Ryugu es un asteroide cercano a la Tierra (NEA, Near Earth Asteroid) perteneciente a la familia de los objetos tipo Apollo. Fue descubierto en 1999 por el proyecto LINEAR y designado inicialmente como 1999 JU3, hasta recibir en 2015 el nombre oficial “Ryugu”, tomado del palacio submarino de la mitología japonesa donde, según la leyenda, se custodian tesoros. Este nombre resultó muy apropiado, pues el asteroide fue escogido como destino de la misión Hayabusa2 de la agencia espacial japonesa JAXA con el propósito de extraer y traer a la Tierra muestras de sus materiales primitivos, auténticos “tesoros” cósmicos.

El interés científico de Ryugu se debe a su clasificación espectral como asteroide de tipo C (carbonáceo). Los asteroides de esta categoría se consideran restos relativamente inalterados de los bloques de construcción que dieron origen al Sistema Solar hace unos 4.500 millones de años. Se cree que contienen compuestos orgánicos complejos y agua en forma de minerales hidratados, lo que los convierte en cápsulas del tiempo capaces de revelar información clave sobre la química prebiótica y el papel de los asteroides en el aporte de agua y moléculas esenciales a la Tierra primitiva.

Con unas dimensiones aproximadas de 870 metros de diámetro, Ryugu presenta una morfología singular en forma de diamante o trompo, con un ecuador abultado y polos más achatados. Esta forma característica está relacionada con su rápida rotación y con su estructura interna, que no es la de un objeto monolítico, sino un “rubble pile” o “montón de escombros”: una aglomeración de fragmentos rocosos y polvo mantenidos unidos por la gravedad. Esta baja cohesión interna lo convierte en un objeto frágil, vulnerable a las perturbaciones gravitatorias y a futuros impactos.

La superficie de Ryugu destaca por su color oscuro y su bajo albedo geométrico, de apenas un 4,5%, lo que significa que refleja muy poca luz solar. A simple vista, sería más oscuro que el carbón. Este dato es consistente con la presencia de materiales ricos en carbono y confirma su afinidad con las condritas carbonáceas, un tipo de meteorito muy valorado en la investigación planetaria.

En términos de densidad, Ryugu presenta un valor medio de 1,2 g/cm³, bastante inferior al de las rocas típicas de la Tierra, lo que refuerza la idea de que se trata de un cuerpo poroso con numerosos huecos internos. Esta característica tiene importantes implicaciones para su dinámica, su estabilidad orbital y su respuesta a futuros intentos de desviación de asteroides potencialmente peligrosos.

Órbita y localización de Ryugu en el Sistema Solar

Ryugu pertenece a los asteroides Apollo, un grupo caracterizado por órbitas que cruzan la de la Tierra, lo que les convierte en objetos potencialmente peligrosos (PHA, Potentially Hazardous Asteroids) dependiendo de sus dimensiones y parámetros orbitales. Afortunadamente, en el caso de Ryugu, las estimaciones actuales descartan cualquier riesgo de impacto en escalas de tiempo relevantes, aunque su proximidad lo convierte en un objeto prioritario para el seguimiento y estudio.

Su órbita alrededor del Sol tiene un periodo de 1,3 años terrestres, con un perihelio a 0,96 UA (casi a la distancia de la Tierra) y un afelio de 1,42 UA, lo que lo lleva más allá de la órbita de Marte. La inclinación orbital es de apenas 5,9°, lo que significa que su trayectoria se encuentra relativamente próxima al plano de la eclíptica, facilitando las maniobras de inserción y aproximación para sondas espaciales como Hayabusa2.

La relativa cercanía de su órbita a la terrestre fue uno de los factores decisivos para su selección como objetivo de misión. En comparación con otros asteroides candidatos, Ryugu ofrecía un equilibrio entre accesibilidad técnica y relevancia científica, al tratarse de un asteroide de tipo C suficientemente grande como para retener información sobre los primeros compuestos volátiles del Sistema Solar.

La dinámica orbital de Ryugu también está influenciada por el efecto Yarkovsky, un fenómeno en el que la radiación térmica emitida por el asteroide después de absorber la luz solar provoca pequeñas pero continuas modificaciones en su órbita a lo largo de millones de años. Este efecto es especialmente relevante en cuerpos pequeños y oscuros como Ryugu y contribuye a su migración desde el cinturón principal de asteroides hasta convertirse en un objeto cercano a la Tierra.

El estudio de su órbita no solo permite evaluar riesgos de impacto futuros, sino que también aporta información sobre los procesos de transporte dinámico que poblaron el vecindario cercano a la Tierra con asteroides primitivos. De hecho, se considera probable que Ryugu se originara en el cinturón principal y que haya sido desplazado hasta su órbita actual relativamente reciente, en términos geológicos, hace pocos millones de años.

Superficie y morfología de Ryugu

El aspecto más llamativo de Ryugu es su forma de trompo o diamante, con un diámetro ecuatorial mayor que el polar. Esta morfología es característica de varios asteroides pequeños y se interpreta como el resultado de una rápida rotación combinada con la cohesión débil de su estructura interna. Ryugu completa una rotación sobre su eje en unas 7,6 horas, lo que, aunque no alcanza el límite de rotura, sí ha provocado una redistribución del material hacia el ecuador.

La superficie de Ryugu se distingue por una notable ausencia de regolito fino en comparación con la Luna o con otros asteroides como Itokawa. En su lugar, se observan multitud de rocas y bloques de diferentes tamaños, algunos que alcanzan decenas de metros de diámetro. Este entorno rocoso representó un desafío considerable para la misión Hayabusa2, que tuvo que ajustar sus maniobras de aterrizaje para evitar áreas peligrosas.

