La montaña más alta del Sistema Solar es el Monte Olimpo, situado en Marte, con una altura cercana a los 22 kilómetros, casi tres veces el Everest. Su tamaño excepcional es posible gracias a la baja gravedad marciana y a la ausencia de tectónica de placas. Sin embargo, no es el único relieve extremo del Sistema Solar: otros cuerpos como Ío o el asteroide Vesta albergan montañas y estructuras gigantescas formadas por procesos muy distintos.
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