Desde su descubrimiento en 2005, Eris ha sido un objeto de fascinación y controversia en la astronomía planetaria. Situado en las regiones más alejadas del Sistema Solar, este planeta enano desafió las nociones establecidas sobre la definición de planeta y fue un actor clave en la reestructuración de la clasificación planetaria en 2006. Su estructura, composición y dinámica orbital ofrecen pistas fundamentales sobre la formación del Sistema Solar y sobre la evolución de los cuerpos helados del Cinturón de Kuiper.
Eris se encuentra en una órbita excéntrica alrededor del Sol, con una distancia que varía entre aproximadamente 37,9 y 97,7 unidades astronómicas (UA). Su período orbital es de alrededor de 557 años terrestres, lo que lo coloca entre los objetos transneptunianos de largo período. Dicha órbita, con una inclinación de 44 grados respecto al plano de la eclíptica, sugiere que Eris pudo haber sido dispersado gravitacionalmente por Neptuno en los primeros estadios del Sistema Solar.
A lo largo de su período orbital, Eris experimenta variaciones extremas de temperatura debido a su distancia cambiante respecto al Sol. En su afelio, la radiación solar es prácticamente despreciable, sumiendo su superficie en un frío extremo con temperaturas que pueden descender hasta los 30 Kelvin. En contraste, en su perihelio, es posible que algunos compuestos volátiles se sublimen temporalmente, aunque el análisis espectroscópico sugiere que la mayoría de su superficie permanece estable.
El análisis espectral de Eris revela una superficie dominada por metano congelado con indicios de nitrógeno y monóxido de carbono. Estas composiciones recuerdan a Plutón, aunque Eris parece tener una superficie más reflectante, con un albedo cercano al 0,96, lo que lo convierte en uno de los objetos más reflectantes del Sistema Solar. La intensa reflectividad indica una capa superficial joven, probablemente renovada por procesos de condensación y sublimación cíclica de compuestos volátiles.
Los modelos de estructura interna sugieren que Eris podría tener un núcleo rocoso rodeado por un manto de hielos de agua y metano. La ausencia de una atmósfera significativa, al menos en la parte de su órbita más alejada del Sol, indica que el escape atmosférico ha sido un factor clave en su evolución. En este sentido, Eris se diferencia de Plutón, que presenta una atmósfera tenue de nitrógeno cuando se acerca a su perihelio.

La densidad de Eris, estimada en aproximadamente 2,5 g/cm³, sugiere una composición de hielo y roca en proporciones similares a las de Plutón y Tritón. Sin embargo, las diferencias en su evolución orbital han resultado en una historia geológica distinta. Mientras que Plutón presenta una superficie con signos de actividad tectónica y glaciares de nitrógeno en movimiento, Eris parece ser un mundo más estable con una corteza inerte.
Uno de los aspectos más notables de Eris es su tamaño relativo. Con un diámetro de aproximadamente 2.326 km, es apenas un poco más pequeño que Plutón. Cuando fue descubierto, se pensó que podía ser incluso mayor, lo que generó un debate sobre la definición de planeta que culminó con la reclasificación de Plutón y la creación de la categoría de planetas enanos en 2006 por la Unión Astronómica Internacional (UAI).
Eris posee una luna conocida, Disnomia, cuyo estudio ha sido crucial para determinar la masa del planeta enano. La interacción gravitacional entre Eris y Disnomia ha permitido calcular con precisión la masa de Eris, confirmando que es aproximadamente un 27% más masivo que Plutón, a pesar de ser ligeramente más pequeño. La composición y origen de Disnomia aún son objeto de estudio, pero una hipótesis predominante es que se formó a partir de un impacto gigante, similar al mecanismo que originó la Luna terrestre.
El estudio de Eris no solo ha ampliado nuestra comprensión de los objetos transneptunianos, sino que también ha tenido implicaciones profundas en la definición de lo que significa ser un planeta. Su descubrimiento y caracterización han reforzado la idea de que el Cinturón de Kuiper es un entorno rico y diverso, con cuerpos que presentan una variedad de historias evolutivas.



