Baltis Vallis es el canal más largo conocido de Venus y, por extensión, de todo el Sistema Solar. Su trazado se extiende a lo largo de unos 7.431 kilómetros, una distancia superior a la del río Nilo, a través de las llanuras del hemisferio norte del planeta. Fue identificado por primera vez en 1983 en los mapas de radar obtenidos por las sondas soviéticas Venera 15 y Venera 16, y cartografiado con detalle en la década de 1990 gracias a la misión Magallanes de la NASA. Su morfología, de anchura casi constante y un recorrido sinuoso pero continuo, lo clasifica como un canal de tipo “canali”, una forma de relieve exclusiva de Venus caracterizada por su longitud excepcional, su lecho único y su semejanza superficial con los cauces fluviales terrestres.

El canal se encuentra al norte de Rusalka Planitia, en una región dominada por extensas llanuras volcánicas deformadas por sistemas de crestas y arrugas conocidas como “wrinkle ridges”. El extremo probable de origen se localiza cerca de 44,5° de latitud norte y 185° de longitud este, en las inmediaciones de una estructura volcánica circular de unos 150 kilómetros de diámetro. Hacia el sur, Baltis Vallis serpentea a través de los llanos durante miles de kilómetros hasta terminar cerca de 11,5° N y 167° E, donde el canal parece interrumpirse bajo materiales más recientes procedentes de Rusalka Planitia. A lo largo de su recorrido atraviesa zonas suavemente onduladas, evita las regiones montañosas y cruza sucesivos campos de lava endurecida, lo que indica que su formación estuvo estrechamente vinculada a la evolución volcánica de las planicies de la superficie de Venus.
Las imágenes de radar de Magallanes revelaron que el canal mantiene una anchura media de 2,2 kilómetros y una profundidad de unos 40 a 50 metros. Estas proporciones, inusuales por su uniformidad, sugieren que el flujo que lo excavó mantuvo unas propiedades muy estables durante toda su extensión. Los investigadores han debatido durante décadas si los “canali” son estructuras de origen erosivo, formadas por la acción de un fluido que disuelve o arrastra materiales, o bien de origen constructivo, levantadas por la acumulación de lava solidificada a ambos lados de un conducto. Los perfiles transversales reconstruidos mediante las imágenes SAR de Magallanes muestran que el fondo del canal se encuentra en la mayoría de los casos por debajo de las llanuras adyacentes, lo que apunta a un origen principalmente erosivo. El relieve interno muestra ondulaciones en la profundidad y la presencia de diques o crestas menores en el interior, rasgos que podrían haberse generado por variaciones en la intensidad o composición del flujo.
La hipótesis más aceptada indica que Baltis Vallis fue excavado por un flujo de lava extremadamente fluida, posiblemente de composición carbonatita o sulfato fundido. Este tipo de material, a temperaturas de entre 800 y 1.000 °C, tendría una viscosidad mucho menor que la de las lavas basálticas comunes, permitiendo recorrer distancias de miles de kilómetros sin solidificarse por completo. En la Tierra, las lavas carbonatíticas son raras, pero se han observado en volcanes como el Ol Doinyo Lengai, en Tanzania. Si un fluido de este tipo existió en Venus, podría haber circulado por la superficie en estado casi líquido, excavando el terreno mediante erosión mecánica y térmica. Las simulaciones indican que una corriente de baja viscosidad, con un caudal estable, habría podido mantener un canal de anchura constante, sin formar diques laterales prominentes, tal como se observa en las imágenes radar.

El origen del canal parece vinculado a una única fase eruptiva de gran magnitud, probablemente asociada al episodio de formación de las llanuras con arrugas oscuras, una de las grandes expansiones volcánicas de la historia reciente del planeta. Los estudios realizados a partir de las imágenes de Magallanes muestran que Baltis Vallis atraviesa únicamente estas llanuras más antiguas y queda parcialmente cubierto por flujos más brillantes y jóvenes. Las arrugas tectónicas que deforman la zona son posteriores, lo que sitúa la formación del canal en una etapa intermedia del registro volcánico visible en las planicies del norte de Venus.
La topografía actual de la región muestra un relieve sorprendentemente irregular si se tiene en cuenta que el canal debió formarse sobre una pendiente descendente uniforme. El análisis altimétrico revela que en algunos tramos el fondo de Baltis Vallis asciende en lugar de descender, con diferencias de hasta dos kilómetros entre los puntos más bajos y los más altos. Esto se interpreta como consecuencia de la deformación tectónica posterior al flujo, que generó ondulaciones amplias de varios cientos a miles de kilómetros de longitud. Estas estructuras corresponden a cuencas y cordones compresivos producidos por el lento acortamiento de la litosfera venusiana, un proceso que ha modificado el relieve sin destruir la morfología original del canal.
A escala regional, las llanuras atravesadas por Baltis Vallis están surcadas por tres tipos de estructuras principales: cinturones de crestas o “ridge belts”, de centenares de kilómetros de longitud; arcos suaves de las planicies, con amplitudes de unos 700 metros y espaciamiento del orden de 100 kilómetros; y arrugas finas o “wrinkle ridges”, más cortas y abundantes. Los estudios de Stewart y Head han demostrado que estas tres familias de relieves mantienen una orientación coherente y se encadenan unas con otras, lo que sugiere una continuidad temporal de los esfuerzos tectónicos que actuaron antes, durante y después de la formación del canal. En las imágenes de radar se observan también tramos donde Baltis Vallis se bifurca durante decenas o incluso cientos de kilómetros, fenómeno interpretado como resultado del ascenso local del terreno a medida que la lava aún fluía. En ciertos sectores, los flujos posteriores parecen haber aprovechado el cauce ya excavado, lo que complica la interpretación del proceso exacto.