Entre las formaciones geológicas más destacadas de Ryugu se encuentran varios cráteres de impacto de distintos tamaños. Uno de los más grandes es el cráter Urashima, con más de 200 m de diámetro, acompañado por otros como Otohime y Tokoyo, que han recibido nombres inspirados en la mitología japonesa. Estos cráteres reflejan la intensa historia de impactos sufrida por el asteroide, aunque su superficie fragmentada y dinámica dificulta precisar edades exactas.

El ecuador de Ryugu está marcado por una cadena de grandes rocas y crestas que refuerzan su silueta en forma de diamante. Esta región ecuatorial elevada puede haberse formado por procesos de redistribución gravitatoria inducidos por la rotación, aunque no se descarta que impactos significativos también hayan contribuido a su modelado.

Las imágenes de alta resolución obtenidas por Hayabusa2 también revelaron variaciones cromáticas sutiles en la superficie. Algunas áreas muestran tonos ligeramente más rojizos, mientras que otras aparecen más azuladas. Estas diferencias podrían estar relacionadas con la exposición diferencial al viento solar y a la radiación cósmica, lo que sugiere procesos de meteorización espacial que modifican lentamente la composición y el color del regolito superficial.

Composición y estructura interna de Ryugu

Los análisis espectrales realizados desde Tierra antes de la llegada de Hayabusa2 ya sugerían que Ryugu era un asteroide carbonáceo con similitudes a las condritas carbonáceas de tipo CI y CM, conocidas por su riqueza en agua ligada a minerales y en compuestos orgánicos complejos. Estas predicciones se confirmaron con los estudios realizados por la sonda, que identificaron señales de minerales hidratados en la superficie.

Ryugu, como muchos asteroides pequeños, no es un cuerpo sólido monolítico, sino un “rubble pile” o pila de escombros. Su densidad media, de apenas 1,2 g/cm³, implica una alta porosidad interna, estimada en más del 40%. Esto significa que gran parte de su interior está formado por huecos y espacios vacíos entre los bloques que lo componen. Este tipo de estructura es resultado de la acumulación gravitatoria de fragmentos tras antiguos procesos de colisión y fragmentación en el cinturón principal.

Análisis preliminar de las muestras de Hayabusa2 provenientes del asteroide de tipo C Ryugu. Créditos: Nat Astron

La fragilidad inherente de esta estructura tiene varias implicaciones. En primer lugar, sugiere que Ryugu no podría resistir rotaciones mucho más rápidas sin desintegrarse. En segundo lugar, explica su baja densidad y su limitada cohesión gravitatoria, que condiciona la dinámica de su superficie y la formación de cráteres. Por último, pone de relieve que, si un asteroide de este tipo se aproximara peligrosamente a la Tierra, las técnicas de desviación deberían considerar su naturaleza fragmentada, pues un impacto o explosión podrían dispersar los fragmentos sin eliminar del todo el riesgo.

Uno de los hallazgos más relevantes de la exploración de Ryugu fue la detección de agua en minerales hidratados y de compuestos orgánicos primitivos. Estos materiales apoyan la hipótesis de que asteroides como Ryugu pudieron desempeñar un papel fundamental en el aporte de agua y precursores orgánicos a la Tierra primitiva, contribuyendo a la aparición de condiciones habitables.

Comparado con otros asteroides explorados en profundidad, como Bennu por la misión OSIRIS-REx, Ryugu ofrece un punto de referencia para entender la diversidad de los asteroides carbonáceos. Ambos comparten propiedades como su baja densidad y su estructura porosa, pero difieren en detalles de su morfología y composición, lo que pone de relieve la complejidad del origen y la evolución de estos cuerpos menores.

Exploración del asteroide Ryugu

La exploración de Ryugu estuvo a cargo de una sola misión: la sonda Hayabusa2 de la agencia espacial japonesa JAXA, lanzada en diciembre de 2014 y llegada al asteroide en junio de 2018. La nave permaneció más de un año y medio en sus proximidades, realizando múltiples maniobras de aproximación y operaciones sobre la superficie antes de emprender su regreso a la Tierra en noviembre de 2019.

Durante este tiempo, Hayabusa2 llevó a cabo un ambicioso programa científico que incluyó el mapeo global de la superficie, la caracterización mineralógica y topográfica, y el despliegue de pequeños módulos exploradores. Entre ellos, destacaron los rovers MINERVA-II y el módulo europeo MASCOT, que transmitieron imágenes y datos in situ desde el accidentado terreno del asteroide. La misión logró además ejecutar con éxito dos operaciones de recogida de muestras, la segunda tras crear un cráter artificial mediante el impacto de un proyectil cinético, lo que permitió obtener material del subsuelo de Ryugu.

La cápsula de retorno aterrizó en Australia en diciembre de 2020, trayendo consigo unos 5,4 gramos de regolito y fragmentos rocosos. Aunque la cantidad es modesta, supera con creces lo conseguido por su predecesora Hayabusa1 en Itokawa y constituye un hito científico de gran relevancia. Estas muestras confirmaron que Ryugu es un asteroide carbonáceo con materiales hidratados y compuestos orgánicos, auténticos restos primitivos del Sistema Solar.

El éxito de la misión Hayabusa2 no solo proporcionó información inédita sobre la composición y estructura de Ryugu, sino que también consolidó a JAXA como una de las agencias más innovadoras en exploración planetaria. El legado de la misión continúa en laboratorios de todo el mundo, donde se analizan las muestras devueltas con técnicas cada vez más sofisticadas, ofreciendo nuevas pistas sobre el origen del agua y los ingredientes de la vida en la Tierra.

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