa como una especie de trampa atmosférica. Durante determinadas estaciones, especialmente en invierno, el aire frío y relativamente más denso tiende a acumularse en el interior de la depresión. Como consecuencia, se forman extensos bancos de nubes de hielo de agua y dióxido de carbono que pueden cubrir amplias zonas de la cuenca. Desde órbita, estas formaciones aparecen como grandes áreas blanquecinas que contrastan con los tonos rojizos característicos de la superficie marciana.

Las variaciones estacionales de temperatura también favorecen la formación de escarcha y depósitos superficiales de hielo. En algunos sectores de Hellas se han identificado acumulaciones temporales de dióxido de carbono congelado y hielo de agua que aparecen y desaparecen siguiendo los ciclos climáticos anuales de Marte. Estos procesos han permitido a los científicos estudiar la interacción entre la atmósfera y la superficie en condiciones que no existen en ninguna otra región importante del planeta.

Valles, sedimentos y la evolución de la cuenca

Aunque el impacto que originó Hellas Planitia fue el acontecimiento geológico que dio forma a la región, gran parte de los paisajes visibles en la actualidad son el resultado de procesos que actuaron durante miles de millones de años después de la formación de la cuenca. La enorme depresión creada por el impacto se convirtió en un punto de acumulación natural para materiales procedentes de las tierras altas circundantes. Sedimentos transportados por el agua, el viento, el hielo y los movimientos gravitacionales fueron rellenando progresivamente el interior de la cuenca, modificando su aspecto original.

Varios de los sistemas de valles más importantes del hemisferio sur marciano desembocan en Hellas. Entre ellos destacan Dao Vallis, Reull Vallis, Harmakhis Vallis y Sungari Vallis, enormes canales que descienden desde las regiones elevadas que rodean la cuenca. Algunos de estos valles presentan características compatibles con grandes episodios de inundación, mientras que otros muestran evidencias de una evolución prolongada en la que intervinieron tanto el agua líquida como el hielo. Su orientación hacia el interior de Hellas refleja el papel de la cuenca como receptor final de materiales procedentes de amplias áreas del sur de Marte.

Los estudios topográficos y geomorfológicos indican que enormes cantidades de sedimentos fueron transportadas hacia el interior de la depresión. A lo largo del tiempo, estos materiales formaron extensas llanuras relativamente suaves que cubrieron parte de las estructuras originales del impacto. En muchas zonas resulta difícil distinguir los relieves primitivos de la cuenca porque han quedado enterrados bajo capas de sedimentos acumuladas durante diferentes etapas de la historia marciana.

Diversas investigaciones han planteado que Hellas pudo albergar cuerpos de agua temporales durante los primeros períodos de la historia del planeta. Aunque no existe evidencia concluyente de la existencia de un océano permanente en el interior de la cuenca, numerosos depósitos sedimentarios y determinadas formas del relieve sugieren que el agua líquida pudo acumularse localmente en algunas fases de la evolución de Marte. La combinación de una topografía favorable y una presión atmosférica relativamente elevada habría convertido a Hellas en uno de los lugares más propicios para la persistencia temporal de agua superficial.

La mineralogía de la región también aporta información sobre su pasado. Observaciones realizadas por espectrómetros a bordo de Mars Express y Mars Reconnaissance Orbiter han identificado minerales hidratados en distintos sectores de la cuenca y de sus alrededores. Estos minerales se forman mediante la interacción prolongada entre rocas y agua, por lo que constituyen importantes indicadores de antiguos ambientes acuosos. Su distribución sugiere que el agua desempeñó un papel relevante en la modificación de la superficie durante los primeros miles de millones de años de historia marciana.

Otro elemento característico de Hellas es la presencia de colinas, depósitos irregulares y terrenos caóticos distribuidos por diversas zonas de la cuenca. Algunas de estas formaciones podrían estar relacionadas con antiguos procesos de sedimentación, mientras que otras parecen asociadas a la erosión posterior de materiales ricos en hielo o a la movilización de sedimentos por acción del agua y del viento. Entre ellas destacan regiones como Alpheus Colles y diversas áreas de terrenos complejos que continúan siendo objeto de investigación.

La evolución posterior de Hellas estuvo marcada por una combinación de procesos fluviales, glaciares, eólicos y periglaciares que actuaron sobre una estructura de impacto ya antigua. Gracias a esta superposición de fenómenos geológicos, la cuenca conserva hoy un registro excepcional de distintas etapas de la historia ambiental de Marte, desde los períodos más cálidos y húmedos del Noeico hasta las condiciones frías y secas que dominan el planeta en la actualidad.

Hielo, glaciares y clima en Hellas Planitia

Aunque Hellas Planitia se encuentra lejos de los polos marcianos, la enorme profundidad de la cuenca crea condiciones ambientales diferentes a las de gran parte del planeta. El fondo de la depresión registra las presiones atmosféricas más elevadas de Marte, lo que influye en la circulación atmosférica, en el comportamiento del hielo y en la estabilidad de determinados procesos superficiales. Debido a ello, Hellas constituye uno de los principales laboratorios naturales para estudiar la interacción entre atmósfera, hielo y superficie a lo largo de la historia climática marciana.

Numerosas observaciones realizadas por Mars Express, Mars Reconnaissance Orbiter y otras misiones han identificado formas del relieve que sugieren la presencia pasada y presente de grandes cantidades de hielo. Entre ellas destacan depósitos lobulados, estructuras de flujo, superficies suavizadas y terrenos poligonales, rasgos que en la Tierra suelen estar asociados a regiones periglaciares y a la presencia de hielo en el subsuelo.