Las observaciones estratigráficas confirman que Baltis Vallis precede a la mayoría de las deformaciones visibles en la zona, aunque parte de su trazado pudo haber condicionado la dirección de algunas de ellas. En varios puntos, los cinturones de arrugas y fracturas se alinean con el canal, lo que indica que el relieve subsuperficial pudo influir en la distribución de tensiones. La continuidad de la deformación a lo largo del tiempo sugiere que las fuerzas compresivas que dieron lugar a los cinturones y a las arrugas persistieron durante un periodo prolongado, posiblemente asociado al enfriamiento progresivo del planeta y al hundimiento de las llanuras volcánicas.
El aspecto de Baltis Vallis recuerda superficialmente a los cauces secos de grandes ríos, pero las condiciones en la superficie de Venus impiden la existencia de agua líquida. Con temperaturas cercanas a 460 °C y presiones que superan los 90 bar, cualquier compuesto volátil se evaporaría de inmediato. Por tanto, el fluido que modeló el canal solo pudo ser una forma de lava extremadamente fluida. El hecho de que conserve meandros y ramificaciones similares a los fluviales indica que, aunque el material era fundido, su comportamiento dinámico se aproximó al de un líquido de baja densidad y alta movilidad. La homogeneidad de su trazado sugiere que el flujo fue duradero, posiblemente mantenido por una fuente eruptiva estable durante semanas o meses, lo bastante larga como para extenderse miles de kilómetros antes de enfriarse por completo.
Desde un punto de vista geomorfológico, Baltis Vallis constituye un registro excepcional de la interacción entre vulcanismo y tectónica en Venus. Su longitud y su conservación permiten reconstruir la secuencia de eventos que modelaron las llanuras del norte del planeta. El canal actúa como marcador temporal: al haberse formado en un intervalo corto, cualquier deformación posterior puede datarse en relación con él. Las mediciones muestran que las estructuras tectónicas actuales interrumpen el cauce en varios puntos, elevándolo sobre el relieve circundante. Este efecto indica que, tras la solidificación de las lavas, el terreno experimentó compresiones sucesivas que levantaron crestas y hundieron cuencas, modificando el gradiente original del canal.

Las futura misión orbital a Venus, EnVision, podría arrojar nueva luz sobre este enigmático sistema. Su radar de apertura sintética de alta resolución permitirá medir pendientes y perfiles con precisión de metros, lo que podría confirmar si el canal fue excavado por erosión térmica, mecánica o una combinación de ambas. También podría identificar los restos del cono o caldera volcánica que actuó como fuente del flujo. Si se confirma su composición, Baltis Vallis ofrecería una evidencia directa de procesos volcánicos poco comunes, en los que la lava fundida se comporta de manera casi líquida a gran escala.
Si un observador pudiera situarse en la región norte de Rusalka Planitia, la visión del canal sería difícil de percibir a simple vista. Desde el nivel del suelo, Baltis Vallis se mostraría como una depresión poco profunda, con flancos suavemente inclinados que se pierden en la bruma espesa de la atmósfera. El horizonte estaría teñido de tonos anaranjados por la luz filtrada del Sol, y la superficie del canal aparecería cubierta por un material más oscuro, posiblemente restos de lava solidificada o polvo fino. Desde una altitud elevada, en cambio, se distinguiría el trazo sinuoso de un antiguo río de fuego que atravesó un mundo abrasador, dejando una cicatriz de miles de kilómetros que aún conserva la memoria del vulcanismo más extenso conocido fuera de la Tierra.

Referencias y más información:
- Conrad, J. W. y Nimmo, F. (2023). Constraining Characteristic Morphological Wavelengths for Venus Using Baltis Vallis. Geophysical Research Letters, 50(10), e2022GL101268.
- Stewart, E. M. y Head, J. W. (2000). Evidence for Temporal Continuity of Deformation in the Baltis Vallis Region of Venus from Observations of Canali Topography. Lunar and Planetary Science XXXI, Abstract 1692
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