Diversos sectores de la cuenca contienen depósitos que presentan morfologías compatibles con glaciares cubiertos por regolito y polvo. Estos cuerpos habrían acumulado hielo durante periodos climáticos anteriores, cuando las variaciones en la inclinación del eje de Marte favorecieron el transporte de agua desde las regiones polares hacia latitudes medias y altas. Con el paso del tiempo, una capa superficial de sedimentos habría protegido parte de ese hielo frente a la sublimación, permitiendo su conservación durante millones de años.

Las observaciones de radar realizadas por los instrumentos SHARAD y MARSIS han aportado indicios adicionales de la existencia de materiales ricos en hielo bajo la superficie. Algunos depósitos localizados en cráteres del interior de Hellas muestran propiedades compatibles con masas de hielo enterradas que podrían alcanzar varios cientos de metros de espesor. Aunque la cantidad exacta de agua almacenada sigue siendo objeto de investigación, estos resultados indican que la cuenca pudo actuar como una importante reserva climática durante distintas etapas de la evolución de Marte.

La profundidad extrema de Hellas también favorece la formación de nieblas, escarchas y nubes estacionales. Durante el invierno austral pueden desarrollarse depósitos temporales de dióxido de carbono congelado y escarcha de agua, mientras que en otras épocas del año son frecuentes las nubes orográficas y las tormentas de polvo confinadas dentro de la cuenca. Estas condiciones convierten a Hellas en una de las regiones meteorológicamente más activas del planeta.

El estudio de estos procesos resulta especialmente importante porque proporciona información sobre la evolución climática marciana durante los últimos cientos de millones de años. Los depósitos glaciares, las capas sedimentarias y los posibles reservorios de hielo enterrado conservan un registro de los cambios ambientales que han afectado a Marte desde el final de su periodo más húmedo hasta las condiciones frías y áridas actuales.

Atmósfera y fenómenos meteorológicos en Hellas Planitia

La extraordinaria profundidad de Hellas Planitia convierte a esta cuenca en uno de los entornos atmosféricos más singulares de Marte. Mientras que la presión superficial media marciana ronda los 600 Pa, en las zonas más profundas de Hellas puede superar los 1.100 Pa durante determinadas estaciones. Aunque sigue siendo una atmósfera extremadamente tenue en comparación con la terrestre, estas condiciones modifican de forma significativa la circulación del aire, la formación de nubes y el comportamiento del polvo y las escarchas.

La topografía de la cuenca actúa como una gigantesca trampa atmosférica. El aire frío y más denso tiende a descender hacia el fondo de la depresión, generando complejos sistemas de circulación local que interactúan con los vientos regionales del hemisferio sur. Como resultado, Hellas experimenta patrones meteorológicos diferentes a los de las mesetas circundantes, incluyendo frecuentes inversiones térmicas, acumulación de nieblas y fenómenos de condensación estacional.

Las observaciones realizadas por Mars Express, Mars Global Surveyor y Mars Reconnaissance Orbiter han documentado repetidamente la aparición de extensas nubes de polvo confinadas dentro de la cuenca. Algunas de estas tormentas permanecen limitadas a Hellas durante semanas, mientras que otras llegan a expandirse hacia regiones vecinas. La combinación entre pendientes pronunciadas, diferencias térmicas y abundante material fino favorece la movilización continua de polvo por parte del viento.

Durante el otoño y el invierno australes son frecuentes las nubes de hielo de agua y los depósitos temporales de escarcha. Las bajas temperaturas permiten la condensación de vapor de agua atmosférico sobre la superficie, especialmente en las zonas más deprimidas. También se han observado depósitos estacionales de dióxido de carbono congelado que desaparecen nuevamente con la llegada de temperaturas más elevadas.

La influencia de Hellas sobre la atmósfera marciana va más allá de los límites de la propia cuenca. Diversos modelos climáticos muestran que su enorme relieve modifica la circulación regional del hemisferio sur, afectando a la propagación de tormentas de polvo y al transporte de vapor de agua. Debido a ello, Hellas es una región de especial interés para comprender la dinámica atmosférica global de Marte.

Las condiciones atmosféricas relativamente más densas del interior de la cuenca también han llevado a considerar Hellas como uno de los lugares donde determinados procesos relacionados con el agua líquida habrían sido más favorables durante episodios climáticos pasados. Aunque las condiciones actuales siguen siendo demasiado frías y secas para mantener agua estable en superficie durante largos periodos, la cuenca proporciona información valiosa sobre los límites físicos que controlan la estabilidad del agua en Marte.

Exploración de Hellas Planitia

Gran parte del conocimiento actual sobre Hellas Planitia procede de observaciones orbitales realizadas desde finales del siglo XX. Los mapas topográficos obtenidos por el altímetro láser MOLA de Mars Global Surveyor permitieron determinar con precisión la profundidad, extensión y estructura de la cuenca, mientras que las imágenes de alta resolución adquiridas por Mars Express y Mars Reconnaissance Orbiter revelaron detalles de sus depósitos sedimentarios, sistemas de drenaje, formas glaciares y procesos atmosféricos.

Las observaciones mediante radar realizadas por los instrumentos MARSIS y SHARAD han aportado información sobre el subsuelo de la región, identificando materiales compatibles con depósitos ricos en hielo ocultos bajo capas de polvo y sedimentos. Estos datos han contribuido al estudio de la evolución climática de Marte y a la investigación de la distribución actual del agua helada en el planeta.

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